El libro que ha recibido Pedro Sánchez y derriba la falacia de la “migración ordenada”

Cuarenta personas murieron asfixiadas la semana pasada al intentar saltar la valla de Melilla. Dos días más tarde, Pedro Sánchez y Joe Biden pactaban una “migración segura, ordenada y regular” en el marco de la cumbre de la OTAN. Fue después de que el presidente español alabase la actuación policial de Marruecos en la frontera y de que la ONU haya pedido abrir una investigación para depurar responsabilidades. Pero ¿a qué se refieren los dirigentes con el término “migración ordenada”? Y sobre todo: ¿Es posible en un contexto de huida y supervivencia?

Los testigos de las redadas de Marruecos para alejar a los migrantes de la frontera: "Nos persiguen mucho más"

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El orden brilló por su ausencia en el caso de Ibrahima Balde, un guineano que huyó a los 16 años para buscar a su hermano Alhassane y nunca regresó. Tampoco hubo resquicio de seguridad y regulación en su travesía. Llegó varios años después a Irún, donde coincidió con el periodista y voluntario de una ONG, Amets Arzallus, y juntos escribieron su historia real en Hermanito. La editorial Blackie Books ha enviado un ejemplar a Pedro Sánchez esta semana para “que cambie hoy, y no mañana, las leyes injustas de extranjería que rigen nuestro país”.

“Para mí, migración ordenada deberían ser rutas seguras y libre circulación, y así se ordenaría de forma natural”, explica Arzallus, coescritor de Hermanito. “Si una persona está obligada a irse de su país para sobrevivir, habría que abrir rutas migratorias basándose en la protección de la vida. Pero lo que significa para el Gobierno ordenado seguramente no es lo que significa para mí”, cuenta el voluntario de Irungo Harrera Sarea (la Red de acogida de Irún).

El periodista invita a Pedro Sánchez y a cualquiera a leer el testimonio de Ibrahima porque es como “abrir una pequeña ventana a una parte del mundo que no vemos o no nos enseñan”. Y apuesta por esto último. “Me temo mucho que Pedro Sánchez no necesita leerlo para conocer esta historia. No es un problema de falta de conocimiento, sino de sensibilidad y humanismo”, asume, pero no pierde la esperanza de que “la magia de la voz de Ibrahima llegue a un lugar donde no han llegado otros informes”.

Por qué no volví a casa si mi destino no era Europa. Yo también me lo pregunto muchas veces (...) cuando has llegado hasta Marruecos o Libia ya es tarde para volver, tu casa queda demasiado lejos. Estás atrapado entre el desierto y el mar, como un animal.

Cuatro años sin asilo

El origen de Hermanito nunca fue un libro, sino un dosier de tres o cuatro páginas que Ibrahima pudiese entregar en la comisaría para solicitar el asilo. Es un procedimiento burocrático. Las personas solicitantes de asilo deben narrar su recorrido, su origen y motivaciones para que la petición pase a trámite. “Como podíamos comunicarnos en francés, me ofrecí a redactárselo. Me impactó su arte para abrir su memoria y su herida y darle una forma oral casi literaria”, cuenta Arzallus.

La pesadilla burocrática de Ibrahima comenzó en 2018, cuando decidió permanecer en el País Vasco en lugar de seguir hacia el norte como el resto de sus compañeros. Pero su odisea empezó mucho antes, cuando partió de Guinea en busca de su “miñán”, que en lengua popular significa “hermano pequeño”. El mayor prometió encontrar a Alhassane, llevarlo a casa y pagarle los estudios, como había querido su fallecido padre. Le siguió por Mali, Libia, Argelia y Marruecos, hasta que descubrió que el Mediterráneo se lo había tragado antes de llegar a Europa.

Él se embarcó en una zódiac y salió al mar. 143 personas y él. Yo no sabía nada. Pero un viernes, al volver de rezar, me explicaron la palabra "naufrage" y lo entendí: "C’est fini, Alhassane se me ha caído de las manos".

“A pesar de que yo tenía sensibilidad y conocimiento sobre la odisea de los inmigrantes, hay muchas cosas impactantes que superaron mi imaginación, como la violencia que sufre un migrante en su recorrido, desde la física en Africa hasta la burocrática en Europa”, relata Amets.

Con las entrevistas se fraguó una amistad, e Ibrahima consiguió trabajo de mecánico mientras esperaba una respuesta de la administración. Quince días antes de que Hermanito saliese de la imprenta y viese la luz en las librerías, en 2019, el guineano recibió su rechazo a la solicitud de asilo. “Es un libro escrito sin papeles”, matiza el vasco.

