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Entrevista

Javier Calvo y Javier Ambrossi: “El contrato de 'La bola negra' con Netflix se negoció al lado de un contenedor y con un roncola en la mano”

Javier Calvo y Javier Ambrossi en la redacción de elDiario.es

Javier Zurro

24 de septiembre de 2026 22:29 h

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Todo el mundo habla de La bola negra. Y qué bien que lo hagan. La gente habla por las calles de Lorca, de la Guerra Civil, de esa película que va dispuesta a hacer historia en los Oscar gracias a su mezcla de emoción, ambición y memoria histórica. Pero sobre todo hablan de ellos, de los Javis, de Javier Calvo y Javier Ambrossi, dos cineastas superdotados, autodidactas y brillantes.

Parecía ayer cuando llenaban el hall del Teatro Lara con La llamada, o cuando desde un canal desconocido, Flooxer, nos presentaron a Paquita Salas, ahora un personaje fundamental en la historia de las series españolas. Poco a poco, proyecto a proyecto, han ido creciendo en madurez hasta llegar a esa bola negra con la que compitieron en el Festival de Cannes, donde lograron el premio a la Mejor dirección.

Es raro ver en el festival más importante del mundo compitiendo a directores con su segunda película, pero allí intuyeron pronto lo que luego se ha comprobado, la emoción torrencial que el espectador vive al ver la película. La gente se ve arrollada por esa mezcla de líneas temporales que mezclan 1932, 1937 y 2017; que se atreven a desarrollar la ficción inacabada de Lorca, y a materializarse en una coda final que emociona hasta la lágrima. El mundo ha descubierto a los Javis.

¿Cómo han vivido la locura de todos estos meses?

Javier Calvo: Yo estoy bien, la verdad. Nos hemos obligado a tener un agosto en el que no hacer nada. Yo he estado mucho tiempo con mi familia en Murcia, en mi casa de siempre, y mi única preocupación ha sido pensar en qué íbamos a comer al día siguiente y mientras comíamos qué íbamos a cenar esa noche. Eso me da mucha paz. Yo necesitaba tocar tierra porque ha sido, más que todo lo que ha pasado, el ritmo de estos momentos. Me ha venido bien este mes de estar tranquilo, respirar y prepararme para lo que tenga que venir.

Javier Ambrossi: Yo estoy aceptando que tengo que descansar, pero tengo que trabajar todos los días para que mi cerebro esté regulado. Si no, como que se me hace bola y pienso que luego va a ser peor cuando vuelva. Pero estoy muy tranquilo con lo que pasó en Cannes. Cuando ganamos 'Mejor dirección' me dio paz sentir todo lo que había pasado, porque no tendría por qué haber ocurrido. No respondía a nada más que a la película. No tuvimos la oportunidad ni de explicarla ni de hablar con nadie ni de tener ni siquiera una carrera larga en el cine como para que de repente sea un premio que compense otra cosa. Realmente habla la película.

A mí hay una cosa que me parece muy mágica de Cannes. Hay películas que entran en el teatro Lumière de una forma, y salen de otra. Vuestra salida fue increíble, la gente estaba deseando saber quiénes erais. 

J.A.: A la mitad de la proyección yo sentí que la gente había conectado con la película. Yo empecé a escuchar lágrimas, gente sonándose los mocos, muchísimo silencio. No sé si será el más grande del mundo, pero uno de ellos. Además, es un cine que se presta mucho a que haya invitados que no sepan ni qué película van a ver, ni quién eres tú. Que estén con el móvil. Gente que se levanta, gente que se va. Entonces, de repente, ver a la gente tan concentrada, emocionada... La primera mitad estuvimos peleados, pero peleados tipo que le tuve que decir: “Javi, deja de darme por el culo”.

J.C.: En Cannes tú vas el día anterior a las tres de la mañana a chequear el sonido y decidir a qué volumen pones la proyección. Es que solo de acordarme me estoy angustiando, se me seca la boca. A mí me gusta que suene muy alto. Fuimos y yo estaba muerto, llevábamos mucha tralla encima. Habíamos entregado la película un par de días antes. Y dije, “ponla al siete”. Y me dijeron, “es un poco alto”. Y yo, “venga, da igual”. Pues en mitad de la proyección empiezo: “Está muy alta. Muy alta. Muy alta”.

J.A.: Es que Javi te da el viaje de ida y el de vuelta. Durante el momento que hay que elegir es: “Lo pongo alto”. Hasta que le dices que sí y luego ya cuando lo ha puesto dice: “Está muy alto”. Y ya le dije: “Javi, no me vas a joder la proyección del estreno. Esto es una vez en la vida”.

