La comedia en Barcelona: de micros abiertos en bares a llenar teatros con monólogos
“Somos la cantera de los monólogos en Barcelona. Muchos de los humoristas que ahora llenan teatros empezaron aquí”. Con esta rotundidad se expresa Juanjo Ferrer, propietario del bar El Medi, en el 129 de la calle de Balmes, en el corazón de Barcelona. Suscriben sus palabras los cómicos y cómicas consultados para este artículo sobre el stand-up comedy en Barcelona, una ciudad con más de medio centenar de espacios de todos los tamaños entregados a la comedia.
Ferrer responde las preguntas del elDiario.es frente a la puerta del local, mientras echa un pitillo rápido. Son las ocho de la tarde de un miércoles gris, acaban de subir la persiana y la gente ya está cogiendo sitio para troncharse de risa. “El 80% de la programación por las tardes son monólogos y por la noche solo hay música en directo”, puntualiza el empresario del establecimiento con capacidad para unas 60 personas sentadas. “Muchas noches se llena y no cabemos”, asegura.
Su bar de copas y cócteles entró en el circuito de la comedia recogiendo el testigo de su otro local, 37 Grados, situado a unas pocas calles. “En 2005, David Guapo vino a hacer una prueba como músico con su guitarra. Se presentó con su nombre real, David Callejón”, recuerda Ferrer. Entonces, ya iba introduciendo el humor entre tema y tema y eso gustaba al público. Así que, desde el bar, decidieron dedicar una noche de micro abierto con él ejerciendo de maestro de ceremonias. Cuando el 37 Grados cerró, toda la actividad chistosa se concentró en El Medi.
Ese bar vio nacer a un pionero del videopodcast como ‘El sentido de la birra’, el espacio de humor y entrevistas dirigido por Ricardo Moya. Una placa de YouTube, el reconocimiento físico que la popular plataforma otorga cuando un canal o creador supera los 100.000 suscriptores, acredita su vinculación. “Aquí comenzó Ricardo”, recuerda con orgullo Ferrer, “entrevistando sobre todo a cómicos, y luego a todo tipo de personalidades. Le dejaba las llaves; venía cuando quería”.
Otros nombres conocidos de la comedia y el espectáculo como Berto Romero, Charlie Pee y Tomás Fuentes también empezaron en El Medi, continúa Ferrer, quien presume de tener un póster de Eugenio con un elevado valor sentimental. “No, aquí no empezó Eugenio, ya me gustaría. Pero sí te puedo decir que me lo regaló Gerard, uno de sus hijos”, subraya con una sonrisa, poco antes de que empiece otra velada de micro abierto.
Prueba y error en los open mics
Sube el volumen de la música en El Medi y aparece en el escenario Josep Maria Raventós, Rave para los amigos. Él se encargó de escoger a los siete participantes en este open mic y también los irá presentando. Entre gritos, con su estilo estridente, muy físico. “Cuando programo, busco una mezcla de gente que empieza, personas con más recorrido y también algún colega que ya sea profesional”, apunta el maestro de ceremonias. Todos tienen el mismo tiempo, unos ocho minutos, y la taquilla es inversa.
La primera participante es una cómica aficionada, docente en una universidad privada. “Con 44 años que tengo solo puedo decir que soy una joven promesa en la uni”, suelta Andrea. La sala se llena de risas, empieza bien. ¿Será el público de El Medi agradecido? “Cada tarde es un misterio. Viendo las cuatro primeras reacciones de la gente, ya puedes ver por dónde irá la cosa”, cuenta Raventós, un veterano de los open mics que acabó apostando por la comedia después de trabajar de “muchas cosas”.
Su vocación artística, dice, pudo más que la seguridad económica. Ahora hay muchos más cómicos y cómicas, también muchas más salas para hacer comedia que cuando empezó, hace 20 años. “Ayudó mucho el programa El club de la comedia, que hizo llegar los monólogos al gran público”, asegura. De hecho, ahora hay tantos humoristas que, para participar en los open mics, es necesario apuntarse antes. Hace años, recuerda, no era necesario. Podías llegar al local y apuntarte en ese mismo momento, como el que entra en el karaoke bar.
Pódcast de humor en vivo
Actualmente, la principal ocupación de Raventós es el podcast de humor ‘Vull ser’, un espacio totalmente independiente y autoproducido que realiza junto al también cómico Dani Morlà. Monetizan su trabajo organizando programas especiales con público, donaciones o micromecenazgos. Suelen grabar en la librería La Llama Store, situada en la calle de Tamarit, en el barrio de Sant Antoni. “La Llama es otra pieza clave del humor en la ciudad”, asegura. Su trastienda acoge monólogos y podcasts con público y también son impulsores del festival de comedia alternativa La Llama Fest.
