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El beso lésbico de 'Lightyear' es la excepción: el cine familiar esconde la diversidad sexual

Buzz Lightyear junto a Alisha Hawthorne, el personaje LGTB que ha levantado la polémica

Javier Zurro


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Un beso entre dos mujeres. Un simple beso en una escena fugaz, de apenas 30 segundos, ha provocado una oleada de comentarios reaccionarios en redes sociales contra Lightyear, la película de Pixar y Disney que se ha estrenado en salas hace apenas dos semanas. Para ellos, se trata de un acto de adoctrinamiento en vez de una simple muestra de normalidad y de la diversidad sexual que existe en nuestra sociedad. Nunca hubo una queja porque los padres del resto de películas fueran heteronormativos, pero en esta ocasión han aprovechado para atacar a un colectivo infrarrepresentado en el audiovisual.

El cine y las series han comenzado a abrirse al colectivo LGTBI, que empieza a aparecer como protagonistas o secundarios, pero siempre desde el cine adulto. Sin embargo, el cine familiar ha perpetuado los mismos patrones y los sigue perpetuando. La escena lésbica de Lightyear es una excepción, y así lo demuestran las quejas de los trabajadores de Pixar, que ante la aprobación de la calificada como ley 'Don’t say gay' , escribieron una carta denunciando que desde Disney se habían censurado todos los contenidos LGTBI que se habían propuesto en los guiones. Incluso el beso de Lightyear estuvo en peligro. Un vistazo al cine familiar y de animación para todos los públicos que ha triunfado en taquilla en los últimos diez años confirma que no hay hueco para la diversidad sexual en estos productos.

Jesús Generelo, asesor en materia LGTBI del Gabinete de la Ministra de Igualdad, confirma que la presencia LGTBI en los personajes de este tipo de cine es “muy, muy limitada”, pero quiere “ser optimista”. “Creo que empieza a haber signos de apertura, aunque sea muy tímida, pero hay algunos gestos que son visibles para toda la gente, y otros que son visibles para las personas LGTBI, que estamos preparadas para captar cualquier signo de referencia, cualquier espejo en el que podamos mirarnos, y en esto hablo del caso de Frozen, por ejemplo, que hubo polémica sobre si Elsa era lesbiana o si debería ser más explícita o no. Hay pequeñas cosas como el beso de Lightyear, pero sí, vamos lentos porque la familia sigue siendo un territorio heteropatriarcal”, apunta.

Este año, además del beso de Lightyear, se ha vivido otro momento importante en este tipo de cine comercial y palomitero. También dentro de una saga popular y querida por todas las familias, la de Harry Potter. En su última entrega, Animales Fantásticos: los secretos de Dumbledore, el protagonista, interpretado por Jude Law, revela que tuvo una relación sentimental con el villano, Grindelwald. Una relación que marca lo que ocurre en la saga aunque se cuente, de nuevo, de forma rápida y en una breve escena. Son las dos únicas obras masivas destinadas a toda la familia estrenadas este año que han incluido una escena en la que se muestra o habla de forma explícita y con alguna importancia. 

En la secuela de Dr. Strange, por ejemplo, se introduce un guiño que es una de las pocas menciones LGTBI de la gran franquicia Marvel, una de las más exitosas y de las más pacatas en este sentido. La protagonista lleva una chapa con la bandera arcoiris en su chaqueta toda la película y tiene dos madres. No se las ve besándose, como en Lightyear, pero al menos se menciona. Muchos niños construyen sus referentes respecto a lo que ven en el audiovisual, y si no ven mujeres trans, parejas bisexuales o familias no normativas, creerán que son excepciones raras. 

A pesar de que las películas de Marvel están dirigidas a un público no tan infantil como el cine de animación, la representación de la disidencia sexual es escasa. De momento, son dos las menciones en un universo que estrena al menos dos títulos al año. La chapa de Dr Strange en el multiverso de la locura y la pareja homosexual de Eternals, estrenada un año antes. La película de Chloe Zhao es, de lejos, el filme más diverso de la franquicia y, por primera, vez, uno de los héroes es abiertamente homosexual y se besa con su marido. Ese 2021 Marvel estrenó otros dos títulos, Spider-Man y Viuda Negra sin que hubiera una mínima representación LGTBI. 

