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Cultura

Películas malas que amamos de forma "genuina": una zona de tregua contra el cine de culto

Una iniciativa viral anima a sincerarse con esas cintas suspendidas en Rotten Tomatoes y que, sin embargo, ocupan un espacio en nuestro corazón cinéfilo

Silent Hill, Constantine, Fast and Furious o Princesa por sorpresa: todo cabe en este cajón de sastre que ha conseguido firmar un pacto de no agresión entre los usuarios de Twitter y donde lo peor valorado puntúa doble

“Cuando la gente habla de unpopular opinions se refieren a odiar algo que todo el mundo venera. Pero venerar algo que todo el mundo odia es mucho más difícil"

'Dos rubias de pelo en pecho', una de las más seleccionadas

'Dos rubias de pelo en pecho', una de las más seleccionadas

La historia de Rotten Tomatoes, el agregador de críticas de cine más famoso del mundo, empezó con una película que probablemente hoy suspendería en el tomatómetro: Hora Punta. El universitario y fan acérrimo de Jackie Chan, Senh Duong, recopiló en una primitiva página web todas las reseñas que se habían escrito en chino de la filmografía del actor antes de su llegada a Hollywood en 1998.

La idea surgió tal cual la conocemos en la actualidad: un manchurrón verde de tomate podrido para representar el fiasco y un sello de calidad para simbolizar la excelencia. En el punto medio estaría todo lo demás encarnado en un vulgar tomate rojo.

Es de una ironía fantástica que la página que ha despertado la ira de Martin Scorsese y de Meryl Streep comenzase su andadura con una comedia de Chan ninguneada por la industria. Hora punta aún conserva su 60% de la crítica y su impresionante 78% del público. Una reivindicación de lo difícil que es medir el goce y el disfrute de una película en cifras, como demostró la última campaña que se ha hecho viral en Twitter.

Todo comenzó con una viñeta que invitaba a compartir una "opinión impopular positiva" sobre una película. "Cuando la gente habla de sus opiniones impopulares, normalmente se refieren a odiar algo que todo el mundo venera. Pero venerar algo que todo el mundo odia es mucho más difícil". Las reglas eran claras: "te tiene que gustar de forma genuina (nada de tan mala que es buena), debe haber aparecido en tu vida adulta después del 2000, y ha de tener menos del 50% en el tomatómetro de Rotten Tomatoes".

Silent Hill, Constantine, Fast and Furious o Scooby Doo fueron ensalzadas en masa por los usuarios en un baile fantástico de títulos que han sido desprestigiados o, peor aún, enterrados en el imaginario cinematográfico de las dos últimas décadas. Más allá de un ejercicio de sinceridad personal, esta campaña ha puesto sobre la mesa la tendencia de las redes sociales a uniformar las opiniones.

"Las redes funcionan como amplificador de los consensos, lo que es paradójico. Twitter, en particular, permite la distinción y los espacios alternativos, pero en el fondo terminan siendo sepultados por la gran masa", dice Jordi Sánchez Navarro, director de Estudios de Ciencias de la Información de la UOC, a eldiario.es. Como experto en cultura fan y tendencias en el cine de entretenimiento, el profesor asegura que cuantitativamente los géneros minoritarios gozan de una gran popularidad, solo que sus seguidores han sido relegados a los márgenes de Internet.

Estos son, según Sánchez Navarro, "la fantasía, la acción, el terror y la comedia". Basta con un primer vistazo a la iniciativa de Twitter para comprobar que la mayoría de las cintas pertenecen a esos géneros y que casi todas suspenden en Rotten Tomatoes con un porcentaje funesto. "Es la reivindicación del cine fallido que ocurre casi siempre, como muestran los Razzies (los premios al cine "malo"), que inmediatamente generan una corriente de solidaridad con los títulos seleccionados", explica el experto.

Judi Dench en 'Cats'

'Cats', la película más nominada en los premios Razzie 2020

Al final, "se trata de un acto de distinción, que es en lo que se basan todas las relaciones culturales. La burguesía ha seleccionado sus propias películas, novelas, textos y música desde tiempos inmemoriales para distinguirse de la masa". Una lucha de David contra Goliat donde el gigante serían los producto mainstream que lideran la taquilla mientras que el cine de culto, que cada año se selecciona en los certámenes internacionales y acapara el debate popular, sería el diminuto vencedor.

"Lo mainstream ahora, curiosamente, es cierto cine de autor europeo. Cuando vas a ver una película de Haneke haces un acto de distinción y al final se convierte en mainstream porque es lo que todo el mundo con gusto oficial va a ver", explica Sánchez Navarro. En esta difusión del gusto oficial han tenido mucho que ver las redes sociales, donde el arte de aparentar ha soterrado las preferencias personales y genuinas que reivindica esta campaña.

La autenticidad del proyecto radica en que no lo marca la calidad ni el diálogo mediático. "Me gusta especialmente porque recupera lo que se queda en tierra de nadie, es decir, estas películas que no tienen el gran favor de la crítica y tampoco del público", explica el docente. "Nadie va a elegir Los vengadores o Melancolía, de Lars Von Trier, sino marcianadas como El ciempiés humano o Top gun", defiende. Y, por primera vez, sin el miedo a recibir un alud de críticas amparadas por el anonimato de las redes sociales.

Pacto de no agresión

Una de las enormes virtudes de la campaña se basa en ese pacto tácito de no agresión entre usuarios, algo inédito en una red social conocida por sus enfrentamientos. "Es una zona de tregua temporal donde podemos abrirnos sobre las películas malas que nos gustan sin que nadie lo cuestione, que es algo permanente entre los insultos de Twitter", expresa el profesor.

Todo cabe en este cajón de sastre sin importar las lecturas políticas y mucho menos las puntuaciones de Rotten Tomatoes. De hecho, cuanto más baja sea, mejor. Este sería el caso de Guerra de novias (con un 11%), Dos rubias de pelo en pecho (15%) o Trece fantasmas (15%), con las que los usuarios han mostrado más empatía que con otras de mejor porcentaje. En este alto al fuego, el patetismo sin tapujos puntúa doble.

Por último, que el baremo haya sido el tomatómetro de los críticos en lugar de la puntuación de la audiencia es una elección más elocuente de lo que a priori parece. Para Sánchez Navarro, por ejemplo, es un grito contra el gusto profesionalmente impuesto por quienes se dedican a la crítica cinematográfica como forma de vida.

"Esto es muy problemático. La opinión cinematográfica entra en la lógica del SEO y del posicionamiento, así que me parece inútil construir un indicador de aprobación cuando lo que hacen las críticas es dialogar con las películas. Tú no puedes reducir el texto de una persona a un número. ¿Qué debe tener una crítica para que califique de 'buena' a Fast and Furious? Esas películas movilizan a niveles muy distintos”, opina el experto.

En contra de las medias y de los algoritmos, está el criterio "genuino". En una época en la que las cinco estrellas y el número de Rotten Tomatoes o FilmAffinity decantan la taquilla más de lo que pensamos, en Twitter se ha impuesto la nostalgia y el gusto visceral. El mismo que llevó a un joven Senh Duong a empezar una página web con la incomprendida Hora Punta y el aún más incomprendido Jackie Chan.

Ahora, su empresa es una de las más visitadas en el mundo, de las que más cotiza en bolsa y de las más influyentes en una industria arbitraria. Las películas nominadas a los Oscar, por ejemplo, son algunas de sus grandes beneficiadas. Por eso, lanzar un tomate podrido contra sus marcadores ha sido un boicot espontáneo y oportuno de cara a los premios más importantes, predecibles y consensuados del planeta.

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