'La bola negra' es una película que nos supera, que tiene como un propósito mayor de existencia que nosotros, y creo que eso la gente lo está leyendo.

Javier Ambrossi — Cineasta

J.C.: Y aparece la productora francesa por detrás, Alice Labadie, y dice: “Igual está un poco alto”.

J.A.: Yo también le hablé fatal. Le dije: “No te metas tú ahora, porque lo que le faltaba a él”. 

J.C.: Estuve escribiendo al proyeccionista por WhatsApp en mitad de la proyección.

J.A.: Yo tuve la suerte de tener cerca a Lola Dueñas, que no había visto la película. Entonces la magia de Lola de repente se me pegó. Lola empezó a conectar de una manera muy profunda y empezó a llorar.

J.C.: Y tú me dijiste: “Javi, va a salir bien, está escrito en las estrellas”.

J.A.:. Yo siento que esta película, desde que llegó a nuestra vida y con todo lo que ha pasado, hay algo que no estamos controlando. Este es un proyecto que de repente llegó a nuestra vida y que todo ha sido fluido. Con mucho trabajo, mucho esfuerzo. El rodaje más difícil que hemos tenido jamás, el que más intenso hemos vivido. Pero todo tenía como un flow. Y siento eso, que está escrito en las estrellas. Siento que es una peli que nos supera a Javi y a mí, o que tiene como un propósito mayor de existencia, y creo que eso la gente lo está leyendo.

Por seguir con la locura, ¿cómo viven que La bola negra esté en todas las predicciones de los Oscar?

J.C.: No he sido muy seguidor de este mundo apuestas de Oscar, entonces no sé cómo de realista es ni cuánto cambia eso. Sé que estamos ahí y que se nos considera. Yo me acuerdo, creo que cuando estábamos en Cannes, que vi un tuit como de algún bot que decía: estadísticas de que La bola negra gane algún premio en Cannes: 0%. Entonces ahora estamos un poco más arriba en la estadística de ganar algo, lo cual me parece increíble, casi una simulación. Pero ahí está. A mí nuestra película, la de todo el equipo, me encanta y ojalá pase. Creo que sería algo muy importante para la película, para nosotros, para el equipo y para este país.

J.A.: Y para el cine español. Yo viendo cómo gusta a los americanos y cómo gusta a todo el equipo de Netflix, la puja que ha habido por tenerla, que ha sido grande y sobre todo viendo la reacción de la gente, ves la emoción y es muy genuina, como que toca algo en la cultura americana.

En Cannes se notó en cómo conectó con la crítica de EEUU.

J.A.: Sí, porque tiene algo de homenaje al cine, evidentemente al cine hollywoodiense que me hizo amar el cine. Pero tiene luego otras muchas cosas y tiene sentido que una cultura como la americana en este momento reivindique la emoción.

J.C.: Yo creo que también nosotros creamos desde un lugar bastante salvaje, emocional y artesanal, y en el sistema que tienen ellos montado a la hora de rodar es muy difícil conseguir esa manera de hacer tan artesanal y bestia como hacemos nosotros.

J.A.: Y sin plantillas. Les sorprende que no respondemos a tests. Entonces eso les conmueve. A Lisa Taback, que es la que lleva todo el mundo premios en Netflix le pregunté, ¿pero por qué nadie querría darnos un premio?, ¿qué representamos? Y me dijo: “El futuro. Yo la apuesta que hago desde Netflix es apostar por el futuro. No he visto gente como vosotros. No he visto gente que se implique así. No hay directores así”.

Y ese estreno en cines en EEUU siendo una película de Netflix, que creo que es muy representativo…

J.A.: Se pidió, lo pedimos.

¿Es un logro conseguir que se vea en pantalla grande, que se comparta así esa emoción?

J.C.: Es que creo que realmente la película que queríamos hacer era una película que generara la necesidad de disfrutarla en una sala en pantalla grande, de manera colectiva y con la sensación de no querer perderte ningún detalle. En contraposición a me pongo una película en la tele mientras hago la comida o miro el móvil y me quedo dormido, y mañana si eso lo acabo o no. Contra esa costumbre que se está generando, que no digo que esté bien ni mal, a mí no me encanta, queríamos crear algo que significara todo lo contrario, la ilusión de volver a disfrutar con alguien, o de mostrarle a alguien, que creo que eso es muy bonito. Esa sensación de ir a un lugar y salir de otra manera. Yo recuerdo cómo he salido de películas cuando tenía 13 o 14 años y recuerdo la sensación de ver el mundo de otra manera, de salir por la calle y sentir que la calle es distinta y que mi vida es distinta y me daría mucha pena que esa sensación cada vez se fuera diluyendo más en la gente, sobre todo en la gente joven.

