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El arqueólogo que busca las fosas del campo de concentración franquista de Albatera: “Hay trabajo para años”

Munición hallada en el campo de Albatera (Alicante).

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El arqueólogo Felipe Mejías busca por tercer año consecutivo las fosas comunes del campo de concentración franquista de Albatera donde fueron a parar gran parte de los cuadros republicanos que no pudieron escapar de la represión en el puerto de Alicante al finalizar la Guerra Civil. Con financiación pública de la Generalitat Valenciana, los trabajos han hallado abundante munición, además de objetos de los prisioneros, que dan pistas a los arqueólogos sobre la estructura del campo de Albatera, demolido por completo tras su cierre en la posguerra. En las tres campañas arqueológicas, el equipo de Mejías ha trabajado ocho parcelas de tres hectáreas cada una y, de momento, han confirmado que “se ha disparado intensamente dentro del campo”.

“El objetivo”, explica Mejías a elDiario.es, “es doble: buscar fosas y documentar lo que salga, estructuras, objetos o munición”. A finales del verano de 1937 las autoridades republicanas iniciaron la construcción del campo, que fue inaugurado el 24 de octubre por el ministro de Justicia, Manuel Irujo. Durante la etapa republicana, según destacan las memorias de los presos, el campo contó con asistencia sanitaria y una “dieta ajustada pero correcta”, a pesar de las duras condiciones de trabajo. Con forma rectangular, el campo tenía unas dimensiones exteriores de 709 metros de longitud y 200 de anchura y estaba protegido con una valla de alambre de espino de tres metros de altura.

Al final de la Guerra Civil, con la ocupación de las tropas franquistas de la ciudad de Alicante, llegaron entre el 4 y el 7 de abril de 1939 miles de refugiados civiles, sindicalistas, militares y políticos republicanos que no pudieron escapar a través del puerto de Alicante. Por allí, en unas pésimas condiciones, pasaron entre 12.000 y 16.000 presos en los periodos de mayor ocupación. 

Los fusilamientos se iniciaron en la segunda quincena de mayo a plena luz del día y ante los miles de prisioneros, que eran obligados a cantar el Cara al Sol e incluso a desfilar ante los cadáveres. Durante las siguientes décadas, los nuevos propietarios de las parcelas descubrían periódicamente restos óseos mientras labraban los campos. 

“La munición que nos sale es muy importante”, apunta Felipe Mejías. “El lugar donde aparece nos da información fundamental y nos sirve para saber dónde se disparaban fusiles en el campo de concentración. Además, la munición percutida nos sale en los sitios donde los prisioneros nos dicen que fusilaban a la gente”, agrega el arqueólogo, quien destaca como “fundamentales” los testimonios orales recogidos.

Aunque se trata de conclusiones provisionales, la munición aparece en mayor medida entre las dos vallas que perpetraban el campo, donde se situaban los guardias y las torres de vigilancia. “Hay una cierta tendencia a que la munición aparezca en ese espacio”, señala Felipe Mejías.

Tras el hallazgo durante la segunda campaña arqueológica del 2021 de un barracón, de 60 metros de longitud por siete de ancho, los trabajos han hallado monedas republicanas, una insignia del sindicato de ferroviarios de la UGT y objetos personales, presumiblemente de los prisioneros, como tapones de pomadas para tratar la sarna. “Incluso hemos encontrado una moneda de la República francesa de 1931, que pudo haber llegado en el bolsillo del algún reo o de algún brigadista”, reseña Mejías.

Los objetos son sometidos a una “conservación preventiva”. “Hacemos una limpieza somera, les quitamos la tierra y los secamos para poder interpretarlos. Luego hacemos un inventario y una ficha describiendo cada uno que incluye el material, la cronología, se fotografía individualizadamente y se deposita en bolsitas con códigos para el Museo Arqueológico Provincial de Alicante”, explica el responsable de la investigación.

El cuidado trabajo de los arqueólogos persigue localizar las fosas del campo de concentración y abrir una suerte de lugar de la memoria didáctico. Gracias a una foto aérea de la época, los investigadores han podido trazar el mapa sobre el terreno del campo de Albatera, actualmente dividido en varias parcelas privadas. “Hay trabajo para años, es mucha superficie que estudiar”, indica el arqueólogo.

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