OPINIÓN | Una DUI en diferido, en régimen de simulación
El esperado discurso de Carles Puigdemont ha logrado un sorprendente consenso: enfadar por igual a la CUP y al PP, aunque fuese por diferentes motivos. Unos creen que no ha llegado. Los otros, que se pasó.
Para una parte del mundo independentista, el presidente del Govern de la Generalitat es hoy un traidor: un líder que se ha acobardado en el día para la historia, en el momento en que todo el mundo les miraba. La decepción es evidente porque Carles Puigdemont prometió algo que no ha podido sostener. Si esto era un juego del gallina –dos coches a toda velocidad frente a frente hasta que llegase el choque o se apartase uno de los dos– ha sido el Govern y su president quienes han pegado el volantazo, quienes se han acobardado después de prometer a dos millones de votantes que llegarían hasta el final.