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En España no hay macrogranjas

El presidente del PP, Pablo Casado.

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En El País del 14 de octubre de 2001 aparecían de manera destacada las declaraciones de Javier Arenas, en las que afirmaba de manera tajante que "el PP es incompatible con cualquier tipo de corrupción". Buena parte de los lectores, prácticamente todos los que tienen menos de 40 años, no tendrán el recuerdo de lo que el secretario general del PP decía en aquellos años, aunque seguro que sí han ido acumulando información sobre la corrupción del PP desde que aquellas palabras fueron pronunciadas. Han sido tantas las ocasiones en las que la corrupción del PP ha sido acreditada, que las palabras de Javier Arenas suenan a chiste.

Sin llegar a ese nivel, porque es imposible pero de forma similar, la dirección del PP, tanto la nacional como la de Castilla y León, empieza a argumentar de la misma manera tras la reacción que se está produciendo a su manipulación de las palabras del ministro Alberto Garzón en su entrevista en el diario The Guardian.

Una vez que está quedando de manifiesto de manera palmaria que Garzón no hizo una crítica del sector en su integridad, sino que se limitó simplemente a hacer una crítica de las macrogranjas, la dirección del PP se ha situado en una posición negacionista radical, descartando que en nuestro país existan explotaciones ganaderas que puedan ser calificadas como tales. 

Si el PP era "incompatible" con la corrupción en 2001, el sector ganadero español es "incompatible" con las macrogranjas en 2022. Esta es la posición en que se está situando la dirección del partido. El lector que esté interesado basta que escriba "en España no hay macrogranjas" y dé al buscador para encontrar las referencias. Como consecuencia de ello, las críticas del ministro Garzón en la entrevista al periódico inglés tienen que hacerse extensivas a todo el sector ganadero español y no solo a una parte del mismo, porque no hay parte alguna de dicho sector que pueda incardinarse dentro de lo que se califica de macrogranja.  

Y este es un argumento que no cuela. Porque a estas alturas ya todo el mundo conoce lo que el ministro realmente dijo y porque los mismos empresarios de las explotaciones ganaderas son los menos interesados en que el debate continúe en los términos en que la dirección del PP lo ha planteado. 

Tengo la impresión de que la campaña se le va a hacer larga a Pablo Casado. Por lo pronto ha tenido que abandonar la idea de celebrar plenos en los ayuntamientos y en los parlamentos de las Comunidades Autónomas para exigir la dimisión o destitución del ministro. Entre otras razones, porque si pensaba contar con la complicidad de determinados presidentes socialistas, tal complicidad se ha venido abajo. Después del ridículo que han hecho Javier Lambán y Emiliano García Page, no creo que tengan ganas de seguir por el camino andado estos últimos días.

¿Piensa realmente Pablo Casado que puede mantener hasta el 13 de febrero su campaña centrada en la manipulación de la entrevista de Garzón? He visto el corte que han dado en la televisión de sus palabras en la explotación de Ávila este viernes y me he quedado sorprendido por la vacuidad de las mismas. Cuanto más énfasis ponga en denunciar al ministro, más evidente resultará que no puede hacerlo de manera que pueda persuadir a nadie que no esté ya previamente persuadido. 

Las macrogranjas, mejor dicho, la negación de las mismas se le va a atragantar en más de una ocasión en estas próximas semanas. Durante unos días parecía que la manipulación de las palabras del ministro iba a tener mucho rendimiento. En muy poco tiempo se está viendo que no es así. Las macrogranjas que denunció Garzón existen en España  de la misma manera que existe la corrupción en el PP. Por mucho que Pablo Casado lo niegue. 

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