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La mayor esperanza de vida, ¿un problema?

La extensión de la esperanza de vida, un logro evolutivo y cultural de nuestra especie, resulta ahora un problema para ciertos economistas y políticos.

Sin embargo, el problema para médicos y demógrafos es, a día de hoy, justo el contrario: el acortamiento de la esperanza de vida para muchas personas de los países desarrollados. 

La mayor esperanza de vida - Por Yoana Novoa

La mayor esperanza de vida - Por Yoana Novoa

Tras cientos de miles de años de evolución biológica y cultural, la especie humana se enfrenta a una increíble paradoja: la esperanza de vida que se ha ido alargando progresivamente a lo largo de la historia resulta ahora un “problema.” Basta leer la prensa sobre cómo este “problema” pone en riesgo el llamado “estado Social.”

Sin embargo, en los últimos años, la esperanza de vida ha empezado a acortarse: por primera vez, los hijos vivirán menos que los padres. Nuestra sociedad actual está incurriendo en todo tipo de desatinos con su salud, en su mayoría ligados al sobrepeso. Dietas poco saludables y vida sedentaria tienen un efecto letal sobre una especie como la nuestra, diseñada para correr. La obesidad infantil comienza a ser un problema en España y lo lleva siendo mucho tiempo en países como Mexico o EE.UU.  Casi uno de cada tres niños españoles tiene obesidad o sobrepeso. La Escuela de Sanidad Pública de Harvard demostraba tras 20 años de seguimiento que el sobrepeso a mediana edad reduce hasta en un 79% la posibilidad de tener una vida larga y sana. Curiosamente el llamado Estado de Bienestar conlleva en realidad un estado de malestar, debido a esa salud más frágil que está acortando la esperanza de vida de muchas personas en los países desarrollados.

Las alertas de médicos y demógrafos sobre el acortamiento de la esperanza de vida contrastan con las alertas totalmente contrarias de los economistas. Para estos últimos, la esperanza de vida ya es demasiado larga en nuestra especie y amenaza la estabilidad del sistema socioeconómico. Resulta intrigante plantearse a quien puede importarle más la estabilidad del sistema que la esperanza de vida. No obstante, la política nos brinda situaciones tan inéditas como surrealistas; un lugar especial merece la que presenciamos el año pasado cuando el ministro de sanidad japonés pedía a los ancianos “que se den prisa y se mueran ya.” Ambos conceptos están íntimamente ligados: la esperanza de vida cae a medida que se recorta el modelo de protección social,  pero una esperanza de vida más corta incrementa la productividad para los defensores del actual modelo socioeconómico.

Como siempre ocurre en cuestiones con bases científicas, nada es tan simple como parece a primera vista. El economista Jose A. Tapias de la Universidad de Michigan publicó el año pasado un sorprendente análisis del efecto de la crisis económica sobre la mortalidad humana. Planteaba en la presentación del problema que la salud de la población se podría estar deteriorando en Europa por efecto de la crisis económica, con un aumento de la mortalidad sobre todo en los países donde se están aplicando las controvertidas políticas de austeridad. El autor revisa sugerencias previas sobre el disparo de los casos de suicidios como consecuencia de esas políticas, que afirmaban que la situación podría dar lugar a una catástrofe sanitaria. Al contrastar estas hipótesis con los datos disponibles, Tapias encuentra algo bien diferente: en los países europeos en general, y aún más en los más afectados por la crisis como España, las tasas de mortalidad general han disminuido y la salud de la población ha mejorado durante los años 2007-2010.

Este paradójico efecto beneficioso de la crisis sobre la salud confirma otros estudios previos en diversos períodos y economías de mercado, que indicaron que las recesiones son favorables para la salud y los períodos de expansión económica son perjudiciales. No obstante, Tapias Granados hace un breve análisis estadístico de un problema complejo y en el que los tiempos de reacción del sistema van más allá del periodo de cuatro años analizado. En una réplica a este artículo, los científicos brasileños Facchini y Nunes muestran las limitaciones en los datos empleados y abren una lista de aspectos que requieren exploración y que podrían contradecir los resultados de Tapias. Estos incluyen la compleja red de factores que afectan a la mortalidad humana y la necesidad de separar clases de población por edad y nivel económico y cultural para comprender realmente la naturaleza de los datos.

La formación en medicina de estos últimos científicos contrasta con la formación como economista de Tapias y muy posiblemente ha influido en la formulación de las hipótesis y en la manera de comprobarlas en cada caso. Según estos científicos de la medicina, salud no es sinónimo de descenso de mortalidad, como asume Tapias, ya que influyen aspectos relativos a la morbilidad, hábitos de vida, etc. De igual manera, crisis económica no es necesariamente sinónimo de desaparición de la solidaridad o de los sistemas de salud pública – ni lo es por igual en todos los países. Los efectos a largo plazo de las crisis económicas sobre la salud están aún muy poco comprendidos, a pesar de las numerosas crónicas del repunte de la esperanza de vida durante la Gran Depresión de 1930 en  EE.UU. o tras la crisis del petróleo de 1975-1978 en Italia y España.

Pero, mientras se resuelve esta polémica y se aclara la contribución de los cambios en la dieta, los hábitos de vida y la calidad de las prestaciones sanitarias, es pertinente preguntarse: ¿desde cuándo y por qué vivir más es un problema? ¿En qué momento hemos pasado de que la esperanza de vida sea el objetivo último de la medicina y el deseo profundo de la humanidad a convertirse en una contrariedad?  Las discusiones deben basarse en datos, pero estos no deben utilizarse para enmascarar los principios, valores y creencias de quien los enarbola. ¿No será más bien que el problema es otro y que con esta esperanza de vida tan larga ese problema se acrecienta?  Que no se preocupen los economistas y los políticos de mirada abstrusa que de todas formas y por primera vez en la historia de nuestra especie, nuestros hijos vivirán menos que nosotros. Igual esto les tranquiliza. A los que no tengan hijos o escrúpulos, claro…


Página web de la ilustradora Yoana Novoa



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