Un teléfono pionero de atención a pedófilos para prevenir abusos cierra por falta de financiación

El programa PrevenSI era similar a otros que hace años que funcionan en Reino Unido y Alemania.

Pau Rodríguez


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El teléfono se apagó el 15 de abril y desde entonces Núria Iturbe, psicóloga y directora técnica de PrevenSI, un programa catalán de prevención de abusos sexuales a menores, no lo ha vuelto a encender. A través de esa línea gratuita atendían llamadas anónimas de pedófilos –hombres que se sienten atraídos sexualmente por niños y niñas– en busca de ayuda y tratamiento. Pero por falta de financiación tuvieron que cerrar el servicio. Ahora, Iturbe se resiste a mirar el teléfono para no ver la cantidad de llamadas sin atender que se acumulan en el terminal. 

Desde que se lanzó en septiembre de 2019, hace ahora tres años, el proyecto PrevenSI impulsó en España una línea de trabajo de prevención de los abusos a menores que existe desde hace tiempo en otros países, como Reino Unido o Alemania. Es un modelo que se centra en atender a quienes sienten inclinaciones pedófilas para que sean capaces de eliminarlas o cuando menos controlarlas, para no pasar a la acción (lo cual constituye un delito, tanto si se trata de pederastia como de consumo de pornografía infantil). Para ello, abrieron una web con un teléfono, un chat y un correo electrónico a través del cual se podían trasladar dudas de forma anónima. Una psicóloga atendía al otro lado de la línea para detectar las necesidades del solicitante –a veces un pedófilo, a veces víctimas de abusos o testigos de ellos– y los derivaba a los servicios correspondientes. 

Hasta el pasado mes de abril, PrevenSI había atendido a 884 personas a través de sus distintos canales, de las que entre un 30 y un 40% buscaban ayuda para sí mismos por sentir atracción por los niños. “Se trata de personas que están sintiendo un malestar personal, que están lo suficientemente inquietas consigo mismas para dar el paso”, apunta Txell Campmajó, presidenta de PrevenSI. “Los hay que tienen muchas dudas y otros que lo tienen claro, que saben que pueden perder el control”, añade. 

Campmajó pone el ejemplo de un docente de unos 30 años que les contactó porque reconocía sentir una atracción hacia los niños, hasta entonces controlada. “Pero nos dijo que estaba obsesionado aquel curso con un alumno y que no lo sabía gestionar. Que había ido a un centro de salud mental público y que le habían dicho que no le podían ayudar allí. Entonces nos contactó y nos dijo que no podía financiarse un tratamiento privado”, explica. Tras varios intercambios telefónicos con la psicóloga en línea de PrevenSI, siempre desde el anonimato, el hombre accedió a acudir a una terapia. 

84 consultas de pedófilos sin atender

Lo que entristece al equipo de PrevenSi es que llamadas como esta ya no las pueden atender. De hecho, a pesar de que el teléfono está apagado –tampoco podrían devolver las llamadas si quisieran, porque son no identificadas–, sí reciben correos electrónicos y mensajes en el chat. Desde abril les han entrado 84 consultas de este perfil. “El recuento duele. Lo hago en tandas y respirando”, asegura Iturbe. Todos los correos los contestan automáticamente con un mensaje en el que les recomiendan que contacten con los principales teléfonos de atención ciudadana, sanitaria y de emergencia. Lo que no han hecho es incluir en esa respuesta un directorio con centros privados a los que acudir para terapia. “No les puedes dar esta respuesta porque normalmente llegamos a eso después de varias llamadas de varias horas tras las que acaba siendo consciente de su situación”, precisa. 

PrevenSI es una iniciativa que impulsaron tres entidades privadas con larga experiencia en prevención de abusos sexuales: el Instituto de Psicología Forense (IPF) de Barcelona, el Instituto de Trabajo Social y Servicios Sociales (INTRESS) y la fundación Ires. Durante la ronda de contactos con las administraciones antes de lanzar el programa, entre 2017 y 2019, explican que recibieron buenas palabras y promesas de apoyo. El proyecto no solo prevé esta asistencia gratuita inicial, sino que incluye una vertiente de formación para profesionales en materia de prevención y otra de repositorio de publicaciones e investigación sobre el tema. 

