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“Cariño, ¿cómo podríamos desarrollarlo de forma magistral?”: el terremoto cultural sobre el uso de IA provocado por una Nobel de Literatura

La escritora polaca Olga Tokarczuk, Premio Nobel de Literatura

Clara Nuño

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Olga Tokarczuk, premio Nobel de Literatura, comentó hace pocos días en una mesa redonda que utilizaba la IA en su proceso creativo y que dejaría de escribir novelas cuando termine la que tiene entre manos porque considera que “el mundo, con su inercia destructiva, ya no merece novelas largas y exigentes” y que los lectores de este tipo de novelas, como su obra Los libros de Jacob (Anagrama, 2023), están disminuyendo o enterándose del final de su obra “gracias a los resúmenes”.

“A pesar de los temores, creo que los escritores somos los más aptos para herramientas como la IA”, dijo Tokarczuk, según recogió el medio polaco My Company Polska. “A menudo le presento una idea a la máquina para que la analice, preguntándole: 'Cariño, ¿cómo podríamos desarrollar esto de forma magistral?'. Aunque conozco las alucinaciones y los numerosos errores fácticos de los algoritmos en los campos de la economía rigurosa y los datos objetivos, debo admitir que en la fluidez de la ficción literaria, esta tecnología es una ventaja de proporciones increíbles”, añadió.

La autora polaca admitió que, sin embargo, sentía “una profunda y muy humana tristeza por una era que desaparece para siempre”. “Me duele el corazón por la desaparición de la literatura tradicional, escrita durante meses en soledad, una obra de vida forjada en la mente de un individuo plenamente consciente. En todo esto, siento una terrible lástima por Balzac, Cioran y el inimitable Nabokov, porque, a pesar de mi entusiasmo, no creo que ningún chat pueda jamás expresarse de una manera tan exquisita”, añadió.

Tokarczuk admitió que tenía una versión de pago de un modelo de lenguaje y que estaba sorprendida como “a menudo” sus respuestas ampliaban su horizonte y profundizaban en su “pensamiento creativo”. También advirtió del peligro de dejarse absorber y perder el propósito original.

La IA como recurso documental

Cuando algunos fragmentos de esta conferencia empezaron a moverse en redes sociales, creció la polémica y la autora polaca se vio obligada a clarificar sus palabras en su muro de Facebook. En un post señalaba que usa la IA como una herramienta. “Siempre que la utilizo, verifico la información adicionalmente, tal como lo he hecho durante décadas leyendo libros y consultando bibliotecas y archivos”, escribe, puntualizando que ninguno de sus textos ha sido escrito con la ayuda de la inteligencia artificial, salvo para agilizar la investigación preliminar.

En la propia conferencia puso como ejemplo que le había preguntado a la IA qué canciones podrían haber bailado los personajes de su novela hace varias décadas. Para rematar su post de Facebook, la escritora tiró de ironía, a la luz de la creciente polémica: “A veces me inspiran los sueños, pero antes de que esta afirmación sea criticada duramente por los expertos, me apresuro a aclarar que son mis propios sueños”.

Ella no es la primera premio Nobel de Literatura fascinada por las posibilidades de la IA. En 2024, el escritor chino Mo Yan defendió el futuro de la literatura en la era de la inteligencia artificial y reveló haber recurrido a ChatGPT para redactar un discurso en honor del también escritor Yu Hua. Además, en la Feria del Libro de Buenos Aires, señaló que, en el ámbito técnico, la IA “puede sustituir gran parte del trabajo de un traductor”.

Horas antes de que el apellido Tokarczuk inundara internet, otro escándalo había saltado a la plaza pública: la elitista revista Granta publicaba y galardonaba un relato acusado de haber sido creado con IA generativa. La publicación emitió un comunicado en el que señalaban que su texto ganador estaba “casi seguramente no escrito, sin ayuda, por un ser humano”. Todo esto lo supieron porque, como explican, pasaron el relato por el detector Claude.ai tras las acusaciones de los lectores. Una IA evaluando a otra IA. “Todavía no sabemos por sentado si hemos dado un premio a un plagio por IA, y puede que nunca lo sepamos, pero hay cierta ironía en que sea la propia IA la herramienta más eficiente para detectarse a sí misma”, escriben desde Granta. ¿Es legítimo? ¿Quién es el autor? ¿Quién se lleva la pasta? ¿Es plagio?