Parece que la figura de la productora argentina Victoria Alonso, una de las mujeres más poderosas en el estudio y que en sus declaraciones públicas apuesta por la diversidad en sus películas, puede ser fundamental para cambiar esto, pero de momento la diversidad está más presente en las jornadas promocionales que en las imágenes. Tessa Thompson, la actriz que interpreta a Valkiria en Thor, reveló en una entrevista que su personaje era bisexual, pero en las películas no ha habido ni rastro de ello, y en la nueva entrega se desliza de forma muy sutil. Hasta ahora no ha habido ningún protagonista que no se mostrara como heterosexual. Costó que introdujeran mujeres como personajes principales, pero los LGTBI sigue siendo una nota al pie. “No pueden quedarse al margen”, apunta Jesús Generelo, que cree que, aunque hay tímidos avances por parte de Marvel, debería ser algo “muchísimo más normalizado”: “No tendría que ser un tema que provocara polémica ni escándalo el que haya superhéroes LGTBI o que haya dibujos animados LGTBI. Los hay en la realidad, así que debería haberlos también en esas películas”. Tampoco la rival de Marvel, DC, ha ayudado en ese sentido. Ninguna de sus películas de su nuevo universo cinematográfico (Wonder Woman, Aquaman…) han incluido ningún personaje LGTBI. SIn embargo, en los cómics, ambas empresas sí se han desarrollado muchísimas historias en las que la diversidad sexual ha tenido protagonismo y que, de momento, no han sido adaptadas al cine.

El dinero no se ha acercado hasta que se han empezado a abrir nichos de mercado, hasta que han empezado a ver que, a lo mejor, no es tan contraproducente en términos económicos

Jesús Generelo Asesor en materia LGTBI del Gabinete de la Ministra de Igualdad

Mientras que en 2022 Lightyear fue la única que introdujo un personaje, ninguna película de Disney o Pixar lo hizo el año anterior. Ni Raya ni Encanto ni Luca. Muchos vieron en esta película sobre dos amigos en un pueblo italiano un Call me by your name animado. Es cierto que el filme hablaba de aceptar al diferente, encarnado en un protagonista que esconde su condición de ser mitad humano mitad pez, pero hasta su director, Enrico Casarosa, negó por activa y por pasiva esta intención en su obra. El cine de animación del estudio del ratón solo ha vivido otro momento de representación en Onward (2019), también de Pixar, donde un personaje anecdótico, una agente de policía, decía que su mujer la esperaba en casa. Fin de la diversidad. Por supuesto, el filme también fue censurado en países como Kuwait, Oman, Qatar y Arabia Saudita. En Rusia se quitó esa línea de diálogo.

La falta de diversidad no ocurre solo con cine de animación de Disney, sino todo en general. Las películas estrenadas en los últimos diez años como Los Croods, la saga de Gru y Los Minions, Klaus, Tadeo Jones, Kubo… tampoco han aportado nada en este sentido. El único gesto visible es la chapa con la bandera del arcoíris que lleva la hija de la familia de Los Mitchell en una película que, debido a la pandemia, se estrenó directamente en Netflix. También había diversos momentos que sugerían que era lesbiana. Sin embargo, mientras que el personaje de su hermano pequeño (y heterosexual) tenía una trama con un interés romántico, su orientación sexual quedaba en un segundo plano.

Tampoco en 'Star Wars'

La cantidad de franquicias en poder de Disney hacen que en el cine familiar exista casi un monopolio. También de ellos es la saga de Star Wars, otra que en nueve episodios ha incluido un personaje LGTBI. Por supuesto, no era ningún protagonista ni ningún secundario de peso, sino la Comandante d’Acy que en el episodio IX celebra la victoria con un beso con otra mujer. Sus intérpretes siguieron la máxima de Marvel, fuera de la película decían que les encantaría que hubiera más diversidad y celebraban la tensión sexual entre Poe y Finn (Oscar Isaac y John Boyega), pero luego eso no se trasladaba a la pantalla.

Las adaptaciones Live Action, o con actores de carne y hueso, de los clásicos de animación de la compañía han aportado pequeños gestos, pero desde el cliché. Ha ocurrido recientemente en Cruella, que incluyó un personaje queer que recibió críticas por ser un estereotipo amanerado. Básicamente, como el filme, adoptaba la estética glam de personajes como David Bowie y las colocaba en un secundario con algo de peso en la trama. Más explícito, pero también más estereotipado, fue el caso de Lefou, en la adaptación de La bella y la bestia de 2017. Interpretado por Josh Gad, el filme dejaba claro en varias ocasiones que el personaje era gay y estaba enamorado de Gastón, también que tenía algo con Stanley. En el final, incluso, cambia de pareja para dejar a la chica y acabar bailando con él. Eso sí, era el personaje cómico, en el que recaían los chistes y las burlas.