Arrancaron con fondos propios de las entidades impulsoras, pero por un lado las administraciones no acabaron de concretarles una vía de financiación, y del otro la pandemia dio al traste con unos cursos presenciales sobre prevención que iban a poner en marcha en 2020 y que debían servir también para sustentar económicamente el proyecto. “Desde entonces, la financiación que recibimos a través de subvenciones ha sido muy pequeña y tremendamente inestable”, subraya Iturbe. También el Departamento de Justicia les contrató para tratar a presos que cumplen condena por violencia sexual a menores. 

Pero llegó 2022 y no tenían compromisos de financiación pública. “Ninguno”, dicen. “Nos pusimos como fecha límite el 15 de abril y entonces tuvimos que cerrar”, explican Campmajó e Iturbe.

Sin embargo, los profesionales de PrevenSI no han tirado la toalla y aseguran que están en contacto de nuevo con una Administración –no quieren dar detalles hasta que esté cerrado– para obtener el dinero necesario para reabrir este otoño. Lo harían bajo mínimos, dicen, con una atención telefónica de 20 horas semanales (en otros países es 24 horas al día). Calculan que necesitan unos 50.000 euros anuales. 

¿Cómo se financia un tabú?

En este tiempo, desde PrevenSI se han preguntado por qué no han podido mantener a flote el programa. “Es un tema tabú. Pensamos en los pedófilos como si fuesen monstruos, y esto hace que ellos no quieran pedir ayuda. En los centros de salud mental además no saben cómo abordarlo. Si hay unas elevadísimas cifras de prevalencia de abusos sexuales a menores es que hay alguien que ejerce esa violencia y tenemos que prevenirla”, argumenta Campmajó. 

Existen pocos estudios sobre prevalencia de estas inclinaciones sexuales, pero los que hay apuntan a que entre un 1 y un 4% de la población las experimenta. Entre el 40 y el 50% de los abusadores condenados por pederastia cumplen con diagnósticos de pedofilia. Solo en 2021 en España se llevaron a cabo 467 detenciones vinculadas a pornografía con menores. 

Actualmente, la pedofilia (o hebofilia, cuando se refiere a niños y niñas de entre 10 y 14 años) se considera un trastorno dentro del marco de las parafilias, y se puede tratar. Por ejemplo, eliminando de entrada factores de riesgo, como puede ser trabajar con niños, o más en profundidad deshaciendo las “distorsiones cognitivas” que suelen padecer estas personas. Esto es, pensamientos justificativos del tipo “no le hago daño al niño porque no se queja” o “él es muy maduro”, señala Iturbe.

También aclaran las profesionales que si alguna consulta de las que reciben hace referencia a un abuso y es mínimamente identificable, lo ponen directamente en manos de los Mossos d’Esquadra.

En materia de financiación, lamentan que el hecho de que sea un tabú también les ha perjudicado. “A las administraciones les da miedo. Es como el argumento demagógico de ‘por qué vamos a dar recursos a los hombres agresores? ¡Que los encierren!’”, expresa Campmajó. A ello se le suma que el rédito político de los programas de prevención suele ser bajo, porque los resultados no son inmediatos. Desde PrevenSI llegaron a llamar a la puerta de empresas y entidades financieras, pero tampoco tuvieron éxito. 

Años de experiencia en Reino Unido y Alemania

Sus dificultades contrastan con el éxito y apoyo que tienen programas de este tipo en otros países. El más conocido, y en el que se inspiraron para abrir PrevenSI, es el de Stop it Now!, que nació en Reino Unido hace 30 años y que cuenta con franquicias en Irlanda, Estados Unidos, Países Bajos, Bélgica o Australia. Solo en 2020 y en el Reino Unido recibieron 1.894 consultas, de las que un 23% tenían que ver con pensamientos y comportamientos vinculados a la pedofilia del que llamaba. Otro 43% era de personas que conocían a potenciales abusadores o víctimas. Y en el 55% de los casos, la situación de abuso no se había producido aún.

En Alemania se lanzó en 2005 el Proyecto Dunkelfeld, con atención médica confidencial y gratuita en una docena de clínicas del país y financiado al principio por Volkswagen y luego por el Gobierno. Ahora se denomina Kein täter werden, que en castellano significa “no te conviertas en un delincuente”, y ha lanzado importantes campañas publicitarias, con anuncios de metro incluidos con el eslogan: “¿Te gustan los niños más de lo que te gustaría? Te podemos ayudar”. 

Iturbe y Campmajó son conscientes que en España la sociedad no está preparada para una campaña de este tipo. Pero defienden que siempre que han aparecido en los medios de comunicación se han disparado las consultas.

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