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Se va Margarita Salas, queda su legado y su ejemplo

Salas, en el laboratorio con dos alumnas en 2019

La Biología Molecular se nos ha quedado huérfana. Hemos despedido a Margarita Salas, una de nuestras científicas más ilustres, una investigadora incansable, un icono inspirador para toda una generación de científicas y científicos españoles. Nos deja un legado sobre el que podemos, todas y todos, auparnos 'en hombros de gigantas', y supone un ejemplo que ayuda a dar seguridad y confianza a todas las jóvenes que planean, inician o desarrollan ahora su carrera científica. 

Gracias al estudio de un virus que infecta bacterias, phi29, Margarita contribuyó de forma crucial a entender el mecanismo de copia del ADN. Consiguió un enorme éxito, reconocimiento mundial y una considerable contribución a la caja común; de hecho, es creadora de una de las patentes más rentables de la historia de España. Se granjeó el prestigio y el reconocimiento de la comunidad científica internacional a base de tesón y de trabajo duro.

Ningún techo de cristal (y, en su país y en su época, había muchos) consiguió detener su arrollador talento y sus ganas de descubrir, porque, además, Margarita fue una persona afortunada: pudo estudiar una carrera universitaria en unos años oscuros para España, y tuvo una familia que comprendió perfectamente su pasión por la investigación y la apoyó en todo momento. Este hecho, que hoy parece nimio, era bastante inusual en aquella época. Y en el momento más adecuado de su carrera se cruzó en su camino el genial Severo Ochoa, lo que cambió irremediablemente su destino; he aquí otro golpe de suerte. 

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El espejismo de la libertad en la era de las burbujas ideológicas, la segmentación y la violación de la intimidad

Campaña publicitaria de una entidad bancaria con una inquietante pregunta retórica

El acceso pleno que tenemos a la información en nuestros días nos da una falsa impresión de libertad. Es falsa porque este acceso no es tan pleno. Lo hemos visto con las denuncias de Edward Snowden, y las persecuciones que sufren Julian Assange y Chelsea Manning. Pero más falsa aún porque existen barreras más sutiles, aunque sumamente eficaces, que nos alejan de la realidad. Entre estas barreras se encuentra el fenómeno de las burbujas ideológicas y culturales. Del mismo modo que nos rodeamos de personas afines y tenemos poco contacto con personas de niveles culturales, económicos o ideológicos muy diferentes, las empresas tecnológicas nos envuelven en una burbuja tecnológica que nos acompaña, nos guía y nos aísla mientras navegamos y mientras usamos las redes sociales, creando lo que se conoce como cámaras de resonancia o cámaras de eco online. Poca gente es consciente de esa pertinaz burbuja y eso es lo que le confiere su efectividad. El creador del concepto, el ciberactivista Eli Pariser, define esta burbuja como "el ecosistema personal de información que ha sido provisto por algoritmos". Este filtrado automatizado de la información que nos llega conocido comofiltro burbuja se nutre de todas las decisiones adoptadas y miguitas de información dejadas por el usuario en la navegación de la web y en interacciones con aplicaciones diversas. En la confección de esos algoritmos se tienen muy en cuenta informaciones como el perfil que el usuario sube al registrarse en páginas, aplicaciones y redes, el historial de búsquedas y la ubicación geográfica. La misma tecnología que te hace llegar "información relevante para ti", sirve igualmente para que equis productos y servicios que sin duda te interesan, te salgan más caros en momentos de especial necesidad (batería baja, dificultades financieras) o vulnerabilidad (inseguridad, depresión, menstruación). El coste (y la renovación o no) de algunos seguros de salud dependen ya directamente de los hábitos "reportados" por tu “wearable” o tu "e-health service" favorito. Parece ciencia ficción, pero no lo es.