Hollywood es una máquina de dinero, y todavía no arriesga cuando se la juega en películas que han costado más de 100 millones de dólares producir. “Estamos hablando de grandes negocios y el dinero es muy conservador”, deja claro Generelo. “Durante muchos años, la diversidad sexual ha estado muy estigmatizada, y el estigma contagiaba a cualquiera que se acercara. El dinero no se ha acercado hasta que se han empezado a abrir nichos de mercado, hasta que han empezado a ver que, a lo mejor, no es tan contraproducente en términos económicos. Eso, en un principio, se abrió con el famoso dólar o peseta rosa, con los famosos negocios gays que iban dirigidos a un público casi exclusivamente varón y gay adulto, pero poco a poco también se está viendo que las infancias LGTBI y las adolescencias LGTBI existen, y que también demandan su parte del pastel. Es verdad que estos sectores con fuertes componentes económicos son muy reacios, pero bueno… no me gusta citar marcas, pero ya hemos visto un anuncio de un banco con un anuncio de lesbianas que están esperando un hijo y buscan una hipoteca”, analiza.

Todos los cambios son reversibles. A veces se revierten los logros, por eso hay que estar alerta, hay que seguir apoyando este tipo de audiovisuales

Jesús Generelo Asesor en materia LGTBI del Gabinete de la Ministra de Igualdad

Y en España...

Quien ha triunfado dando un giro a su carrera hacia el cine familiar es Santiago Segura. Suyas son las películas españolas más taquilleras de los tres últimos años. La presencia de la diversidad LGTBI en estas tres obras da una de cal y una de arena. La aportación positiva viene en Padre no hay más que uno (2019). Justo al final de la película, el protagonista recoge a su hijo de la casa de un amigo. En el coche le pregunta que por qué no deja de pegarse con ese chico, y su hijo le dice que porque le gusta. Santiago Segura, que interpreta a un 'cuñado' lleno de tópicos, frena de golpe sorprendido, y dice “eso sí que no, eso no puede ser”, para dar un giro inclusivo: “A la gente que te gusta, no se le pega”. El padre acepta con total normalidad que al niño le gusten los chicos.

En la cara negativa se encuentra A todo tren: destino Asturias (2021), en la que se ríen del lenguaje inclusivo, tratándolo como algo que solo usan dos hippies exagerados. “Nosotros les decimos niños, no hay que asignarles un género antes de que puedan elegir”, dice el personaje de Sara Sálamo, que es todo lo q se espera de una hippie, con su furgoneta destartalada incluida. Santiago Segura responde que su hijo tiene 8 años, “pero que elija él cuando crezca”. En la secuela de Padre no hay más que uno no se profundiza en la homosexualidad del niño, aunque se le muestra hacer ballet sin ningún tipo de estereotipo, ni de amaneramiento ni como algo extraño. Es llamativo que la pareja de guionistas tanto de una película con un personaje inclusivo tanto de la otra, donde hay una burla hacia la inclusividad, sea la misma: Santiago Segura y Marta González de Vega.

Este es otro de los problemas de la representación LGTBI, que “los gays siempre están más representados”, mientras que las personas bisexuales o trans prácticamente no existen, aunque algo está cambiando “sobre todo, en las series donde hay personajes trans e incluso no binarios”, como ocurre en Ser o no ser, ficción de Playz. Están especialmente en “series para un púbico juvenil, como Euphoria o Sex Education, que introducen otras diversidades que antes no había”. Parece claro que la diversidad pasa por las plataformas, como confirma Jesús Generelo: “Ahora te metes en Netflix y tienen docenas de títulos para ver, y en Filmin hay como 400 títulos con la etiqueta diversidad”. Pone de ejemplo Heartstopper, la serie de la plataforma estadounidense sobre dos chicos gays de 15 años y que, para el experto, es “una serie modélica para ver en familia y que llegue a públicos amplios”.

Estas son muestras de que el audiovisual debe dar pasos en este sentido, porque “no puede ser una fortaleza que mantenga los valores del pasado, sino reflejar los del presente y futuro”. A pesar del optimismo de Generelo, tiene claro que “todos los cambios son reversibles”. “El paso de los años no siempre va hacia el progreso. También a veces se revierten los logros. Hay que estar alerta, hay que seguir apoyando este tipo de audiovisuales, pero yo creo que estamos en una situación mucho mejor desde hace diez años, e incluso donde estábamos hace cinco”, concluye.

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