El extremismo y el odio son una sombra que acecha continuamente y parece que últimamente más. Y de hecho, la última frase de la película es “mira que nos acechan todavía”

Javier Calvo — Cineasta

J.A.: Fue una negociación cuando Netflix dijo que querían la película. Estábamos ahí en Cannes, en unas calles al lado de unos contenedores de basura, porque no hay absolutamente nada, con un ron cola que estaba el hielo derritiéndose, en mitad de una callejuela, pasando el camión de la basura. Y yo lo que pedí es que fuera por lo menos un mes y medio en cines y que respetaran el formato en el que está rodada. No nos importó el dinero, no estábamos hablando de eso. Netflix puede tener el poder de llegar a la gente, que es algo que la peli siendo de lo que es y el mensaje que tiene, va a agradecer muchísimo. Pero pedimos un mes y medio, y nos dijeron, “¿pues sabes qué? Serán 47 días”.

Han mencionado que hay películas que uno entra de una forma y sale de otra, ¿cómo les gustaría que saliera la gente de La bola negra?

J.C.: Para mí lo principal sería que hicieran caso a una voz que suena en un momento de la peli que dice: “Hay que vivir. Vivir siempre”. Creo que es una película que te ayuda a tomar decisiones y a querer vivir, y eso es algo muy bonito.

J.A.: Me gustó mucho la conversación que tuvimos con Anne Hathaway sobre la película que dijo que ella se quedaba con un pensamiento y es que en el presente nuestra parálisis es privilegio, y me pareció que lo clavó, y es justo lo que yo quiero que reflexionemos, que en el presente estamos paralizados porque tenemos la oportunidad de estarlo, pero que tenemos que movernos hacia delante. No te quedes en un sitio donde no quieres estar, no estés en una pareja con la que no quieres estar. Hay un privilegio que es el de tener tantas opciones que nos paraliza. Y hace muy poquito la generación de nuestros abuelos no podía a lo mejor ni reconocerse su propio deseo. Y en el colectivo LGTBIQ+ eso está muy claro. La peli habla de eso. Hay tanto silencio, tanto, tanto dolor, tanta tristeza, tanto asesinato en nuestro colectivo, tanta gente que ha luchado, que creo que los que en el presente podemos tener opciones de libertad, tenemos que explorarlas y tenemos por lo menos que intentar ser felices y sentirnos completos.

Pero es verdad que, por desgracia, ese mensaje en 2026 sigue siendo de alguna forma casi revolucionario, ¿hacia dónde creen que avanzamos, les da miedo el futuro?

J.A.: Es que nosotros mismos no habíamos escrito una peli ni una serie con personajes gais, ni hablando de deseo entre hombres. Entonces para nosotros mismos es revolucionario porque no sé por qué nunca nos habíamos atrevido a hacerlo. No sé si porque era obvio o porque no queríamos sacar temas que a lo mejor nos removiesen a nosotros. Parece que hay muchas historias en el cine que hablan de eso, pero es que no hay tantas, y protagonizadas por actores abiertamente gais que interpretan papeles gais, dirigidas por directores gais, con equipo LGTBIQ+… no hay tanto hecho por y para. Entonces para mí sí es revolucionario porque sí viene a ocupar un hueco que falta y espero que la gente de una generación la reciba así.

J.C.: Yo creo que hay algo que es obvio, y es que el extremismo y el odio es una sombra que acecha continuamente y parece que últimamente más. Y de hecho, la última frase de la película es “mira que nos acechan todavía”. Todo lo que ha vivido Sebastián, el personaje de Guitarrica, no pasó hace tanto tiempo. Cuando fuimos a la Fundación 26 de diciembre, que vamos a menudo, a tomar roscón con los mayores LGTBI de la asociación, se acercó uno de ellos y nos dijo que él había tenido su pareja toda la vida y las dos familias les dejaron de lado por ser gais, y que cuando murió, él no tenía nada más en su vida. Era lo único que tenía. Se quedó solo y solo iba al cementerio todos los días a ponerle flores. Y ahora, gracias a que estaba la fundación, podía ir a relacionarse con gente. Entonces me hizo pensar, joder, no solo no conozco las historias de las personas mayores de mi colectivo, que es impresionante e increíble, gente gracias a la cual yo hoy puedo disfrutar de mis derechos, sino que creo que tampoco conozco la de mis abuelos.