Las burbujas han sido denunciadas y defendidas, pero no son tan conocidas como debiera. Es evidente que estas burbujas traen ventajas tanto a la empresa, corporación o entidad que las genera o las contrata, como al usuario encapsulado en ellas al beneficiarse de una información que puede serle muy útil para sus intereses. Pero no es menos cierto que estas burbujas constituyen potentes armas de doble uso en la arena política y generan espacios cerrados de información (y desinformación) que hacen a los ciudadanos más vulnerables a la manipulación. La polémica está, por tanto, servida. Pero más allá de la polémica está la evidencia de una sociedad polarizada alrededor de temas sin duda controvertidos. Pero que ignora que tanto el filtro de información, como la exacerbación de las fracturas sociales, han sido interesadamente inducidas desde fuera de España.

La base de la burbuja es la información y la propaganda segmentada. Estasegmentaciónes aceptada y aceptable para cuestiones como la talla del calzado o las preferencias del fondo de pantalla, pero empieza a ser inaceptable cuando se realiza a partir de nuestra identidad sexual, religiosa o política. La sociedad no acaba de reaccionar ante esta propaganda segmentada porque no es consciente del origen y del uso de la información que se genera sobre nosotros desde el mismo momento que buscamos un piso de alquiler, leemos un periódico, o subimos una foto a una red social. Nadie reacciona ante algo que ignora y en este principio se ha movido Facebook durante lustros, por ejemplo. Hasta que ha tenido que aclarar el uso que hacía de la información de sus usuarios, cambiarlo y pedir disculpas. Para dimensionar las implicaciones de esta segmentación tengamos en cuenta que cada vez más gente lee las noticias a través de las redes sociales. Este año, en EE.UU. el 55% de los adultos leen las noticias en las redes sociales, y la información que reciben por esta vía está claramente segmentada. Para apreciar la magnitud de la cuestión, algunas cifras:

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Ciencia de todo a cien

Un investigador en laboratorio.

Uno de los mitos recientes más repetidos sobre la ciencia española es que el crecimiento de su productividad no ha ido acompañado de un crecimiento paralelo en calidad. Cuando había más inversión –se argumentaba– publicábamos muchos papers pero pocos "Sciences y Natures". Y cuando la inversión cayó, se concluyó con todo cinismo, lo que lastra la calidad de nuestra investigación no es la falta de fondos, sino "el exceso de investigación de mala calidad".

Como hemos explicado reiteradamente, este mito se apoya en un análisis interesado que ignora el papel de dos variables esenciales: la inversión en I+D, y la infraestructura y capital humano que esta asegura. Los datos demuestran, por ejemplo, que hasta el desmantelamiento de la inversión en I+D impuesto tras la crisis, la I+D de los países del sur de Europa (a los que ciertos medios se referían entonces con el ofensivo acrónimo PIIGS) mostraban una elevada productividad de Europa por euro invertido. Y lo eran trabajando con unos recursos y en unas condiciones que, en manos de un cineasta, se parecerían mucho a los avatares de los personajes de Tocando el viento, Full Monty o Los lunes al sol.

Como la mayoría de nuestros lectores no están familiarizados con nuestras condiciones reales de trabajo, hemos seleccionado algunos ejemplos. Muchos de ellos giran alrededor del mejor aliado de los ecólogos españoles: los bazares que antes llamábamos "de todo a cien". Empezamos a depender de ellos durante nuestros trabajos de fin de carrera, tesinas y tesis. Nos independizamos brevemente de ellos mientras disfrutábamos de nuestra "movilidad exterior", realizando estancias en ese "primer mundo" donde podíamos adquirir productos diseñados específicamente para nuestra investigación o incluso encargárselos a un taller de nuestro centro de investigación. Y, tras volver a España, volvimos a depender de ellos hasta hoy, veinte o treinta años después.

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Con un poco de azúcar (esa píldora que os dan)

A algunas mujeres les duele muchísimo la regla, otras ni se enteran; puede durarles 5 días, 10 o apenas 3; puede venirles cada 30 días, cada 28 o incluso 2 veces al mes, o cada 3 meses. Hay a quien el síndrome premenstrual le pone un humor de perros mientras a otra se le pasa como si nada. Encontramos que cada mujer es un mundo y que el período menstrual, lejos de ser un ciclo cerrado y perfecto de maduración de óvulos es un caos ordenado de hormonas, fluidos y emociones con el que lidian desde niñas. Las mujeres aprenden por experiencia que, también en esto son diferentes; sin embargo, la ginecología insiste en tratarlas uniformemente; entramos en la era de la medicina personalizada pero los tratamientos se aplican de forma sistemática y protocolaria, casi robótica. Un ejemplo sangrante es la píldora anticonceptiva: no a todas las mujeres les sienta bien; de hecho a algunas les sienta muy mal; para algunas puede incluso resultar fatal.