Arzallus cuenta que el recorrido del libro, recomendado hasta por el Papa Francisco, y el de su protagonista han sido opuestos. “Uno ha tenido éxito y el otro afronta cada vez más obstáculos”, compara. En su opinión, Ibrahima no debe recibir un trato de favor por su relevancia mediática porque Hermanito “sirve para visibilizar a todo el colectivo”. En cambio, pone de manifiesto el gasto moral, económico y físico al que somete a estas personas en España: “El migrante no se aprovecha del sistema; es el sistema el que se aprovecha del migrante, no me cabe duda”.

Desde entonces vivo sin papeles, y cuando te quedas sin papeles no vales más que una cabra.

La dolorosa verdad de las mafias

La crisis migratoria ha vuelto a ocupar un espacio en los medios, aunque la razón haya sido una tragedia. Ante ella, también han destacado las palabras de la ministra de Defensa, Margarita Robles, en una entrevista con El Mundo: “Hay que ser contundentes en inmigración porque detrás hay mafias”. Hermanito no esconde esta realidad, al contrario. Demuestra que es la única alternativa para los que necesitan escapar y muchas veces veces ni siquiera consiguen hacerlo con vida.

“No interesa que se sepa lo que ocurre en países como Libia, financiados por Europa, o en Marruecos, donde hay acuerdos políticos con el Estado español. La historia de Ibrahima cuenta la realidad desde dentro y en sitios donde tenemos responsabilidad directa. Subcontratan a estos países para que bloqueen a los migrantes en condiciones fatales”, explica Amets Arzallus. “Por suerte, aunque sea por desgracia, en Melilla llegamos a saber lo que pasa. Y es solo una miniatura de lo que pasa en el Mediterráneo todos los días”, critica.

Uno de aquí me contó que los europeos dan mucho dinero a Libia para que bloquee a los migrantes y por eso hay tantas cárceles llenas de personas como yo. No entiendo de política, pero sí sé que Libia es una gran cárcel y es difícil salir de allí con vida.

Ibrahima Balde tuvo su primera experiencia con una de estas mafias en Guinea, donde le cobraron “tres cabras de mi madre y setecientos mil francos guineanos (setenta euros)” por llevarle hasta Argelia. Era mentira. Montó durante días en un camión sin comida ni agua hasta que le intentaron vender en un mercado de esclavos sin éxito, por lo que le encerraron en una cárcel en el desierto. “Hablan árabe, o tuareg, o dicen que son tuaregs pero hablan árabe. Yo no los distingo. Para mí todos son de Boko Haram o del Estado Islámico”, relata en el libro.

Consiguió escapar, anduvo durante días por el desierto, fue torturado en Libia, compró su pasaje hasta Argelia y después a Marruecos, donde estuvo escondido en el bosque. “Pasé tres días enteros con una persona torturándome las veinticuatro horas”, cuenta. También pagó por un hueco en una zódiac que se dirigía a Europa, pero se desinfló en alta mar. Cuando creía que había llegado el final, un helicóptero los salvó.

“Para ir a Guinea, nosotros entramos en internet, compramos un billete y nos sacamos un visado. Si para venir desde Guinea, Costa de Marfil o Sudán fuera tan simple, no habría muerte, sufrimiento, mafias ni gasto militar detrás”, dice el escritor. “Las mafias existen porque las fronteras están llenas de aduanas, controles policiales y militares y barreras. Si no existieran, no tendríamos que preocuparnos de las mafias”, responde a las declaraciones de Margarita Robles.

A pesar de todo el drama que cuenta Hermanito, pide destacar “la voz poética y la sabiduría que traen los migrantes”. También una escuela, fruto de las experiencias vitales, “que aquí hemos perdido”. “No hay que mirarlos solo desde sus miserias, también desde sus capacidades y su arte. Y el de Ibrahima era la literatura sin apenas darse cuenta”.

Cuarenta personas murieron asfixiadas la semana pasada al intentar saltar la valla de Melilla. Dos días más tarde, Pedro Sánchez y Joe Biden pactaban una “migración segura, ordenada y regular” en el marco de la cumbre de la OTAN. Fue después de que el presidente español alabase la actuación policial de Marruecos en la frontera y de que la ONU haya pedido abrir una investigación para depurar responsabilidades. Pero ¿a qué se refieren los dirigentes con el término “migración ordenada”? Y sobre todo: ¿Es posible en un contexto de huida y supervivencia?