El verdadero problema es el derrotismo

“Que Olga Tokarczuk se meta y experimente y le pregunte cosas a la IA no tiene nada de malo, está bien. Es lo mismo que se hacía cuando buscas cosas en páginas web”, valora Brenda Navarro, socióloga y escritora mexicana. Autora, de entre otros, Casas vacías (2019, Sexto Piso) y Ceniza en la boca (2022, Sexto Piso y cuya adaptación al cine ha dirigido Diego Luna). Pero explica que el verdadero problema de sus declaraciones es el derrotismo, la mirada oscura sobre los lectores: “Me preocupa que asiente esa idea de que la gente ya no va a leer, de que ya no nos interesan los relatos largos y complejos”.

“A veces parece que le damos alas a esa idea de que la sociedad se está volviendo idiota, pero lo que no sabemos la gente que vamos de los treinta y pico a los sesenta es que las nuevas generaciones están usando la IA, sí, pero no como nosotros. Ellos son más listos y están socializando el conocimiento de diferente manera. Además, no toda su vida se da en internet”, argumenta para señalar que “los mayores” se piensan que siguen dominando el mundo, pero ya no es así. “Se están haciendo un montón de cosas fuera de lo digital, basta con que preguntes en la Universidad Complutense de Madrid o en la Autónoma de México”, insiste.

El problema en este debate es, según la crítica literaria y editora en Temas de Hoy Andrea Toribio, que se ha desplazado el foco al juicio de una persona concreta. En este caso, Olga Tokarczuk. “Se la está llevando a la plaza pública y se está revisando su propuesta narrativa en general”, apunta y señala que parece que no somos capaces de escuchar al otro cuando está expresando sus propias dudas. “Creo que nadie debería juzgar eso, y menos con la violencia con la que se hace en redes”, opina Toribio. La editora piensa que debemos enfrentarnos a esta tecnología con prudencia y curiosidad, o bien con desconfianza si no ocupa el papel de la herramienta. O si, de pronto, impidiese el desarrollo de una práctica artística o influyese en el pensamiento o devenir de dicha práctica.

Qué hace la máquina

“La máquina está condenada a la repetición”, señala Andrea Toribio. “Cuando empezamos a estar en internet, no sabíamos cómo usar la web, no sabíamos cómo meternos en los chats y dejábamos que buscadores como Google o Yahoo nos dijeran un poco qué hacer”, recuerda Brenda Navarro. Para ella, estamos ante un nuevo momento de aprendizaje. “Creo que lo que realmente va a ser, al final, este tipo de IA es una nueva modalidad de buscador alimentado por lo que vayamos diciendo nosotros”, opina. Para ella, la IA generativa es una herramienta con todo lo que eso conlleva. Usar la IA tanto para escribir como para juzgar los escritos es, en esencia, una decisión humana.

“Lo que tenemos que preguntarnos es cómo estamos dejando, otra vez, que los corporativos estén utilizando nuestros datos y los vendan y, además, estén utilizando nuestras palabras para, por un lado, censurarlas y, por otro, perseguir a personas y generar discursos de odio mediante chatbots”, argumenta Navarro. Lo importante es que los oligarcas tecnológicos no “secuestren” la conversación en la red. “Queremos que las cosas se resuelvan rapidísimo, pronto, en un año o dos, pero la vida no funciona así. Estamos dentro de un proceso histórico que tardará en asentarse y, con este tema, daremos muchos palos de ciego hasta que se vaya la bruma”, explica.

La escritora y socióloga señala que el debate de si se van a leer o no libros escritos con IA es algo manufacturado: “No va a haber un mercado de esos libros, no se van a leer”. La explicación, para ella, es que la cultura y la producción cultural hoy es algo esencialmente elitista. “Ahora mismo, son las clases medias las que tienen tiempo para sentarse a leer, para ocupar su espacio con algo que no sea productivo. Las mismas personas que están leyendo esos libros son las que los escriben”, continúa para señalar que, además, si se busca entretenimiento puro y duro este ya también existe. Para ella, no existe nicho de mercado, ni de lectores, para la literatura de IA.

“Yo abogo por la muerte del autor”, bromea Navarro en referencia al ensayo de Roland Barthes. Para ella, es una conversación necesaria: “Me encantaría que dejáramos de vernos como un producto, que dejáramos de subir cosas a Instagram constantemente, que las editoriales también dejaran de vernos como un producto en sí y volviéramos a poner el foco en lo importante: qué se escribe y no quién lo escribe”, sentencia. “Lo que importa es el lenguaje, la construcción de ficciones, quizá con esta situación volvamos a ellos y se le quite esa importancia agrandada a los escritores que, en el fondo, no somos expertos en nada. Solo contamos historias”, zanja.

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