El anticonceptivo oral se comercializa por primera vez en 1969, en Canadá; una píldora maravillosa que permitía prevenir eficientemente el embarazo. Estas primeras píldoras, ensayadas en circunstancias de dudosa ética, ya presentaban importantes efectos secundarios, que fueron entonces totalmente despreciados por los investigadores [1]. En los primeros ensayos se identificó un considerable incremento en el riesgo de sufrir problemas vasculares; eran frecuentes la aparición de náuseas, mareos y jaquecas. Estos efectos adversos, y otros tantos, se han ido confirmando a lo largo de 50 años de uso, aunque esto no ha impedido que se receten a millones de mujeres por todo el mundo. La balanza entre el control de natalidad y unos leves efectos indeseados se decantó hacia su uso.

Actualmente cada envase de píldora anticonceptiva se vende junto a un prospecto extenso y farragoso que ha ido ampliándose con los años; ¿lo leerá alguien? Porque si lo leyeran quizá lo pensarían dos veces antes de tomarla: los riesgos son considerables. Las mujeres reciben su receta de forma sencilla y, sin demasiada información, inician un tratamiento indefinido que puede ser una bomba de relojería para ellas. Si los efectos secundarios están claramente documentados y recogidos en un prospecto, ¿por qué nos comportamos como si fueran irrelevantes? [2] ¿Quizá para satisfacer a un negocio farmacéutico millonario?

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Y la ciencia, ¿pa' cuando?

Después de varios meses de inactividad, demoscopia y tacticismo partidista, estamos a apenas unos días de la fecha definitiva. Los partidos autodenominados progresistas tenían que decidir antes del martes 17 si serían capaces de negociar una coalición para formar gobierno, o si abandonaban toda pretensión de hacerlo en el futuro cercano y nos abocan a nuevas elecciones. El problema, mil veces repetido, es que mientras el tridente Sánchez-Calvo-Ábalos juega al escondite con sus propios votos, el país en general, y la administración pública en particular, acumula ya años de parálisis y desmantelamiento. Seguimos viviendo de las rentas, pero estas rentas se acaban.

La situación es tan crítica que hasta se hace difícil hablar de ciencia e innovación. Con la brecha social creciendo sin detenerse, familias enteras condenadas a no salir nunca de la pobreza extrema, el acceso a la vivienda convertido en una emergencia social, una sanidad y una educación en las que se utiliza un deterioro programado mediante recortes para justificar y financiar su creciente privatización, una justicia totalmente desprestigiada por la infiltración partidista y sectaria, y una corrupción inacabable que nos cuesta 90.000 millones de euros al año (casi 6 veces más que la inversión anual en I+D), cuesta creer que nuestra investigación puede tener una mínima relevancia dentro de la serie de reformas urgentes que tendría que abordar el nuevo gobierno.

Y, sin embargo, la tiene. No solo por ser la pata en la que todo lo demás se sostiene, reactivando la economía a través de la creatividad y la innovación, aportando bienestar a través de la mejora de los tratamientos médicos y las intervenciones sociales, ayudando a alcanzar una alimentación y un ambiente sano (y a identificar cuándo nos están ocultando su deterioro), refinando las técnicas de enseñanza, identificando procedimientos legales y políticos para mejorar la justicia y la equidad, y haciéndonos en suma más cultos y felices. También, y sobre todo, por su valor estratégico y simbólico – ya que, cuando un gobierno la cuida y la fomenta, manda el mensaje claro de que han vuelto a cambiar las normas del juego y vuelven a imperar unos valores de los que podemos sentirnos orgullosos.