Los testigos de las redadas de Marruecos para alejar a los migrantes de la frontera: "Nos persiguen mucho más"

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El orden brilló por su ausencia en el caso de Ibrahima Balde, un guineano que huyó a los 16 años para buscar a su hermano Alhassane y nunca regresó. Tampoco hubo resquicio de seguridad y regulación en su travesía. Llegó varios años después a Irún, donde coincidió con el periodista y voluntario de una ONG, Amets Arzallus, y juntos escribieron su historia real en Hermanito. La editorial Blackie Books ha enviado un ejemplar a Pedro Sánchez esta semana para “que cambie hoy, y no mañana, las leyes injustas de extranjería que rigen nuestro país”.

“Para mí, migración ordenada deberían ser rutas seguras y libre circulación, y así se ordenaría de forma natural”, explica Arzallus, coescritor de Hermanito. “Si una persona está obligada a irse de su país para sobrevivir, habría que abrir rutas migratorias basándose en la protección de la vida. Pero lo que significa para el Gobierno ordenado seguramente no es lo que significa para mí”, cuenta el voluntario de Irungo Harrera Sarea (la Red de acogida de Irún).

El periodista invita a Pedro Sánchez y a cualquiera a leer el testimonio de Ibrahima porque es como “abrir una pequeña ventana a una parte del mundo que no vemos o no nos enseñan”. Y apuesta por esto último. “Me temo mucho que Pedro Sánchez no necesita leerlo para conocer esta historia. No es un problema de falta de conocimiento, sino de sensibilidad y humanismo”, asume, pero no pierde la esperanza de que “la magia de la voz de Ibrahima llegue a un lugar donde no han llegado otros informes”.

Por qué no volví a casa si mi destino no era Europa. Yo también me lo pregunto muchas veces (...) cuando has llegado hasta Marruecos o Libia ya es tarde para volver, tu casa queda demasiado lejos. Estás atrapado entre el desierto y el mar, como un animal.

Cuatro años sin asilo

El origen de Hermanito nunca fue un libro, sino un dosier de tres o cuatro páginas que Ibrahima pudiese entregar en la comisaría para solicitar el asilo. Es un procedimiento burocrático. Las personas solicitantes de asilo deben narrar su recorrido, su origen y motivaciones para que la petición pase a trámite. “Como podíamos comunicarnos en francés, me ofrecí a redactárselo. Me impactó su arte para abrir su memoria y su herida y darle una forma oral casi literaria”, cuenta Arzallus.

La pesadilla burocrática de Ibrahima comenzó en 2018, cuando decidió permanecer en el País Vasco en lugar de seguir hacia el norte como el resto de sus compañeros. Pero su odisea empezó mucho antes, cuando partió de Guinea en busca de su “miñán”, que en lengua popular significa “hermano pequeño”. El mayor prometió encontrar a Alhassane, llevarlo a casa y pagarle los estudios, como había querido su fallecido padre. Le siguió por Mali, Libia, Argelia y Marruecos, hasta que descubrió que el Mediterráneo se lo había tragado antes de llegar a Europa.

Él se embarcó en una zódiac y salió al mar. 143 personas y él. Yo no sabía nada. Pero un viernes, al volver de rezar, me explicaron la palabra "naufrage" y lo entendí: "C’est fini, Alhassane se me ha caído de las manos".

“A pesar de que yo tenía sensibilidad y conocimiento sobre la odisea de los inmigrantes, hay muchas cosas impactantes que superaron mi imaginación, como la violencia que sufre un migrante en su recorrido, desde la física en Africa hasta la burocrática en Europa”, relata Amets.

Con las entrevistas se fraguó una amistad, e Ibrahima consiguió trabajo de mecánico mientras esperaba una respuesta de la administración. Quince días antes de que Hermanito saliese de la imprenta y viese la luz en las librerías, en 2019, el guineano recibió su rechazo a la solicitud de asilo. “Es un libro escrito sin papeles”, matiza el vasco.

Arzallus cuenta que el recorrido del libro, recomendado hasta por el Papa Francisco, y el de su protagonista han sido opuestos. “Uno ha tenido éxito y el otro afronta cada vez más obstáculos”, compara. En su opinión, Ibrahima no debe recibir un trato de favor por su relevancia mediática porque Hermanito “sirve para visibilizar a todo el colectivo”. En cambio, pone de manifiesto el gasto moral, económico y físico al que somete a estas personas en España: “El migrante no se aprovecha del sistema; es el sistema el que se aprovecha del migrante, no me cabe duda”.

