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Cómo salvar al periodismo de sus asesinos

Los periodistas José Yoldi, Cruz Morcillo, Fátima Llambrich y José Sanclemente diseccionan los obstáculos del periodismo de sucesos y tribunales en el festival BCNegra de Barcelona

Los intereses empresariales, la tendencia hacia el show, la falta de independencia y los encorsetamientos que imponen determinadas leyes, barreras de este periodismo

“Se está cometiendo un crimen contra el periodismo, su escenario son los medios y los asesinos son varios”, apunta Sanclemente

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La madre de Asunta aporta una autopsia que cuestiona la oficial

Lugar donde fue encontrada la niña asesinada Asunta Basterra// Foto: EFE

Hace unos días, el vídeo sobre el asesinato de un piloto jordano, quemado vivo en una jaula a manos del Estado Islámico, volvió a suscitar el debate: ¿los medios de comunicación deberían mostrar esas imágenes? La cadena FOX News lo hizo de modo íntegro en su página web. La CNN se negó. Era un vídeo tremendamente duro, estremecedor, que además, daba un salto cualitativo con respecto a vídeos anteriores de degollamientos.

“Es una grabación como un videoclip, con una dramatización, con varias cámaras. Estaba estudiado para que se emitiera”, explicó la periodista de TV3, Fátima Llambrich, que reconoció que no pudo verlo entero. ¿Dónde están las barreras entonces para los reporteros? “Quizá en la reiteración de las imágenes una y otra vez”, añadió la periodista.

Este interrogante fue el que planeó el pasado viernes durante la mesa redonda Los crímenes en televisión, celebrada durante la BCNegra de Barcelona y en la que participaron los periodistas José Yoldi, Cruz Morcillo y José Sanclemente, además de la propia Llambrich. Fue moderada por el también periodista Pere Rusiñol y en ella se expusieron los dilemas a los que se enfrentan estos profesionales del reporterismo de sucesos y tribunales en un tiempo en el que el periodismo parece funcionar a golpe de click y de compartir noticias en las redes. Una encrucijada en la que también participan los intereses empresariales de los propios medios de comunicación y están presentes los encorsetamientos que determinan ciertas leyes.

Cuando la Fiscalía acusa a los medios

El crimen siempre ha tenido un elemento de morbo. Gusta a la audiencia. “Sobre todo llaman la atención los que tienen como protagonistas a los ancianos y los menores”, recordó Llambrich. De hecho, no hace mucho tiempo generaban mucho impacto aquellas noticias que tenían que ver con la violencia de género, las cuales ahora han cedido su trono a las de corrupción, y poco a poco ganan peso las de corruptos que cometen crímenes para evitar que se conozca su hecho delictivo. El súmum.

La cuestión es cómo tratarlas. Qué se puede decir y qué no y cuáles son los márgenes en los que se vadea el reportero.  José Yoldi, periodista veterano, un maestro para muchos del gremio y autor de los libros Peor habría sido tener que trabajar (Libros.com) y El enigma Kungsholm (Editorial Mong), explicó cómo se narró el famoso caso del crimen de Pozuelo en el que en junio de 2001 el moldavo Pietro Arcan asesinó a un abogado, intentó matar a la esposa y agredió a las dos hijas del matrimonio.

Fue un hecho lleno de dificultades para los periodistas, ya que había una violación y menores de por medio. Y la Fiscalía de Menores arremetió contra todos los medios porque lo único importante parecía la violación. Esto hizo que “los periodistas renunciaran a informar. La crónica del juicio fue sin firma [en El País]”, recordó Yoldi, quien remató su discurso sosteniendo que ahora los periodistas “nos protegemos con eufemismos en la información sobre menores”, en relación a casos como el del Gitanillo –el menor que suministró los explosivos del 11M- o del Cuco, implicado en la desaparición de Marta del Castillo. Y así es como el periodismo pierde una de sus esencias: contar la verdad. “Si es que ahora, con la Ley de Protección de Datos, ni siquiera podemos guardar las sentencias [que son públicas]. Los delincuentes tienen derecho a que no les recuerden el pasado”, criticó.

