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CATALUNYA

David Fernández lidera el contraataque de las defensas a la versión policial del 1-O: "El muro humano era un acto de desobediencia civil"

Los testigos propuestos por los acusados reivindican el pacifismo de las jornadas clave del procés frente a los ataques que denunciaron los policías y guardias civiles

Diputados de ERC y cargos de Economía niegan un intento de asalto el 20-S: “El acto de más hostilidad fue tirar una botella de plástico vacía"

David Fernández.

David Fernández, en su declaración como testigo

Tras casi un mes de agentes de la Policía Nacional y la Guardia Civil relatando cómo sufrieron hostilidad y ataques el 20-S y el 1-O, el tribunal ha empezado a escuchar a los testigos de las defensas. Con menor o mayor contundencia, los 19 testigos han intentado contrarrestar el relato dibujado por los agentes (testimonios clave de la Fiscalía para sustentar la rebelión), definiendo el pacifismo como motor de las jornadas clave del procés. Además, han desvinculado a los acusados de algunos gastos incluidos en la acusación de malversación.

Al frente de ese contraataque se ha situado el exdiputado de la CUP David Fernández, que ha negado con rotundidad que el 1-O hubiera una "estrategia de planificación violenta" contra los policías. Por contra, ha ensalzado el 1-O, usando la misma expresión que Jordi Cuixart, como "el mayor ejercicio de desobediencia civil que ha habido en Europa", frase que también ha empleado el diputado de ERC Rubén Wagensberg.

El testimonio de Fernández lo habían pedido las defensas de Jordi Sànchez, Oriol Junqueras, Raül Romeva y Jordi Cuixart, pero ha sido el abogado del presidente de Òmnium Cultural Benet Salellas –también exdiputado de la CUP– quien ha liderado el interrogatorio. “Si la autodeterminación es el delito, yo me declaro culpable y reincidente porque seguiré desobedeciendo”, ha proclamado Fernández, que en todo momento ha defendido el pacifismo de los votantes: “La conciencia pacifista soportó, frustró e hizo fracasar la violencia policial contra las urnas”.

El pacifismo, ha continuado Fernández, estuvo ligado a la desobediencia civil (algo que solo Cuixart ha reivindicado entre los acusados, que han preferido no emplear este término). “El 1-O era absolutamente consciente de la prohibición del referéndum y la desobedecí a consciencia. 2,3 millones de persones desobedecimos”, ha afirmado el exdiputado.

"Organicé el muro humano"

El relato de Fernández ha permitido comprobar lo lejos que están las posiciones de acusaciones y defensas sobre un mismo hecho, en especial en lo que refiere a los cargos contra los líderes sociales del procés. Las llamadas a la protesta el 20-S y a concentrarse en los centros el 1-O son para los 'Jordis' meros ejercicios de los derechos de reunión y manifestación. Por contra, para la Fiscalía son llamamientos a un alzamiento violento contra los agentes el 1-O y para impedir los registros del 20-S, todo ello con el objetivo último de imponer la independencia de forma unilateral.

En este sentido, Fernández y la abogada del Estado Rosa María Seoane casi han llegado a debatir a cuenta de si los votantes emplearon "la fuerza" el 1-O mediante la resistencia en los colegios para impedir la actuación policial. "Violencias y fuerzas hay muchas, duras y simbólicas", ha replicado Fernández, que no ha tenido problemas para reivindicar la resistencia en los centros: "Yo formé parte del comité organizador, y cuando me informaron que venía la fuerza pública mis labores eran organizar el muro humano y llamar a la calma".

"El muro humano era un acto de desobediencia civil para evitar la acción de la Policía. El poder de reunión de la gente es lo que impide el secuestro de las urnas", ha dicho para responder a las preguntas de las acusaciones sobre quién organizaba esa resistencia en los centros y si estaba liderada por Òmnium y la ANC. Volvían así al salón de plenos las "murallas humanas" de las que habló la Fiscalía al inicio del juicio.

Tampoco ha dado la respuesta que buscaban las acusaciones el diputado de ERC Rubén Wagensberg, que ha destacado que fue “la ciudadanía organizada” –no los acusados– quien “consideró injusta” la suspensión del referéndum y “desobedeció” al Constitucional. “Fue una resistencia totalmente espontánea”, ha aseverado, llegando a afirmar que "la ciudadanía se encerró en los colegios contra la voluntad del propio Govern".

Sin entrar en más detalles, las discrepancias internas del soberanismo el 1-O han emergido con estas palabras de Wagensberg. Y es que en los días previos al referéndum había quienes, como Jordi Sànchez, se conformaban con un millón de votantes y colas de personas papeleta en mano frente a colegios cerrados con normalidad por la Policía, mientras que otros, como la CUP, entendían el 1-O como un referéndum con todas las consecuencias. A este respecto, Mayte Aymerich, la alcaldesa de Sant Vicenç dels Horts, que sucedió en el cargo a Oriol Junqueras, ha afirmado que el líder de ERC contempló el 1-O como el punto de partida "para iniciar el diálogo" y que rechazó en todo momento la violencia para alcanzar la independencia.

Un 20-S "con normalidad"

El resto de testigos de la jornada se han centrado en la protesta del 20-S y el Diplocat. Varios políticos de ERC presentes en la protesta y trabajadores de la conselleria que presenciaron 'in situ' el registro han negado cualquier intento de asalto al edificio así como que los agentes de la Guardia Civil les transmitieran preocupación alguna sobre este extremo.

“El acto de más hostilidad que vi fue tirar una botella de plástico vacía y la gente se lo reprochó, vi cero actos de agresión y cero amenazas” a la comitiva judicial, ha recordado el diputado de ERC Jordi Orobitg. El senador republicano Bernat Picornell ha añadido que la concentración “era cívica y festiva” porque “la gente cantaba y había ‘colles castelleres’”. Por su lado, la jefa de secretaría de Oriol Junqueras, que estuvo presente durante buena parte del registro en la conselleria, ha afirmado que el ambiente fue de “normalidad” y que “en ningún momento nos dijeron que hubiera un riesgo de asalto” al edificio.

Asimismo, cinco miembros del patronato del Diplocat –entre ellos el primer teniente de alcaldía de Barcelona, Gerardo Pisarello– han coincidido en que que no estaban “al corriente” del día a día del patronato, y por lo tanto han dicho desconocer si la fundación pagó al grupo de observadores internacionales del 1-O liderados por Helena Catt. “No me consta que Diplocat participara en la organización del referéndum”, ha cerrado Pisarello.

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