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ENTREVISTA | Actriz

Aitana Sánchez-Gijón: “Tenemos que dar portazo a los trogloditas que nos quieren devolver a la noche de los tiempos”

Aitana Sánchez-Gijón en 'La vuelta de Nora'

Laura García Higueras

Aitana Sánchez-Gijón debe su nombre a la que fue su madrina, la hija de Rafael Alberti y María Teresa de León. A los 16 años debutó en la profesión de la que todavía hoy vive y desde entonces ha trabajado con cineastas como Pilar Miró, Vicente Aranda, Bigas Luna, Fernando Fernán Gómez o Patricia Ferreira. Fue la primera mujer en presidir la Academia de Cine española en 1998 y ha ganado una Concha de Plata en el Festival de San Sebastián.

Su trayectoria no le impidió vivir un “parón en el cine a partir de los 35”. “De repente, dejaron de contar conmigo”, lamenta en una entrevista con eldiario.es. Pero es optimista. En su radiografía de la industria considera que “las cosas están empezando a cambiar”. Por lo pronto, hasta el próximo 23 de junio estará en el Teatro Bellas Artes de Madrid representando La vuelta de Nora, dirigida por Andrés Lima.

La obra es la secuela de Casa de muñecas de Henrik Ibsen (1879). En 2017, el autor Lucas Hnath decidió continuar la historia un siglo después. En ella, Sánchez-Gijón es Nora, una mujer que hace quince años decidió abandonar a su marido e hijos para encontrar su voz y su libertad en pleno siglo XIX.

Nora, ahora convertida en escritora feminista de éxito se ve obligada a regresar a su casa para pedirle a su marido (Roberto Enríquez) que tramite su divorcio. También se enfrenta a su hija, que más que rencorosa o hundida se muestra desafiante en la piel de una espléndida Elena Rivera, y a la niñera Anna Mari.

¿Conocía Casa de muñecas?Casa de muñecas

Vi un montaje hace años que me dejó pegada a la butaca. El personaje de Nora me causó una honda impresión. Desde ahí no volví a ver la función ni la releí hasta que Pedro Larrañaga [productor junto a Nicolás Belmonte] me envió el texto de Lucas Hnath. Al principio lo recibí con cierta prevención porque me parecía muy osado escribir una segunda parte, pero en seguida me entusiasmó. Es un texto muy potente que entronca directamente con lo que estamos viviendo actualmente.

¿Qué relación se establece entre la Nora del siglo XIX y las mujeres del XXI?

El paralelismo es muy claro entre los 15 años que han pasado desde que Nora dio el portazo y termina regresando, y los casi 150 años que han pasado desde que Ibsen escribió Casa de muñecas y el día de hoy. Nora ha conseguido muchísimas cosas, se ha convertido en una escritora de éxito, ha encontrado su propia voz y ha alcanzado cotas de libertad muy altas. Pero se da cuenta de que la batalla no está ganada y tiene que seguir luchando por ser realmente libre.

Es lo mismo que nos pasa a nosotros como sociedad. En estos 150 años las mujeres hemos avanzado como no lo habíamos hecho en milenios y aun así estamos en un despertar muy potente desde hace tan solo un par.

¿Cómo planteó su interpretación de esta mujer que es reprochada por haberse marchado, a pesar de que lo hizo por necesidad?

Durante toda la historia de la humanidad, los hombres han abandonado a sus familias y la mayoría de las veces sin ningún motivo más allá de un “porque sí”. Otros tantos porque iban a hacer cosas importantísimas como ir a la guerra, conquistar países o lo que sea. Y es algo aceptado socialmente. No está bien visto, pero normalmente se entiende que un hombre tiene cosas más importantes que hacer.

Una mujer que hace algo así se convierte automáticamente en un monstruo y es juzgada implacablemente. La sociedad considera que tiene que ser castigada. No digo que nos tengamos que equiparar a los hombres y hacer las mismas barbaridades que ellos. Pero sí ocurre que para conseguir avances en libertades y derechos a todos los niveles, las mujeres hemos tenido que hacer actos bastante radicales.

¿La decisión de Nora de marchar lejos de su familia sería ejemplo de ello?

Sí. Nora simboliza el orden burgués de la mujer confinada en el hogar, que cumple el rol de buena esposa y madre. Ella da portazo a esa estructura y rompe todos esos esquemas. Afortunadamente hoy en día no tenemos que abandonar a nuestros hijos para desarrollar nuestra vocación o encontrarnos a nosotras mismas, lo que tenemos que hacer es trabajar el triple.

Seguimos pagando un impuesto revolucionario importante para poder tener nuestra independencia y cumplir nuestros sueños. Nora en el siglo XIX no tiene más remedio que dejar su vida atrás. Sería impensable hacerlo de otro modo. Por eso se amputa el amor de sus hijos. No es una madre desnaturalizada que no los ama, lo que hace es anteponerse a ella misma por encima de los demás.

En su regreso ha de lidiar con su hija. ¿Cómo afronta el encuentro?

