Cómo ser inmortales

La literatura y el cine están llenos de personajes inmortales, y no son precisamente hermanitas de la caridad. Son vampiros, los zombies o unos extraños guerreros que se dedican a decapitarse. Ser inmortal parece más una maldición que algo deseable.

Sin embargo, estamos programados para sobrevivir, así que lo de morir no nos hace ninguna gracia. Desde hace milenios, los seres humanos se preguntan por qué tienen que morir, y qué pasaría si pudiéramos evitarlo.

Por primera vez en la historia de la humanidad, la ciencia está cerca de encontrar la forma de ser inmortales, o al menos, vivir mucho más tiempo.

La primera pregunta es: ¿por qué nos morimos?

Si descontamos accidentes y enfermedades, la muerte es consecuencia del envejecimiento. Los científicos están estudiando precisamente cómo frenar el envejecimiento, e incluso revertir sus efectos.

Una parte del envejecimiento de debe al desgaste que sufren nuestras células por los factores de nuestro entorno y nuestro estilo de vida. Por ejemplo, la comida basura, el tabaco y la falta de ejercicio nos hacen envejecer más rápido. No solo tenemos más probabilidades de morir antes, sino que pasaremos más años de nuestra vida débiles y enfermos.

Una posible forma de frenar este proceso es cultivar órganos artificiales en laboratorio a partir de células madre. Así podríamos tener hígados, corazones o riñones de repuesto cuando fallaran los nuestros.

En un experimento con ratones se comprobó que al hacer una transfusión de sangre de ratones viejos a los ratones jóvenes, empezaban a mostrar signos de envejecimiento.

Al revés no funcionaba tan bien, pero esto no impidió que varias empresas ofrecieran carísimas transfusiones de sangre joven a personas con dinero que esperaban rejuvenecer, como si fueran vampiros modernos. Por si tienes dudas, no hay pruebas de que esto funcione y se considera un fraude ofrecer este servicio.

Incluso si nos cuidamos o nos ponen parches, el envejecimiento está programado en nuestro ADN. En un momento de nuestra vida se enciende un interruptor genético, y los sistemas de reparación de nuestros tejidos empiezan a fallar.

Aquí llega la otra opción para ser inmortales: la manipulación genética. Desactivando un solo gen que dispara el proceso de envejecimiento los científicos ya han conseguido alargar en diez veces la esperanza de vida... pero en gusanos.

En ratones este mismo procedimiento aumenta su esperanza de vida en un 50%. Si se pudiera aplicar a personas estaríamos hablando de vivir entre 120 y 150 años. Sabiendo modificar los genes necesarios podríamos crear embriones de diseño, bebés que nacerían con la programación genética para vivir mucho más tiempo.

Pero ¿qué hay de los que ya estamos envejeciendo? Aquí es donde entra la tecnología CRISPR que permite modificar genes uno a uno y reparar los daños. Además hay que usar un retrovirus para que el cambio se extienda a todos los tejidos.

Esta tecnología ya se ha usado para curar a ratones que sufren envejecimiento acelerado. Es solo cuestión de tiempo que haya tratamientos parecidos para humanos.

Otros científicos advierten de que la inmortalidad es matemáticamente imposible. Cuanto más tiempo viven las células, mayores son las posibilidades de que desarrollen cáncer.

Todos estos retos hacen que aún falten varias décadas para que la inmortalidad sea posible. La pregunta no es tanto si va a ser posible frenar el envejecimiento, sino cuándo va a ocurrir, y si vas a tener dinero para pagarlo.

La pregunta más importante, como decía la canción, sigue siendo: ¿quién quiere vivir para siempre? Por lo menos, hasta el próximo episodio.

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Publicado el
8 de febrero de 2020 - 21:33 h

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