J.A.: Y lo que has dicho de los abuelos, ojalá la película sea reivindicativa también en eso, en lo familiar, en encontrarnos con la gente que nos rodea, en la familia, los abuelos, los amigos, la gente que piensa diferente a nosotros. Lo que me parece más reivindicativo de la peli, más allá de la lucha LGTBI, que evidentemente es muy importante, es la reivindicación de entendernos, de intentar ponernos de acuerdo aunque sean cuatro hechos fundamentales de nuestra historia para poder seguir adelante, para poder tener un diálogo, para que no todo se convierta en violencia.

Lo de ponernos de acuerdo en cuatro cosas, ¿una de ellas no debería ser Lorca, cuyos restos siguen bajo tierra?

J.C.: Fíjate, no creo que nadie en España niegue que Lorca es, sino el más grande, un genio absoluto. No hay debate a nivel poético o teatral, es uno de los dos o tres más importantes. Pero sí que es verdad que a mí me sorprendió, porque no sabía qué pasaba, que al hablar de él parece como que mucha gente tirara de él, por un lado, o por otro, como si no quisieran que fuera de todos. Como si hubiera una disputa por quién tiene la razón sobre él. Una cosa muy rara que yo no sabía qué pasaba.

J.A.: Eso pasa con los símbolos. Todo el mundo quiere apropiarse de los símbolos. Es una cosa normal, eso es lo lógico. Pero es verdad que asusta cuando de repente quieres hablar de algo. Lo que nosotros queríamos hacer, lo que nos parecía bonito, era enriquecer la figura de Lorca, no negar ninguna de las otras partes políticas sociales que evidentemente son superimportantes en lo que él era. Nosotros creemos que no se ha señalado suficiente que una condición importante de su vida, en su literatura y en su asesinato fue su libertad. Su libertad que englobaba su homosexualidad y que creo que a mucha gente, y a mucha gente joven, le puede hablar. Es que no tenemos tantos artistas LGTBIQ+. Y la gente dice, pero qué más da que fuera gay, pues sí importa, porque apela a nuevas generaciones como referente y creo que eso es importante. Nosotros solamente queríamos enriquecer esa figura sin querer sentar cátedra. 

Hay una cosa en el tamaño de la película, porque no hay historias grandes, épicas, LGTB. Hacen siempre la comparación con Titanic, pero tiene algo de eso, de una historia de amor épica homosexual, historias queer que no tienen por qué ser de nicho, pequeñas. 

J.A.: O que para que sea muy grande, tipo Brokeback Mountain, tengan que interpretarla dos estrellas hetero. Que tenga todos los elementos que tiene La bola negra, eso la hace muy única. Yo creo que esta peli tiene todos los elementos para que si te acercas, puedas salir cambiado y con un pensamiento, por lo menos, más cercano al otro, que es de lo que va, de ver que el otro existe, piense diferente a ti o no.

J.C.: Me encanta que digas Titanic, porque claro, igual que Lars Von Trier dijo, “yo quería hacer un musical y me salió Bailar en la oscuridad”, o Almodóvar en una entrevista en La Edad de Oro, que le preguntaron, ¿a quién creéis que os acabaréis pareciendo?, y dijo: “Yo creo que irremediablemente acabaré pareciéndome a Pedro Almodóvar”. Pues claro, yo quería hacer Ven y Mira, Apocalypse Now e irremediablemente siempre se me acaba acercando un poquito, aunque sea en emoción y en ganas de llegar a la gente, a Titanic.

Desde que les hacemos entrevistas nunca les habíamos preguntado por su vida privada…

J.A.: Ya la contábamos nosotros [risas].

Pero de repente les preguntamos si van a hacer otra película tras la separación, ¿cómo llevan que su vida íntima se haya colocado en ese foco?

J.C.: Yo lo pasé muy mal, sinceramente, me dio mucha ansiedad, pero a la vez agradezco que pasara porque me ayudó a entender que tengo que proteger mucho más mi vida. Como que antes éramos muy festivos, contábamos todo. Siento que he pagado un poco las consecuencias de haberme expuesto como pareja en mi vida, y me doy cuenta de que cada vez más quiero que mi trabajo hable de mí y yo vivir mi vida y ya está.

J.A.: Yo lo entiendo, entiendo el interés. Creo que siempre hemos mezclado lo personal con lo profesional en cada entrevista desde que la gente nos conoce, desde que empezamos con La llamada. No ha habido entrevista en la que no hayamos hablado y sido cariñoso el uno con el otro. Es normal que cuando se produce la ruptura, haya este interés. Ahora que ya ha pasado, pues yo creo que ya no hay más que rascar. Es decir, vamos a seguir trabajando juntos, nos queremos un montón y cada uno tiene su vida y así seguirá.

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