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Verdades, mentiras y la opinión sesgada sobre datos y hechos

Manifestantes contra el cambio climático.

Hace tiempo nos proponían participar en un debate supuestamente crítico sobre la evolución biológica en una mesa redonda que incluía a algunos altos responsables de la Iglesia Católica. La equidistancia y el relativismo lo admite todo. Podemos hablar de casi cualquier cosa, aunque los biólogos evolutivos y los obispos nos movamos en mundos muy alejados y de improbable intercambio y comprensión recíproca. Sin embargo, decidimos que, lógicamente, sólo cabía rechazar la invitación. ¿De qué vamos a hablar con esos señores? (Eran todos hombres, claro). La gente de ciencia nos movemos en el marco de la razón, del método científico, de la argumentación basada en evidencia contrastable y de la discusión ordenada. Fuera de ese marco, íbamos a ser solo unos tertulianos más, hablando de cualquier cosa y sin que necesariamente seamos más autorizados y confiables que cualquier otro ciudadano. Con nuestra presencia estaríamos legitimando la postura de quienes rechazan el debate honesto al aceptar un intercambio de opiniones vacío de su elemento principal: el contraste con los hechos. Puede que nos equivocáramos al rechazar la invitación.

Por supuesto que no fuimos los primeros que nos enfrentábamos a esta decisión. Es muy conocido el debate que se produjo sobre evolución y creacionismo, hace unos años, entre Bill Nye, comunicador científico, y Ken Ham, presidente del Museo de Kentucky sobre la Creación. Como muchos críticos ya anticiparon, el gran ganador fue Ken Ham. A pesar de la vacuidad de sus argumentos, la mera celebración del debate consiguió presentarlo en pie de igualdad con los científicos de su época.

Algo hemos aprendido los científicos de aquel debate, pero mucho más ha aprendido el negacionismo populista. Esta tendencia mediática y política que niega el cambio climático y la injerencia humana en procesos globales, con líderes tan señalados como los presidentes Donald Trump y Jair Bolsonaro, no sólo ataca frontalmente la evidencia científica en cualquier tema que comprometa su intereses. Esta opción política está aplicando una agenda de desmantelamiento sistemático de la actividad científica y la enseñanza superior. El ataque sistemático a la CAPES brasileña es un buen ejemplo de ello. No por casualidad, las tesis del programa CAPES que han sido premiadas versan sobre el Amazonas. Y en España esa tendencia está ganando fuerza de forma acelerada – ahogando en el ruido mediático a los expertos e intelectuales incómodos, mientras se deifica la opinión técnica del mandarinato económico.

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Catedráticos sin experiencia docente ni de gestión

Como casi cada año, este verano hemos vuelto a ser testigos de un nuevo coro de críticas a la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (ANECA), el organismo encargado de mejorar la gestión de la calidad en las Universidades españolas. Durante varias semanas, la ANECA ha acaparado titulares y noticias. Todos tirando piedras contra ella porque una serie de buenos investigadores no han recibido la acreditación para catedráticos. Tono de escándalo y desesperanza en afectados y periodistas. Propuestas de revisión de los procedimientos, o incluso de cierre, de la Agencia y estupor en los que están fuera de nuestras universidades públicas. Sí, es cierto, no parece razonable lo que ha ocurrido, y podemos concluir que hay que revisar y mejorar los procedimientos de evaluación. Pero tampoco se puede dejar de reconocer lo que las acreditaciones han supuesto para un tejido universitario que, tras cuarenta años de franquismo, estaba profundamente afectado por los tan ibéricos vicios del nepotismo, la endogamia y el provincianismo académico. ¡Memoria, por favor! 