Desde entonces vivo sin papeles, y cuando te quedas sin papeles no vales más que una cabra.

La dolorosa verdad de las mafias

La crisis migratoria ha vuelto a ocupar un espacio en los medios, aunque la razón haya sido una tragedia. Ante ella, también han destacado las palabras de la ministra de Defensa, Margarita Robles, en una entrevista con El Mundo: “Hay que ser contundentes en inmigración porque detrás hay mafias”. Hermanito no esconde esta realidad, al contrario. Demuestra que es la única alternativa para los que necesitan escapar y muchas veces veces ni siquiera consiguen hacerlo con vida.

“No interesa que se sepa lo que ocurre en países como Libia, financiados por Europa, o en Marruecos, donde hay acuerdos políticos con el Estado español. La historia de Ibrahima cuenta la realidad desde dentro y en sitios donde tenemos responsabilidad directa. Subcontratan a estos países para que bloqueen a los migrantes en condiciones fatales”, explica Amets Arzallus. “Por suerte, aunque sea por desgracia, en Melilla llegamos a saber lo que pasa. Y es solo una miniatura de lo que pasa en el Mediterráneo todos los días”, critica.

Uno de aquí me contó que los europeos dan mucho dinero a Libia para que bloquee a los migrantes y por eso hay tantas cárceles llenas de personas como yo. No entiendo de política, pero sí sé que Libia es una gran cárcel y es difícil salir de allí con vida.

Ibrahima Balde tuvo su primera experiencia con una de estas mafias en Guinea, donde le cobraron “tres cabras de mi madre y setecientos mil francos guineanos (setenta euros)” por llevarle hasta Argelia. Era mentira. Montó durante días en un camión sin comida ni agua hasta que le intentaron vender en un mercado de esclavos sin éxito, por lo que le encerraron en una cárcel en el desierto. “Hablan árabe, o tuareg, o dicen que son tuaregs pero hablan árabe. Yo no los distingo. Para mí todos son de Boko Haram o del Estado Islámico”, relata en el libro.

Consiguió escapar, anduvo durante días por el desierto, fue torturado en Libia, compró su pasaje hasta Argelia y después a Marruecos, donde estuvo escondido en el bosque. “Pasé tres días enteros con una persona torturándome las veinticuatro horas”, cuenta. También pagó por un hueco en una zódiac que se dirigía a Europa, pero se desinfló en alta mar. Cuando creía que había llegado el final, un helicóptero los salvó.

“Para ir a Guinea, nosotros entramos en internet, compramos un billete y nos sacamos un visado. Si para venir desde Guinea, Costa de Marfil o Sudán fuera tan simple, no habría muerte, sufrimiento, mafias ni gasto militar detrás”, dice el escritor. “Las mafias existen porque las fronteras están llenas de aduanas, controles policiales y militares y barreras. Si no existieran, no tendríamos que preocuparnos de las mafias”, responde a las declaraciones de Margarita Robles.

A pesar de todo el drama que cuenta Hermanito, pide destacar “la voz poética y la sabiduría que traen los migrantes”. También una escuela, fruto de las experiencias vitales, “que aquí hemos perdido”. “No hay que mirarlos solo desde sus miserias, también desde sus capacidades y su arte. Y el de Ibrahima era la literatura sin apenas darse cuenta”.

Cuarenta personas murieron asfixiadas la semana pasada al intentar saltar la valla de Melilla. Dos días más tarde, Pedro Sánchez y Joe Biden pactaban una “migración segura, ordenada y regular” en el marco de la cumbre de la OTAN. Fue después de que el presidente español alabase la actuación policial de Marruecos en la frontera y de que la ONU haya pedido abrir una investigación para depurar responsabilidades. Pero ¿a qué se refieren los dirigentes con el término “migración ordenada”? Y sobre todo: ¿Es posible en un contexto de huida y supervivencia?

Los testigos de las redadas de Marruecos para alejar a los migrantes de la frontera: "Nos persiguen mucho más"

Saber más

El orden brilló por su ausencia en el caso de Ibrahima Balde, un guineano que huyó a los 16 años para buscar a su hermano Alhassane y nunca regresó. Tampoco hubo resquicio de seguridad y regulación en su travesía. Llegó varios años después a Irún, donde coincidió con el periodista y voluntario de una ONG, Amets Arzallus, y juntos escribieron su historia real en Hermanito. La editorial Blackie Books ha enviado un ejemplar a Pedro Sánchez esta semana para “que cambie hoy, y no mañana, las leyes injustas de extranjería que rigen nuestro país”.