Como Raventós, muchos humoristas de stand-up comedy han encontrado en los podcasts y videopodcasts independientes una extensión del escenario. Ahí está el tándem Ignasi Taltavull y Tomàs Fuentes, creadores y conductores del exitoso ‘La Ruïna’, con más de 187 mil suscriptores en YouTube. O Magí Garcia Modgi, pieza imprescindible en ‘La Sotana’, un referente en la podcastfera catalana con más de 400 episodios emitidos.
“Supongo que hay gente joven que ha empezado a hacer su propio pódcast con amigos después de escuchar 'La Sotana'. Debe ser así, porque nos invitan a muchos podcasts”, comenta Modgi, de 43 años. “Creo que hemos contribuido a generar la sensación, totalmente errónea —continúa—, de que se puede vivir bien haciendo lo que te gusta con tus amigos. Es mentira. No se puede vivir de eso. No lo hagáis. Pero lo podéis intentar”.
Modgi empezó su carrera humorística colaborando en la versión web de El Jueves. Eso sí, sin dejar la jornada completa en el Bus Turístic de Barcelona. Tenía 30 años y la llamada del stand-up comedy no tardó mucho en llegar, explica. Se apuntaba a todos los micros abiertos que podía, martes y jueves noche. “Ahora lo pienso y son unos horarios demenciales. Debía ir a trabajar con una pinta horrible”, bromea quien finalmente ha conseguido vivir principalmente de la comedia después de casi nueve años.
Además de ‘La Sotana’, que se sostiene con un sistema de micromecenazgo y espectáculos en teatros, gana dinero con guiones por encargo y colaboraciones televisivas, que le permiten vivir razonablemente bien: “No depender de un solo empleo es la única forma que he encontrado de no tener miedo de decir las cosas que quieres decir en ese trabajo, lamentablemente”.
Como Modgi, la humorista Irene Minovas, de 43 años, también hace muchas cosas porque “vivir únicamente del stand-up en ese país es muy difícil”, explica. En su caso, con una larga trayectoria como actriz, apostó por los monólogos para tener más control sobre su carrera. “Puedes preparar tu propio texto y presentarlo, hacer y deshacer tú misma; no tienes que estar esperando a que te llamen para trabajar”, argumenta una catalana que se visualiza en Madrid para tener más oportunidades laborales: “Estoy en mi mejor momento profesionalmente hablando, pero todavía podría irme mejor. Me veo en un futuro trabajando en Madrid, pero no viviendo. Muchos van y vienen”.
Con un pie en la carcajada madrileña
“En Barcelona hay entre 50 y 70 espacios en los que puedes hacer monólogos; y en Madrid hay alguno más, pero no muchos más”, sostiene el humorista Pablez, nacido Pablo Fernández, de 31 años, quien vive a caballo entre las dos ciudades desde octubre de 2023. El circuito humorístico en la capital catalana es rico y diverso, con espacios como el Teatre Coliseum (1.400 butacas) y establecimientos que acogen comedia en vivo con capacidad para unas 40 personas como La Off o Macabra Bar.
“La comedia es un mundo muy difícil. Muy pocos ganan mucho dinero, y muchísimos ganan muy poco y tienen que dedicarse a otras cosas para vivir. Existe también una clase media, muy reducida, que puede vivir de sus chistes, quizá más en Madrid que Barcelona”, añade Pablez.
Este cómico nació y creció en el barrio de Bon Pastor de Barcelona, se licenció en Comunicación Audiovisual y empezó a trabajar en una empresa del sector. “Tenía la espinita de actuar y me la quité en 2017 en el Parc de la Trinitat. Ese fue mi primer monólogo con público. Lo organizaba Andreu Buenafuente y había unas mil personas. Quedé segundo, pero lo mejor fue conocer a tótems del humor como Pepi Labrador, Andrea Farina y Beni Pla”, recuerda este joven humorista, quien dejó su trabajo en diciembre de 2019 para perseguir un sueño.
