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'Te hice dios', el próximo fenómeno de la literatura española que habla de cómo “el deseo y la autodestrucción se entrelazan”

Detalle de la cubierta de 'Te hice dios'.

Clara Nuño

11 de julio de 2026 21:52 h

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Dos hombres se conocen en un chat en busca de sexo. Uno quiere infectarse de VIH, el otro le promete que así será, que le dará ‘el bicho’. Así comienza Te hice dios (Random House, 2026), el debut literario del poeta Marcos Augusto. Una novela que explora una relación marcada por los impulsos autodestructivos de cierto tipo de deseo, las mentiras y la necesidad de ser amados y comprendidos a pesar todo o, precisamente, por eso mismo.

Te hice dios, que ya empieza a recomendarse en los círculos culturales y tiene papeletas para ser el próximo fenómeno de la literatura en español, se adentra en la posibilidad de amar a partir de Grindr y en la subcultura de los bug chasing (castellanizado como ‘cazadores de bicho’), de los que buscan contagiarse de VIH, que quieren ser inoculados a toda costa, y de aquellos que, a propósito, se lo dan. Aunque a veces, sin querer, las cosas se puedan ir de las manos y lo que empieza como un juego acabe con un cadáver en una cama de hospital.

“El morbo era tuyo, pero no se lo comentaste al desconocido que era yo. Grindr era para ti un campo de bichos y la polla un surtidor necesario, pero no suficiente”, escribe Augusto desde la voz de un narrador que le escribe una carta a su amante muerto. Un narrador que se pregunta qué pasó, que se culpa y se perdona al mismo tiempo y, también, se engaña un poco a sí mismo porque, cuenta Augusto en una conversación con este periódico, todas las relaciones se sostienen sobre una parte de ficción. “Todos nos erigimos sobre una narrativa propia”, insiste el autor para señalar las redes sociales de todo tipo (Instagram, Tinder o Grindr) como principal ejemplo. “Nosotros seleccionamos unas imágenes, nos construimos de determinada manera frente a la mirada del otro y ofrecemos una cara que, quizá no es la mejor, pero sí la que deseamos ser”, argumenta para señalar que es muy fácil perpetrar la mentira, o determinado tipo de mentiras, desde nuestra propia imagen.

Te hice dios es un poco eso, una novela de muchas caras que contiene muchos temas en el que sobresale, sobre todo, uno: el del duelo. Es una historia que habla de quién se va, pero fundamentalmente de quién se queda. Sobre cómo la vida sigue para el narrador, porque la vida siempre continúa para el que todavía está ahí. “El narrador busca entenderse y justificarse una vez que ha pasado todo y a mí me interesaba mucho que fuera alguien que estuviera dentro de la historia, dentro de la vorágine y que el lector no se pudiera fiar del todo de él, porque al final es una versión de lo que ocurrió, está pegado a los hechos”, explica el autor, quien señala que su novela podría encuadrarse dentro de las literaturas sobre el VIH.

“Cuando Hervé Guibert escribió El amigo que no me salvó la vida (Gallimard, Francia,1990) habla de un momento muy específico en el que todavía no había medicación, yo hoy estoy hablando de otra cosa”, continúa para decir que las historias escritas en torno a esta enfermedad suelen ser en su mayoría, hijas de un tiempo concreto. “Hay 40.000 historias sobre el tema, pero yo quería hablar sobre el tema de hoy; que es el de la PrEP”, especifica.

El escritor de 'Te hice dios', Marcos Augusto

La PrEP, acrónimo de Profilaxis Preexposición, es un medicamento preventivo altamente efectivo (más del 90%) que toman las personas sin VIH para evitar contraer el virus antes de una posible exposición. Es muy común, además, aducir toma de PrEP en encuentros sexuales esporádicos entre hombres para mantener relaciones sexuales sin condón. “Ahora mismo”, continúa Augusto, “tenemos la certeza de que alguien que está siendo medicado y tiene buena adherencia al tratamiento es indetectable y no puede transmitir el virus, pero mi novela se pregunta todo el rato que pasa con toda esa gente que no responde al tratamiento, qué pasa con los que quedan, los que están en esa frontera en el mundo de la enfermedad”, señala.

La enfermedad como personaje

El libro abre con una cita de uno de los ensayos más conocidos sobre el estar enfermo de occidente, La enfermedad y sus metáforas de Susan Sontag, que publicó ya enferma del cáncer que la mató en 2004 y dice así: “A todos, al nacer nos otorgan una doble ciudadanía, la del reino de los sanos y la del reino de los enfermos. Y aunque prefiramos usar el pasaporte bueno, tarde o temprano cada uno de nosotros se ve obligado a identificarse, al menos por un tiempo, como ciudadano de aquel otro lugar”.

Quería hacer un libro incómodo, hablar de realidades incómodas que todos sabemos que están ahí, pero que muchas veces no decimos en voz alta

Marcos Augusto Escritor

“Creo que es una de las cosas más brillantes que se han escrito a ese respecto, leerla te cambia la mirada sobre el hecho de estar enfermo. A mí me la cambió”, confiesa Augusto, quien convierte al “bicho” casi también en un personaje de la trama. “Es interesante ver cómo entendemos las implicaciones sociales del estar enfermo, las connotaciones más allá del informe médico”, señala Augusto sin llegar a pronunciar la palabra estigma. Aunque no hace falta. La enfermedad, cierta enfermedad, lo lleva escrito en su propio nombre.

Y también, señala el autor, está directamente relacionada con ese deseo animal que posee a los protagonistas y los mete en una espiral de la que ninguno de ellos es capaz de salir. “Quería hacer un libro incómodo, hablar de realidades incómodas que todos sabemos que están ahí, pero que muchas veces no decimos en voz alta”, continúa el entrevistado que entiende que, en ocasiones, la lectura de su libro se pueda antojar un tanto dura aunque él está seguro de que lo que realmente puede incomodar es la verdad que se oculta ante el andamiaje de mentiras en el que se enredan sus protagonistas y es, a sus ojos, la violencia que comporta cualquier deseo. “El deseo siempre implica una fricción, porque muy pocas veces coincide plenamente con el deseo del otro y, eso, muchas veces es también lo que nos atrae”, continúa para señalar que el suyo es un caso llevado, quizá, al extremo, pero que no por eso deja de ser menos real.

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