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Mi planta tiene moho blanco: ¿qué hago?

Moho blanco en la tierra de una planta

Si vemos que la tierra de nuestras plantas se está poniendo blanca, debemos preocuparnos. Esta capa blancuzca es moho, que puede afectar tanto al suelo como a las hojas de nuestras compañeras vegetales de piso.

Básicamente, nuestra monstera o nuestro querido poto está lanzado un mensaje de emergencia que se traduce en dos escenarios: o está recibiendo demasiada agua o le falta luz. Pero que no cunda el pánico, porque tiene remedio.

Esta capa blanca es, técnicamente, un hongo saprofítico, que vive en el suelo y que se alimenta de material vegetal en descomposición. Pero podemos rescatar a nuestra planta con estos cuatro pasos.

Paso 1. Líbrate de esa capa blanca de moho 

Lo primero es aislar a la planta, ya que el moho (sus esporas) pueden extenderse rápidamente a otras macetas. En una zona ventilada, saquemos la planta de su maceta para valorar el problema y, de paso, echar un buen vistazo a sus raíces: en caso de encontrar raíces blandas o podridas, démosles un buen tijeretazo. 

Ahora, con ayuda de una pala o rastrillo de jardinería, hay que retirar los primeros entre seis y diez centímetros de tierra, los más superficiales, para reemplazarlos con nueva tierra para plantas. Si el moho no lleva demasiado tiempo en la planta, este pequeño truco debería bastarnos. 

Ahora bien: si no es el caso, y el hongo ha logrado llegar a mayor profundidad, o vuelve a aparecer a las pocas semanas, necesitamos cambiar toda la tierra de la maceta, y trasplantar a nuestra compañera vegetal de vida.

Para ello, conviene utilizar un buen sustrato o compost orgánico, especial para plantas, porque sabremos que el drenaje será bueno. ¡Justo lo que necesitamos para que no se acumule el agua, y no vuelva a salir el dichoso moho!

Otro truco: añadir perlita o gravilla de jardinería aligera el suelo y evita que se compacte, como contamos cuando hablábamos del mejor sustrato para nuestros cactus y suculentas. Cualquiera de estas dos opciones mejorará el drenaje.

Otro consejo más: podemos cubrir la superficie de la maceta con una capa de bolas de arcilla expandida, que controla la humedad y evita que el moho vuelva a aparecer. 

Paso 2. Limpiar la maceta con jabón y bicarbonato

También necesitamos limpiar la maceta, con jabón para la vajilla (un detergente normal), un poco de bicarbonato y agua. Las abuelas tenían razón: el bicarbonato actúa como un abrasante ligero, que ayuda a rascar el moho del interior de la maceta bastante bien.

El bicarbonato no ataca a los hongos, como a veces se dice, pero sí es un muy buen agente deshidratador, que elimina el agua de las superficies (justo lo que los hongos adoran). Y dejemos secar la maceta completamente antes de llenarla de nueva tierra. [Aquí van otras siete utilidades de la sal de bicarbonato que tal vez desconoces.]

Paso 3. Limpia bien las hojas

Después, hay que limpiar las hojas afectadas con agua, antes de secarlas bien con un papel de cocina; uno por cada hoja, para no extender el moho. Además, hay que retirar o cortar cualquier hoja que esté dañada o muerta.

Para que esta limpieza resulte más efectiva, podemos utilizar un fungicida ecológico, o hacernos uno nosotros mismos en casa: para ello, necesitamos una cucharada de bicarbonato sódico (por los mismos motivos que contábamos antes), media cucharadita de jabón líquido, una cucharada de aceite de horticultura (lo encontramos con este nombre en viveros) y medio litro de agua.

No nos saltemos el aceite porque, además de tener propiedades antifúngicas, ayuda a que la mezcla quede bien adherida al hongo. 

Paso 4. Si la cosa es grave, corta un trozo de tallo sano

Si la planta está muy afectada, démosle un buen corte para devolverle su vitalidad; basta con que nos quedemos con un trozo de tallo sano. Podemos meterlo en tierra para que vuelvan a salirle raíces; o sumergir parte en un tarro con agua: este truco sirve para multiplicar gratis muchas de las plantas de interior; y que vuelva a rebrotar.

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