Quería evitarlo a toda costa. ¿Qué va a decir? ¿Qué le explica una madre a unos hijos a los que ha abandonado hace 15 años? ¿Cómo va a justificar el dolor tan inmenso que les ha causado? Nora no es una santa, es una mujer que por supervivencia ha tomado una decisión que le ha provocado mucho dolor a ella misma, pero también a su entorno. El encuentro con Emy es de un voltaje emocional brutal. Nora hace un ejercicio de disciplina para pasar por encima de sus sentimientos y perseguir su objetivo. Apela a ello para no desmoronarse, que es lo que siente que va a ocurrir cada segundo que está con su hija.

¿Recuerda el contexto de Nora a los discursos que algunos políticos pronunciaron recientemente buscando el retroceso para la mujer?

Fue muy preocupante, se cuestionaron derechos adquiridos que parecían debates superados. Tenemos que dar portazo a la caverna, a los cuestionamientos trogloditas con los que nos quieren devolver a la noche de los tiempos. No hay que bajar la guardia, hay que seguir muy alerta y seguir batallando con firmeza.

En 1998 se convirtió en la primera mujer en presidir la Academia de Cine. ¿Cómo lo vivió?

Fue un paso necesario. Desde la propia Academia lo pensaban que ya era hora de que una mujer presidiera el organismo. También por ser alguien joven, con proyección y un punto mayor de cercanía con el público. Solo ocupé el cargo dos años, pero fueron muy intensos. Creo que ganamos en visibilidad, en conectar con el público y popularizar las actividades que hacía la Academia.

Antes había rodado con Pilar Miró El pájaro de la felicidad. ¿Existía la sensación de que trabajar con una cineasta mujer era una excepción?El pájaro de la felicidad

Sí. Pilar en ese momento era un icono. Alguien que había roto moldes, una mujer valiente y talentosa que había conseguido cosas que ninguna había podido hasta el momento. En el rodaje tenía una cicatriz muy grande porque estaba operada del corazón. Rodamos en Almería en una casa dentro de un parque natural, y la recuerdo abriéndose la camisa para poner la cicatriz al sol. Para mí este gesto la define mucho.

Empezó en la profesión a los 16 años, ¿qué evolución has visto dentro de la industria en todo este tiempo?

Yo sí he vivido un parón en el mundo del cine evidentísimo a partir de los 35 y de forma radical hasta el día de hoy. Pasé de hacer cine constantemente a que automáticamente dejaran de contar conmigo. Afortunadamente, he estado varios años en Velvet con un personaje fantástico. En teatro me ha ocurrido lo contrario, cada vez he ido accediendo a personajes más potentes. Creo que desde hace un año las cosas están empezando a cambiar. Es un momento muy potente para la ficción. Llevamos ya mucho tiempo viendo series de fuera donde hay roles femeninos complejos, profundos y creo que eso se nos está contagiando.

¿Hay algo en concreto que piensa que ha de cambiarse cuanto antes?

Las mujeres seguimos necesitando estar en los puestos de decisión y poder. Estar más representadas y presentes. Tiene que haber espacio para más guionistas y directoras. Las películas dirigidas por mujeres cuentan todavía con presupuestos mucho más bajos que las dirigidas por hombres. A Patricia Ferreira le pasó cuando hicimos Thi Mai en Vietnam, rodada en un país asiático, que mezclaba aventura y comedia. Por lo que me han contado, la misma cinta dirigida por un hombre habría contado con un 30% más de presupuesto.

Hace dos años hablaste de un caso de acoso que habías vivido en primera persona. ¿Existe cada vez más conciencia?hablaste de un caso de acoso que habías vivido en primera persona.

Fue una situación incómoda en la que alguien que venía de fuera me tendió una trampita y yo me fui por patas. En mi vida cotidiana me han pasado muchísimas más cosas que aquella. Acoso profesional no he vivido en ningún caso. Las mujeres vamos solas por la noche y nos morimos de miedo. A los hombres no les pasa, si se cruzan a una mujer por la noche no les da un escalofrío en el espinazo, a nosotras sí. Juraría que al 100% de las mujeres.

Cada vez salimos más a la calle a protestar por nosotras, pero a la vez siguen asesinando a mujeres. ¿Qué está fallando?

Los patrones están tan incrustados en el ADN que vamos a necesitar siglos para cambiar la sensación de que el mundo es de los hombres y que nosotras estamos para acompañarles y entretenerles un poco. La creencia de que pueden hacer con nosotras lo que quieran, poseernos, utilizamos como objetos y disponer de nosotras como se les antoje.

Está realmente incrustado en alguna parte del cerebro y por ello hay que incidir en la educación. En las familias, en los colegios, hay que crear una conciencia, dar batalla constantemente. También desde quienes nos gobiernan. Tiene que hacer políticas de estado contundentes, definitivas. No se puede estar cuestionando las leyes de violencia de género o quitando ayudas a las mujeres maltratadas. Eso es peligrosísimo. Desde quien tiene el poder político es fundamental no dar pasos atrás.

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