Mantequilla y pasas para unas galletas muy británicas y que son perfectas para la merienda

Recuerda enfriar bien la masa antes de estirarla de nuevo

Elena Segura

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Dos finas láminas de galletas de mantequilla con una capa de pasas en medio. Delicadas, fáciles de preparar y deliciosas, las galletas Garibaldi son una receta decimonónica británica. Su delicioso sabor ha hecho que sobrevivan hasta nuestros días, convirtiéndose en una de las mejores pastas para protagonizar una buena merienda. El tiempo también les ha dado un sobrenombre poco apetecible, 'flies graveyard', traducido al español como cementerio de moscas por la forma en la que las pasas escapan de la masa.

No se trata de una elaboración que destaque por su complejidad, todo lo contrario. Es una receta a prueba de los reposteros más novatos. Tampoco requiere de ingredientes especialmente caros, de hecho es probable que la mayoría las tengas ya en casa. Por si fuera poco, su elaboración es rápida si la comparamos con otros postres de su categoría. En una hora puedes tener unas deliciosas galletas perfectas para merienda o un desayuno, las mejores compañeras de un buen té.

Es posible que hasta este momento no hayas relacionado la palabra Garibaldi con unas galletas. A quienes crecieron en los 90 los transportará a aquellos años en los que una conocida orquesta cantaba 'La Ventanita'. Para los más estudiosos se trata de Giuseppe Garibaldi, el militar y político italiano que protagonizó el movimiento de unificación del país en el siglo XIX. Estos últimos no estarán desencaminados si relacionan las galletas con este general italiano. Y es que las galletas deben su nombre a esta figura histórica.

En el año 1853 Garibaldi visitó Tyneside, al noreste de Inglaterra, donde se hospedó durante tres semanas. No se trató de una parada en el camino: en aquella época algunas zonas habitadas por la clase trabajadora se resistieron a la incipiente economía capitalista que se estaba expandiendo en el país. Una de estas zonas fue Tyneside, cuyos radicales establecieron una relación de beneficio mutuo con Garibaldi. De esta unión no solo nació un intercambio político muy fructífero —algunos soldados de Tyneside llegaron a unirse a los esfuerzos de anexión de Italia de Garibaldi—, también surgieron las deliciosas galletas a las que les dio nombre. En el año 1861 fueron fabricadas por primera vez por la empresa galletera de Bermondsey Peek Freans.

Como puedes ver, a diferencia de lo que pueda parecer por su nombre, las galletas Garibaldi son una receta ideada en el Reino Unido. Concretamente, el repostero contratado para idear esta receta fue escocés, John Carr, muy reputado en aquella época. En la actualidad, distintas galleteras siguen comerciando esta receta en un formato de cuatro tiras de cinco galletas cada una.

Receta de galletas Garibaldi

En una hora puedes tener unas deliciosas galletas perfectas para merienda o un desayuno.

Antes de ponerte manos a la obra, es importante que consideres ciertos aspectos técnicos. Es importante que ajustes las cantidades de pasas, puesto que existe la posibilidad de que las galletas queden demasiado secas o con una humedad excesiva en función de cuánto estires la masa, el contenido de agua de tus pasas o la temperatura de tu horno. También deberás tener en cuenta que es recomendable que prepares esta receta con una batidora de varillas a mano con el fin de simplificar el proceso de elaboración de la masa. Para preparar unas galletas Garibaldi necesitarás los siguientes ingredientes:

  • 150 gramos pasas: pueden ser sultanas o de corinto, pero debes asegurarte de que elijas una variedad sin semillas y de tamaño pequeño o medio. Una pasa moscatel, aunque deliciosa, podría ser demasiado grande para esta receta. La pasa que elijas también alterará el aspecto final de estas galletas. Con una pasa sultana el relleno de las galletas tendrán un tono dorado, mientras que con las de corinto las pasas contrastarán con el color de la masa.
  • 280 gramos de harina
  • 110 gramos de mantequilla
  • 75 gramos de azúcar glasé
  • 95 mililitros de leche
  • Un huevo
  • Una pizca sal

En primer lugar, debes asegurarte de que la mantequilla esté bien blanda y el huevo a temperatura ambiente. Podrás atemperar ambos en la encimera y, en el caso de la mantequilla, podrás pomarla ligeramente en el microondas.

Tras esto, podrás batir la mantequilla y el azúcar glasé con la ayuda de una batidora de varillas hasta obtener una textura cremosa. Añade el huevo y no dejes de batir hasta que todo quede homogéneo.

A continuación incorpora la harina, la sal y las pasas. Mézclalo todo bien con suavidad y con la ayuda de una lengua de repostería o de una cuchara grande.

Dispón una lámina de papel film sobre tu encimera limpia. Coloca la masa y cúbrela con otra lámina de film. Estira bien hasta conseguir un rectángulo plano, que podrás perfeccionar recortando los bordes con la ayuda de un cuchillo.

Deja que enfríe en la nevera unas dos horas. Pasado el tiempo, precalienta el horno a 160 °C grados.

Coloca un papel de horno sobre su encimera y coloca la masa encima, retirándole el film. Vuelve a estirarla con un rodillo hasta conseguir un grosor de unos cuatro centímetros. Aunque, como hemos comentado, se trata de una receta fácil de preparar, es importante que la masa esté bien fría en el momento en el que vas a estirarla. De lo contrario, será demasiado quebradiza y difícil de manejar.

Deposita la masa con el papel de horno a una bandeja y hornea durante unos 10 o 15 minutos, o hasta que la masa tenga un ligero tono dorado. Antes de que se enfríe, pártela en sus características tiras.

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