En el mundo moderno, para muchas personas, la jubilación es el equivalente al cielo que prometen las religiones, un premio, una recompensa a una vida de esfuerzo. Levantarse sin alarma, recuperar el tiempo perdido, hacer por fin lo que siempre quisieron hacer.
Sin embargo, los datos vienen a aguar la fiesta. Un estudio con 48 países OCDE publicado en 2026 y que abarcó 16 años de registros calculó que cada año adicional de trabajo antes de jubilarse se asocia con una reducción del 11% en el riesgo de mortalidad por todas las causas. Según pudo confirmar este estudio realizado por la Universidad de Shanghái, la asociación entre seguir activo laboralmente y vivir más era independiente del nivel de riqueza del país y del gasto sanitario.
Sin embargo, la relación no es lineal, ni la jubilación marca un antes y un después. Una revisión sistemática de 25 estudios publicada en 2020 encontró que el mayor riesgo de mortalidad asociado a la jubilación ordinaria desaparecía por completo cuando se tenía en cuenta el estado de salud previo de los participantes. Quienes se jubilan a tiempo no mueren antes porque dejan de trabajar. Muchas veces se jubilan porque ya estaban menos sanos. La causalidad, en este caso, va en dirección contraria.
El andamiaje vital que da el trabajo
El problema es complejo, pero eso no significa que el impacto de la jubilación se pueda ignorar. Según la psicóloga clínica Irene Huéscar, lo que está en juego va mucho más allá de tener más tiempo libre: “El trabajo organiza nuestros días, nuestra identidad y nuestras relaciones, y la manera en que sentimos que tenemos un lugar en el mundo”, afirma. Cuando ese andamiaje desaparece de golpe, lo que queda es un vacío que no siempre se sabe llenar.
“La jubilación es una transición vital en muchos aspectos”, explica Huéscar, que apunta a que la jubilación exige mucho más de lo que parece. “Implica una reorganización de la identidad, de los vínculos, y no simplemente un cambio de agenda”. Esa reorganización no llega por sí sola al dejar de trabajar. “Hay que transitar un duelo por la vida anterior. La jubilación también trae la imagen del final de la vida, como un lobo al que empiezan a asomarle las orejas”, añade la psicóloga.
Hay que transitar un duelo por la vida anterior. La jubilación también trae la imagen del final de la vida, como un lobo al que empiezan a asomarle las orejas
Para la doctora Silvia de Blas, médico de familia y parte del grupo médico Ordovás, especializado en geriatría, una parte muy importante de la ecuación tiene que ver con el movimiento y la actividad: “La vida laboral nos mantiene activos. Quieras o no, tienes que desplazarte, moverte, tienes mucha estimulación mentalmente”.
Los efectos fisiológicos de la jubilación no dependen del momento en que se empieza a recibir la pensión, sino de que, en muchos casos, coincide con un aumento del sedentarismo, cambios en los patrones de alimentación y una reducción del contacto social. Todas estas actividades, que antes estaban automáticamente asociadas al trabajo, ahora son elementos de la vida que hay que hacer a propósito.
El trayecto al trabajo, las escaleras de la oficina, la reunión a la que había que llegar corriendo han desaparecido, y la suma de esas actividades tenía un impacto importante en el equilibrio de la salud. En su lugar pueden aparecer conductas problemáticas. “El aumento del consumo de alcohol o el sedentarismo no dejan de ser síntomas del arco de la depresión”, confirma Huéscar.
El peso de la pérdida del propósito vital
Un metaanálisis de 2021 encontró que la jubilación se asocia con un mayor riesgo de síntomas depresivos, especialmente en las personas que a quienes esa transición les pilló por sorpresa, como muchos prejubilados. La pérdida de propósito, la reducción de los vínculos sociales y la sensación de no tener un lugar en el mundo son los mecanismos que los autores identifican como responsables.
La doctora De Blas comenta que, a veces, esta dejadez se justifica en consulta diciendo “es que soy mayor”, a lo que ella responde “¿estás así porque eres mayor o estás mayor porque estás así?”. Para la facultativa, es un camino de dos direcciones, en el que la jubilación puede traer depresión, y la depresión puede acelerar el envejecimiento biológico.
Los efectos sobre la cognición no son tan directos, al menos al principio. Una revisión sobre jubilación y cognición no encontró efectos negativos sobre la cognición en general, pero sí detectó un pequeño efecto negativo sobre la memoria. La estimulación mental que aporta el trabajo importa, pero no es irremplazable, y se puede sustituir por otras actividades que exijan al cerebro mantenerse en forma.
La salud en la jubilación empieza años antes
Tanto desde el punto de vista fisiológico como psicológico, lo que ocurre después de la jubilación depende en gran medida de lo que vino antes. “Una mala jubilación tiene también que ver con la historia previa que tiene la persona”, dice Huéscar. “Estás recogiendo los frutos que has sembrado”, corrobora la doctora De Blas. El capital de ejercicio físico, de salud, de relaciones y de hábitos saludables acumulado durante los años de vida activa es otra forma de protección para la jubilación, y para De Blas, “eso empieza 20 años antes”,
Los estudios confirman que las personas que llegan a la jubilación con redes sociales activas, con proyectos propios, con hábitos de ejercicio consolidados y con una identidad que no depende exclusivamente de su trabajo parecen atravesar la transición con mucha mayor facilidad.
El capital de ejercicio físico, de salud, de relaciones y de hábitos saludables acumulado durante los años de vida activa es otra forma de protección para la jubilación
El estrés, verdugo y aliado
En principio, dejar el estrés del trabajo debería ser una liberación. Sin embargo, la ausencia total de exigencia puede resultar más dañina que una carga moderada. “Ahora mismo el estrés lo tenemos muy demonizado, pero el estrés es fundamental en la vida”, dice la doctora De Blas. La investigación sobre el envejecimiento indica que una estimulación moderada, la necesidad de resolver problemas, de adaptarse, de planificar, es lo que mantiene el cerebro y el cuerpo en forma. El término técnico es hormesis, una dosis mínima de un estresor que resulta beneficiosa y fortalece en lugar de dañar.
La palabra clave aquí es la dosis. Un trabajo que nos agota, que daña la salud o que exige sacrificar relaciones familiares y sociales y hábitos saludables no tiene el mismo efecto protector que uno que estimula, pero sin aplastarnos.
Cómo preparar la jubilación y mantener la salud
Al igual que se prepara la jubilación financieramente con diversos sistemas de ahorro, conservar la salud también exige previsión, y el fallo casi siempre está en la falta de preparación. “Uno envejece acorde a la vida que ha llevado”, dice Huéscar. Vale la pena, por tanto, “anticipar qué relaciones queremos cuidar, qué actividades nos interesan, qué proyectos nos gustaría desarrollar y qué lugar queremos mantener en nuestro entorno”, recomienda la psicóloga.
Otras alternativas incluyen un aterrizaje más suave, con una reducción progresiva de jornada, el trabajo a tiempo parcial o el voluntariado, actividades que pueden conservar gran parte de los beneficios del trabajo y que son compatibles con la jubilación. El objetivo no es seguir trabajando para siempre, sino, como dice Huéscar, “aprender a disfrutar de un tiempo que no tiene que justificarse por su productividad”. Llegar a ese punto con salud, buenas relaciones y un sentido de propósito en la vida es el trabajo que hay que hacer antes de que llegue la fecha.
Darío Pescador es editor y director de la Revista Quo y autor del libro Tu mejor yo.
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