Debe ser como el mito del escorpión, va en nuestra naturaleza picar y, en este caso, olvidar de dónde venimos y lo que el sistema de acreditación ha supuesto. El sistema actual de evaluación está plagado de problemas, sin duda. Pero debemos recordar por qué se lanzó y cuál era el desierto que exigió a gritos algo similar a lo que tenemos con la ANECA. Y debemos también reconocer que la mayoría de esos problemas no proviene sino de la inercia del sistema anterior, el mismo que trataba de corregir, y que se puso rápidamente en movimiento para descafeinar cada incremento de exigencia que iba tratando de incorporar la Agencia. Y que reformar la ANECA o suprimirla no va a solucionar los tres principales problemas del sistema español de contratación del profesorado universitario: la burocratización, la incoherencia legislativa y la endogamia

El sistema de acreditación simplemente proponía dar una etiqueta de reconocimiento a aquellos trabajadores del ámbito universitario que presentasen hechos objetivos para que se les reconociera su desempeño, superando unos mínimos bien definidos. De esta manera se trataba de evitar lo que había sido la norma hasta entonces, y el camino para desarrollar una carrera en la universidad española de mediados del siglo XX: la pleitesía, la lealtad, el respeto irracional al maestro (lo sentimos, pero casi siempre eran hombres) y su resultado más fácil de detectar y que sigue poniendo en pie de guerra a toda la sociedad: la endogamia casi absoluta. Un sistema que tejía una red de dependencias que garantizaba el futuro profesional de los que aceptaban las reglas del juego y que convertía (y aun convierte) a nuestra universidad en una de las peores del llamado mundo desarrollado. 

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Saltándose acuerdos internacionales, el nuevo gobierno municipal de Madrid se aleja del conocimiento científico

Madrid Central.

Los pactos que han suscrito los tres partidos de la derecha española para sacar de su puesto a la última alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, van completamente en contra de las directrices y acuerdos internacionales que ha firmado España en general y Madrid en particular en materia de medio ambiente y salud. Estos pactos, que pueden verse resumidos aquíaquí, van más allá de saltarse acuerdos internacionales como el de París sobre cambio climático, o las directivas europeas en esta materia que Bruselas nos recuerda constantemente. Se saltan la evidencia científica sobre los problemas para la salud tanto de las personas como del planeta que se generan con el tráfico anterior a Madrid Central. Eliminar Madrid Central, soterrar la Gran Vía, construir infraestructuras en Madrid Norte o en la A-5 que pretenden incrementar el tráfico en el centro de esta gran ciudad son propuestas insostenibles en pleno siglo XXI, por mucho que hayan sido promesas electorales.

Estas propuestas, negando la contribución de Madrid al cambio climático y el impacto de una atmósfera sucia sobre la salud, van exactamente en contra de todos los acuerdos entre los alcaldes de las principales ciudades del mundo y en contra de todas las iniciativas que aglutinan ciudades de distintas regiones del planeta. Porque no hay ni una sola red o consorcio o agrupación de ciudades que se hayan reunido para emitir más carbono a la atmósfera, para exponer más a las personas a las partículas y gases resultantes de la quema de combustibles fósiles, ni para facilitar el tráfico de un número creciente de vehículos a expensas de contaminar localmente y activar el calentamiento de la atmósfera a nivel global. Ni una. Y existen muchas para todo lo contrario, como el pacto global de los alcaldes del mundo o la red C40 y el CDP-Cities a nivel internacional y la Red Española de Ciudades por el Clima a nivel nacional. Redes estas últimas en las que, como es lógico, está Madrid. ¿Pensará el nuevo equipo municipal dar de baja a Madrid en todas estas alianzas, redes y pactos nacionales e internacionales por la salud de las personas y del planeta?

El 1 de julio es la fecha anunciada para suspender Madrid Central. Eso a pesar de que la medida ha servido para reducir los niveles de óxidos de nitrógeno en 14 de las 24 estaciones y de que, en promedio, las concentraciones de este peligroso contaminante atmosférico se han reducido una quinta parte. De hecho, los valores de dióxido de nitrógeno y de partículas sólidas en Madrid Central durante los meses de abril y mayo de 2019 han registrado los mínimos históricos en tan sólo seis meses de funcionamiento y el temido efecto borde o frontera, por el cual las zonas aledañas a Madrid Central verían incrementada la contaminación, no sólo no se ha registrado sino que más bien al contrario, las zonas próximas a Madrid Central han mejorado también su salud atmosférica.  Recordemos además que Madrid Central es, con diferencia, una de las Zonas de Bajas Emisiones más pequeñas de las establecidas en las principales capitales europeas. Como mostraba un artículo reciente de Ballena Blanca, es más de cuatro veces menor que la de Ámsterdam –que tiene la cuarta parte de habitantes que Madrid-, casi 19 veces menor que la de Berlín –que sólo es un 10% mayor que Madrid-, y ¡1,580 veces menor! que la de Londres, una ciudad que triplica la población de la capital de España. Todo este disparate generado por el anuncio del nuevo equipo municipal ha generado una rápida e intensa reacción social, con diversas iniciativas populares en marcha para detener la reversión de Madrid Central, entre las que se encuentra la de change.org  