Se apuntó a un curso de guion de comedia en Madrid, encontró trabajo en una cadena de televisión de pago y ahí empezó a conocer la escena y el circuito madrileño del humor. “Allí hay muchos más cómicos porque va gente de todo el país a probar suerte. Piensa que en Asturias, por ejemplo, quizá solo hay un teatro de comedia”, sostiene un cómico que ahora tienen hasta cuatro funciones en marcha. Tres son propias, como ‘La edad del paro’, ‘Ghosting’ y ‘En Bruto’, y la cuarta es ‘Los 30’, con guion de Jorge Santos.
Para Pablez, en términos generales, Madrid tiene un humor más “generalista” y Barcelona tiene un acento más “alternativo”. Coincide en buena medida el cómico catalán Xavi Daura, miembro del dúo Venga Monjas, junto a Esteban Navarro. Para este cómico y colaborador televisivo, hay más trabajo en Madrid principalmente porque en la capital se concentran muchas televisiones y otras empresas del sector audiovisual.
“En Barcelona no hay ni la mitad de trabajo; pero eso nos permite arriesgar más, hacer cosas más extrañas, alternativas y originales”, subraya el responsable del espectáculo ‘Báilenlo’, que está llenando por igual el Golem’s Teatre barcelonés y el madrileño Teatro Alcázar. El primero tiene capacidad para unas 130 personas, mientras que el segundo tiene más de 700 butacas. “Meter a tanta gente en el Alcázar fue un subidón, un récord personal”.
Daura, con más de 51 mil seguidores en Instagram, no olvida sus raíces. Esos primeros monólogos fueron en El Medi de la calle de Balmes, un establecimiento que sigue visitando con cierta asiduidad. “Tiene algo de cueva, de hervidero, donde puedes probar cosas en un ambiente muy receptivo”, destaca el cómico, quien también trabaja en La Llama. Allí organiza un open mic mensual, junto a sus amigos y colegas de profesión Adri Romeo, Ignasi Taltavull, Irene Minovas, Kike García, Tomàs Fuentes y Vanessa Valero.
“En Madrid, con todo lo que tiene, no he encontrado algo parecido a La Llama: una librería con mucha personalidad, un espacio vivo, muy orgánico, que genera una sensación de colectivo”, apostilla.
Curso de stand-up: el humorista también se hace
Joan Antoni Martín Piñol es escritor, humorista, guionista y profesor de comedia. Por este orden, precisa el autor de más de 38 libros publicados, la mayoría de estos dirigidos al público infantil y juvenil. “Desde pequeño quería ser escritor y, de pura casualidad, cuando estaba estudiando Comunicación Audiovisual, acabé haciendo una prueba para unos cazatalentos de Paramount Comedy en 2001”, rememora Martín Piñol, de 47 años, quien comparte en un curso toda su experiencia para combatir el miedo escénico y salir airoso de un monólogo con público.
“Viene gente que se quiere dedicar al humor, pero también médicos, ejecutivos de empresas, profesores… Algunos se apuntan para perder la vergüenza —continúa—, otros porque son actores y quieren tener otros registros… El perfil de los alumnos es muy diverso, lo cual es muy enriquecedor”.
¿El humorista nace o se hace? Martín Piñol responde con una metáfora. Considera que hay personas con un talento innato como Superman, poderosos en este planeta casi sin esforzarse, y luego hay personas que entrenan duro como Batman, humoristas con 20 planes y otros tantos remates listos para ser usados.
“Cuesta mucho destacar y poder vivir de la comedia de una manera sostenida y no angustiosa, pero muchos han encontrado la manera de compaginar el humor con otros trabajos y profesionales. Monetizar no debe obsesionarnos, no siempre es necesario. Como afición es mucho más saludable que los deportes de impacto”, bromea este profesor de stand-up comedy desde 2007.
En los cursos intensivos de Martín Piñol, cada vez hay más mujeres y actualmente rondan el 40% de su alumnado. Una de ellas es Georgina Cordobés, de 32 años, que abandonó la psicología para dedicarse al humor. No hubo ningún momento epifánico; lo más parecido sería la gala de final de curso, también llamada bautizo: “Tuve claro que me quería dedicar a esto, aunque no sea fácil. Estaba muy quemada en mi trabajo, porque de alguna manera trabajaba con los problemas de la gente y eso afectaba a mi vida personal”.
De eso ya hace un año y medio. Ahora trabaja por las mañanas con jóvenes como técnica de prevención en alcoholismo, visitando centros educativos, y por las tardes prepara textos que pone a prueba en El Medi, ese pequeño santuario de la comedia de la calle de Balmes que vio nacer a tantas estrellas del humor.
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