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Alicante protagoniza el mayor pinchazo de la bicicleta pública en España

Alabici cierra con apenas 85 usuarios por el mal diseño del servicio del alquiler, la falta de infraestructuras para ciclistas o el vandalismo

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Estación de Alabici.

Estación de Alabici.

Alicante (335.000 habitantes) cierra el 28 de marzo su servicio público de alquiler de bicicletas en el mayor pinchazo de este tipo de oferta en España. A pesar de ser una ciudad de tamaño medio, tiempo agradable (poca lluvia y temperatura media suave) y orografía relativamente asequible,  Alabici apenas ha durado tres años y medio. En Febrero, según el ayuntamiento, apenas tuvo 85 abonados. La concesionaria ha renunciado a seguir prestando el servicio. Ha perdido dinero.   

No es el primer fracaso en este campo en España, pero si, seguramente, el mayor. Otras capitales de provincia (Jaén o Pontevedra) o ciudades grandes -Tarrassa (215.000 habitantes, Barcelona) o Cartagena (216.000, Murcia) han vivido fiascos similares. San Sebastián también está teniendo sus problemas. En muchos de los casos el patrón se ha repetido: poca calidad del servicio, número insuficiente de bicicletas y estaciones e infraestructuras –y coches- que no hacen amable el uso de las dos ruedas.  

Esther Anaya, coautora del Balance de la bicicleta pública en España, recuerda que hay ya un rosario de fracasos en la historia del alquiler de bicicletas. Sin entrar en el caso de Alicante, señala que la falta de inversión suele ser clave cuando el servicio no se consolida. “Esto es un fuerte condicionante negativo para que los usuarios decidan utilizar el servicio. Si hay problemas de mantenimiento de las bicicletas o hay dificultades para acceder al sistema o poca disponibilidad, todo ello influye, por lo tanto hay que garantizar unos mínimos de calidad”.

El Ayuntamiento apenas ha invertido 120.000 euros al año en Alabici. En la vecina Valencia, donde Valenbisi tiene 92.000 abonados, el consistorio calcula que el servicio –prestado por una empresa- tiene un coste anual de 6,5 millones. La penuria económica del Ayuntamiento y la falta de éxito de Alabici retroalimentaron la falta de inversiones en el servicio, que también ha sufrido el vandalismo de algunos vecinos. Los robos y los destrozos de las bicicletas han sido frecuentes.

¿Tomadura de pelo?

Sin embargo, para el colectivo Alacant en Bici, “no se corta el servicio porque hay pocos abonados. Al contrario. Hay pocos abonados porque desde hace años el servicio está abandonado”. Pocas estaciones, y sobre todo, la ausencia de planes complementarios que integren las bicicletas en los complejos sistemas de transporte de cualquier ciudad.  “Se ha aprobado un Plan de Movilidad Urbana (con subvenciones de por medio), y a continuación se ha hecho justamente lo contrario que pedía ese plan: mermar el servicio de autobuses, y suprimir las bicicletas públicas. ¿Tomadura de pelo?”, insiste Alacant en Bici.

Sin fecha de retorno

El ayuntamiento ha mostrado su voluntad de retomar el servicio, pero sin prisa. No hay fecha de reapertura. Mientras, la imagen de Alicante, cuya alcaldesa, Sonia Castedo, está imputada por corrupción, vuelve a quedar tocada. “La bicicleta dibuja, en el plano simbólico, una imagen de ciudad amable, agradable, joven, accesible... Y por supuesto mediterránea”, dice Vicent Martínez, consultor de comunicación y experto en citymarketing. “Esa imagen queda ahora afectada por el cierre”.

España, líder mundial

En cualquier caso, no todo son malas noticias para la bicicleta pública en España, país que lidera los servicios de alquiler en el mundo, según un trabajo publicado en 2013 en el think tank Earth Policy. Sevilla y Barcelona aparecen en uno de los ránkings más populares sobre ciudades amables para las bicicletas, el de la consultora Copenhagenize.  Nada, piensan muchos, que Alicante no pueda conseguir con una apuesta decidida y meditada por la bici.

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