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La agricultura en el siglo XXI: ¿verdugo, víctima o nodriza?

Mazorcas de maíz

La sociedad actual, mayoritariamente urbana y cada vez más alejada del mundo rural, tiene serios problemas para entender lo que pasa en el campo. Y cuando hablamos de "el campo" no nos referimos a esas zonas en las que la naturaleza está más o menos bien conservada y puede ser objeto de atractivas excursiones y paseos. Nos referimos a ese enorme porcentaje de tierras dedicadas a la producción de cultivos o pastos, un 50% a nivel de España y un 37% a nivel mundial. En general, vivimos de espaldas a lo que ocurre en ese ámbito rural del que depende nuestra manutención. Mucha gente percibe la agricultura como una actividad explotadora que destruye recursos naturales y contamina el medio ambiente. Otros la ven  como una actividad bucólica, en contacto con la naturaleza, alejada del ajetreo de las ciudades. Ni lo uno ni lo otro. Como suele ser el caso. 

Ciertamente, la agricultura es un ávido consumidor de recursos renovables y no renovables y una fuente de numerosos impactos ambientales: agua, suelo, combustibles fósiles, fertilizantes, plaguicidas. A comienzos de este siglo la agricultura empleaba el 70% de toda el agua utilizada en el mundo. En muchos de los países más pobres, el agua empleada en agricultura ya llega al 90%. Se estima que el agua destinada al riego aumentará un 14% para 2030 por lo que  la escasez de agua resultante de una mayor demanda y de una menor disponibilidad por el cambio climático será cada vez mayor y en algunas regiones llegará a limitar totalmente la producción de alimentos. En un reciente informe global sobre la salud del planeta, las Naciones Unidas indican que la calidad del agua ha empeorado significativamente desde 1990 debido a la contaminación orgánica y química ocasionada por, entre otros, los fertilizantes, los plaguicidas y los metales pesados. Por otro lado, la fertilidad de los suelos se va perdiendo como consecuencia de la realización de prácticas agrarias inapropiadas y de la consiguiente erosión hídrica y eólica. Sólo en Andalucía se ha estimado que casi un millón de hectáreas están sometidas a unas pérdidas de suelo altas o muy altas. En lo referente al cambio climático, la agricultura es un importante emisor de CO2, N2O y metano, tres de los principales gases de efecto invernadero. Por otro lado hay que considerar la preocupante situación de los humedales, un elemento clave en la lucha contra el cambio climático. El desarrollo de la agricultura, y en concreto la agricultura de regadío, se considera la causa principal de la reducción de estos valiosos ecosistemas. Todos estos hechos nos ofrecen, a primera vista, la imagen de la agricultura como un peligroso verdugo del medio ambiente. 

No obstante, se trata de un verdugo que da de comer a 7.500 millones de personas y del que esperamos pueda seguir dando de comer a los 10.000 millones que vivirán en el planeta dentro de treinta años. Aunque no esperamos estar por aquí para esa fecha, nos gustaría que nuestros hijos y nietos no tuvieran la desagradable sensación de acostarse con el estómago medio vacío. La verdad es que, hasta el momento, este verdugo ha sido bastante hábil para ir satisfaciendo nuestras necesidades a pesar de que no paramos de crecer. Durante las últimas décadas los avances científicos y tecnológicos de la agricultura han permitido un crecimiento continuo en la producción de alimentosEl consumo de alimentos por persona y día ha crecido rápidamente en prácticamente todos los países del mundo, mejorando el bienestar de nuestra especie. En los últimos veinte años la desnutrición y la pobreza extrema en el mundo se han reducido un 50%. Sin embargo, estas tendencias se pueden romper como consecuencia del cambio climático. Las estimaciones actuales indican que la producción agraria disminuirá hasta un 25% en grandes zonas de África, en el suroeste de Asia y en el sur de Estados Unidos y Méjico. El verdugo es a su vez víctima del desarrollo de una sociedad cada vez más urbana y tecnificada. 

