A veces no oigo bien, ¿es sordera?

Sordera o hipoacusia progresiva en personas mayores

El oído es uno de los órganos más pequeños de nuestro cuerpo, pero no por ello el menos complejo. La capacidad que cada persona tiene de oír depende de si factores como la estructura del oído, el nervio auditivo y el área del cerebro funcionan de forma correcta. 

Olvidar cosas con frecuencia, ¿es grave?

Olvidar cosas con frecuencia, ¿es grave?

En el momento en el que aparece algún tipo de problema en una de las partes del sistema auditivo, y este no funciona de la manera normal, es cuando tenemos dificultades para escuchar sonidos, tanto en uno como en los dos oídos. En estos casos suele hablarse de hipoacusia, la pérdida de audición, que puede ser de distintos tipos y de gravedad diferente. 

Qué ocurre cuando perdemos audición

No siempre es fácil saber si estamos perdiendo audición. Aunque en la mayoría de los casos aparecerán algunos síntomas comunes que nos alertarán de que algo puede estar sucediendo. Los más habituales son:

  • Dificultad para escuchar a otras personas con claridad e interpretar bien lo que dicen.
  • Tener que pedir que nos repitan algo.
  • Escuchar la televisión muy alta porque, de lo contrario, no la oímos bien.
  • Tener que concentrarse mucho para escuchar lo que otras personas dicen.
  • Hablar en voz muy alta. 

Se trata de problemas y situaciones cotidianas que indican que puede existir un problema auditivo. Hablamos de pérdida de audición cuando no somos capaces de oír tan bien como una persona cuyo sentido del oído es normal, es decir, cuyo umbral de audición en los dos oídos es igual o mejor que 20 decibelios, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). 

La pérdida de audición puede ser leve, moderada, grave o profunda. De acuerdo con la clasificación del Bureau Internacional de Audiofonología (BIAP), hablamos de pérdidas leves cuando el umbral de audición se sitúa entre 20-40 decibelios; pérdidas medias, entre 41-70 decibelios; severas, entre 71-90 decibelios; pérdidas profundas, entre 91-100 decibelios.

La pérdida auditiva leve, la de menor grado, nos permite escuchar casi todas las conversaciones aunque, de vez en cuando, puede costarnos entender y seguir la conversación de varias personas a la vez. Estos síntomas aumentan si estamos en ambiente ruidosos.

Si las previsiones que hizo a principios de año la OMS no cambian, una de cada cuatro personas tendrá problemas auditivos en 2050 si no se toman medidas para evitarlo.

Posibles causas de la pérdida de audición

Hay varios motivos que pueden conducir a tener dificultades en la audición. Es importante detectarlos y actuar a tiempo para evitar males mayores en un futuro. Los más habituales de la pérdida auditiva temporal son:

  • Cerumen: un exceso de cera acumulada en el conducto auditivo externo actúa como un tapón que bloquea la recepción del sonido. Es uno de los motivos más leves y habituales.
  • Infección de oído: los gérmenes entran en el conducto auditivo y provocan infecciones como otitis. Suelen provocar dolor y pérdida temporal de audición.
  • Perforación o cicatrización del tímpano

En estos casos, se produce un problema en el oído externo o medio que impide que el sonido llegue al oído interno. En estos casos, las personas suelen percibir las voces y los sonidos débiles.

Pero también puede ocurrir que la pérdida auditiva sea permanente. En este caso hablamos de hipoacusia neurosensorial, que aparece cuando los nervios del oído interno se dañan y dejan de transmitir sus señales al cerebro de manera correcta. Las causas suelen ser:

  • Ruidos fuertes: los sonidos muy fuertes pueden dañar las células del oído interno, bien por exposición continua o por un sonido de corta duración pero muy fuerte. La OMS recomienda un límite de 65 decibelios.
  • Pérdida de audición relacionada con la edad: similar a lo que ocurre con la vista, las delicadas estructuras internas del oído se degeneran de forma gradual con el paso del tiempo. Suele aparecer de manera leve, con dificultad al principio para percibir sonidos agudos en entornos ruidosos. 
  • Ciertos medicamentos: un tipo de antibióticos aminoglucósidos tienen un efecto nocivo temporal o permanente en el oído.
  • Antecedentes familiares: un estudio publicado en American Journal of Medical Genetics ha dado con 34 genes que provocan pérdida auditiva, lo que permitiría obtener un diagnóstico más preciso de las causas de pérdida auditiva hereditaria en la mitad de los casos. También permitiría a los padres de un niño con pérdida auditiva averiguar las posibilidades de que un futuro hermano naciera con este problema.
  • Síndrome de Menière: se trata de una enfermedad inflamatoria del oído que provoca mareos y vértigo y pérdida de audición.

Estar atentos a cualquier cambio en nuestra capacidad para oír bien nos ayudará a actuar más rápido y buscar el tratamiento adecuado si es necesario. 

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