La periodista del periódico ABC y Telecinco, Cruz Morcillo, que acaba de publicar el libro El crimen de Asunta (La Esfera de los Libros) sobre el asesinato de una niña de 12 años en Santiago de Compostela en septiembre de 2014, también criticó la condena que se hizo a los medios por el caso Arcan. Y sus consecuencias: “Según nos zurren, así los tratamos [los casos]”, alegó. No obstante, también hizo autocrítica del periodismo de sucesos. “Yo me ocupo de la primera parte del crimen. Nos toca llegar al lugar de los hechos, hablar con las fuentes, que son los policías. Y es muy complicado porque estas fuentes son las más resistentes que hay. Además, es cuando menos se sabe de lo ocurrido. Por eso a veces cometemos errores”, indicó.

Reír las gracias al Pequeño Nicolás

También aludió Morcillo a los intereses empresariales para contar determinados casos que acaban derivando en puro amarillismo. Y puso como ejemplo las entrevistas que se han realizado al llamado Pequeño Nicolás. “El niño se ha convertido en una máquina de hacer ganar dinero. Es la primera vez que un imputado, cuyo caso está bajo secreto de sumario, por lo que no se puede contrastar, se sienta en un programa donde no hay ningún periodista especializado en sucesos y se le ríen las gracias. Y la audiencia subiendo. Esto es el paroxismo del periodismo de tribunales”, apuntó haciendo referencia a que cada vez hay menos formación en el periodismo y eso “se trasluce en la información”.

Otro ejemplo: el caso del asesinato de la presidenta de la Diputación de León, Isabel Carrasco, en mayo de 2014, cuando “lo más importante parecía que una lesbiana hubiera sido capaz de matar. Eso ha salido publicado”, indicó Morcillo aludiendo a una de las mujeres implicadas porque se encontró la pistola del crimen en su coche, cuando en realidad tiene una pareja masculina. El folclore y la rumorología por encima de los hechos.

Precisamente, José Sanclemente, presidente del Consejo de Administración de eldiario.es y que conoce bien los medios de comunicación –narra sus entresijos en sus columnas de eldiario.es-, cuyo funcionamiento ha contado también en las novelas Tienes que contarlo, No es lo que parece o la más reciente Esta es tu vida –todas en Roca Editorial-, destacó en este sentido que “se está cometiendo un crimen contra el periodismo, su escenario son los medios y los asesinos son varios”. En su última novela, acerca de un reality en el que los concursantes ceden toda su intimidad –algo que ya hemos visto en ciertos programas reales- se produce el asesinato de una concursante, y en vez de suspender el programa, sus directivos deciden que siga adelante, creándose una mezcla entre el reality y los informativos. “Y esto podría llegar a pasar en la realidad”, apostilló.

El negocio manda

¿Cuál es la clave? Piensen en términos económicos. Sanclemente ofreció datos: “Telecinco y Antena 3 consiguieron el año pasado el 80% de toda la publicidad en televisión, y el 46% de todos los ingresos publicitarios de toda la publicidad que se hace en España. Si te juegas estos ingresos, no eres timorato”. Y más cifras: los realities tienen una audiencia en alza. Más de cuatro millones ha alcanzado ya Gran Hermano Vip esta semana. Muy goloso. No es de extrañar que haya habido un aumento de lo que Sanclemente llama “los infoshows” o esas tertulias en las que aparecen determinados periodistas “que no es que tengan un guión, pero si no adoptan una postura radical, no les llamarán más”. Como la casa de Gran Hermano.

¿Consecuencias? A más audiencia, más pérdida de credibilidad de la información en televisión. “Estamos en unos momentos en los que los periodistas lo están pasando muy mal, hay muchos que tratan de luchar contra todo esto, pero hay empresas que tratan de obstaculizar, y la que se resiente es la información”, sentenció.

De ahí que Morcillo hiciera una reivindicación del periodista como marca y nombre. “Elijan medios y personas y rechacen la mentira”, argumentó. Al final la palabra determinante es la independencia. “Es lo que algunos estamos intentando para que no nos impida informar una deuda, una amenaza o la autocensura”, concluyó Sanclemente. Quizá es la única forma de salvar al periodismo de sus asesinos.

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