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Delitos ambientales: cuando los ecólogos se meten a peritos

Recorte del diario La Vanguardia de un caso de contaminación de aguas en 1989

Es habitual que los científicos realicen asesorías y peritajes en los ámbitos de su especialidad. Diversos ecólogos hemos tenido que asesorar a las administraciones públicas y a las empresas en materia de medio ambiente. Pero la experiencia sube de tono cuando toca actuar como peritos en los tribunales ante juicios sobre delito ecológico. Si alguien no lo ha hecho nunca, se lo recomendamos.  Aunque con moderación. En el caso de Narcís Prat fueron más de 10 años y casi 100 juicios, de manera que al final ya no era no tan divertido y emocionante.  ¿Cómo se mete uno en tal berenjenal? En el caso de Narcís (estamos hablando de 1989) por cansancio e impotencia.  Estar estudiando ríos, ver cómo siguen contaminándose, cómo la Administración mira para otro lado y las empresas se resisten a dejar de contaminar te saca de quicio. Era casi un deber cívico, ya que no hacen caso por las vías científicas o de difusión que había en su momento (noticias en blanco y negro en los periódicos), a ver si se puede hacer algo real para solucionar un problema real. 

Lo primero que sorprendió fue el desbarajuste que había en los juzgados de Barcelona. Para ir a una sala del juico, al principio, pasabas por pasillos llenos de mesas con multitud de legajos, recovecos con armarios llenos a rebosar y llegabas a una sala para el juico que no tenía nada que ver con las series americanas que se veían en la televisión. Después sorprendía la ignorancia de los presentes sobre el tema. Cuando hablabas de DQO (demanda química de oxígeno) era como hablar de magia, muchas de las intervenciones eran casi clases para que los jueces, los abogados de la defensa y los asistentes entendieran algo de contaminación de las aguas. Cabe decir que Narcís era perito del fiscal de delitos ambientales de la Fiscalía Superior de Catalunya. También podía haber cierta tensión ya que se encontraba con otros colegas, también catedráticos (algunos de su propia Facultad) en el bando de la defensa intentando demostrar que un vertido de Cromo hexavalente no era tan grave y que la industria de los curtidos tenía unas depuradoras fisicoquímicas excelentes (que "sólo" echaban al rio un contenido de amonio de 50 mg/l). Explicar la relación entre amonio y amoníaco, su dependencia del pH y como esto incidía en la mortalidad de los peces no era sencillo, pero Narcís fué aprendiendo a ajustar el discurso y a discutir con sus colegas sobre el tema. En algunos momentos no fue fácil y un perito de la defensa le llegó a calificar como "Terrorista Ambiental". 

El papel de los jueces es algo que todavía hoy nos confunde, como un mismo análisis del agua con resultados similares puede ser motivo de dictar una sentencia absolutoria o culpable según el juzgado, (por ejemplo, el Penal 1 y 2 de Sabadell). Nos confunde ver cómo la sentencia puede ser recurrida al Tribunal Superior de Justicia de Catalunya, que este diga lo contrario del Penal que sentenció a favor o en contra y luego pueda ser recurrida por el fiscal a la Audiencia o al Supremo y que vuelva a dar la razón al juzgado (o al revés). Las sentencias no eran fáciles de leer, algunas tenían más de 50 páginas y ya en la página 6 estabas medio perdido y te ibas al final, al fallo. Hay que decir que había jueces muy interesados que se estudiaban a fondo el caso, pero también otros que ya desde el principio se les veía que habían decidido la sentencia fuera cual fuera el peritaje

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