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La seguridad como trampa

Por la forma en la que se está desarrollando la campaña electoral en la Universitat de València, constatamos con gran decepción que también en la academia impera el reino de los falsos dilemas, de la simplificación argumental y hasta de las fake news. Lo que se censura cuando se trata de asuntos como el Brexit o la elección de Donald Trump, se practica sin mayor inconveniente en nuestras elecciones universitarias. Y de este modo, más que una concepción rigurosa de la democracia y del debate racional, se da pábulo a todo tipo de promesas y se ataca al contrincante usando argumentos sin fundamentos y prometiendo alegremente al electorado todo cuanto desea escuchar.

El falso dilema por antonomasia consiste en presentar la elección como una cuestión de cambio o continuidad: “Si no llega el cambio, la Universidad irá hacia su fracaso más estrepitoso” afirma el candidato. Una tesis que no se sustentaría en ninguna rama del saber, desde la astronomía a la psicología, porque sabemos que todos los fenómenos son complejos y, muy en especial, los relativos a las organizaciones y a las sociedades. Por tanto, la estrategia es convertir este tipo de mensajes simplistas en un mantra con el que, a fuerza de repetirlo, se trata de persuadir, o incluso manipular, al electorado universitario.

Pero si el dilema, efectivamente, no es otro que cambio o continuidad, ¿por qué el candidato califica entonces su cambio como “seguro”?¿Tal vez para no inquietar a sus votantes? Se ofrece la seguridad como trampa, en vez de las propuestas necesarias o el análisis de la viabilidad económica y jurídica de las mismas. ¿Para qué puede ser necesario un vicerrectorado de economía? se debe preguntar el candidato. Eliminémoslo y pongamos, en cambio, tres vicerrectorados en el área de cultura (¡ahora justamente que se va a negociar el plan de financiación o la renegociación de la deuda!) ¿Y cómo atenderá esa suma de promesas que ha ido acumulando con tanto entusiasmo en su programa? ¿Acaso existe una fuente secreta de financiación que nadie conoce excepto el candidato?

La única certeza “segura” es que el candidato preferiría no tener contrincante. Por ello, pidió la retirada de nuestra candidatura y por ello persiste en calificar a las personas e ideas que la forman de “caducas” y en afirmar que el cambio, por sí mismo (y por arte de magia), es “progreso”.

El claustro tuvo la oportunidad de reducir los mandatos de los vicerrectores y vicerrectoras en 2003, puesto que así lo planteó una enmienda, pero fue rechazada ¿Acaso el claustro sólo es un órgano democrático cuando toma las decisiones que a uno le convienen? Por otra parte, entre los miembros de su equipo ¿no hay nadie que haya estado ya dos mandatos consecutivos en cargos académicos? Este tipo incoherencias resultan tan palmarias y evidentes, que muestran por si solas la falacia argumental de buena parte de sus planteamientos.

Durante la campaña se han efectuado promesas hacia el profesorado asociado y se ha instrumentalizado la huelga de forma sistemática. También aquí parece que el candidato tiene una carta en la manga que desconocen quienes están negociando para resolver esta situación –equipo de gobierno de la Universitat y los propios sindicatos- y es mejor mantenerla escondida para jugar con ventaja hasta que pasen las elecciones.

Por supuesto, el candidato no ha tomado en consideración estos días la sentencia del Tribunal Supremo del día 29 de enero de 2018 que prohíbe las jornadas laborales de duración inferior a la fijada con carácter de generalidad por el Estado y no ha puesto en conocimiento de la comunidad universitaria, y en especial del personal de administración y servicios, las consecuencias que de ello se derivarían para alguna medida de su programa.

La “seguridad” no es más que una trampa. Por nuestra parte, hemos propuesto una transformación responsable y un cambio posible. Las palabras responsabilidad y posibilidad tienen una filiación bien distinta. Suponen conocimiento de la complejidad de la institución, porque la riqueza de la Universitat de València radica en su diversidad de titulaciones, de campus y centros, de equipos de investigación, de sensibilidades; por ello mismo, hacer política y gestionar la complejidad no se resuelve con simplificaciones, sino dando el protagonismo que merecen a todos los órganos de participación: desde el Claustro a la Mesa Negociadora; desde los consejos de departamento y de los institutos de investigación hasta el Consejo de Gobierno para buscar y encontrar con ellos siempre la mejor solución.

Creemos que la Universitat de València no debe caer de ningún modo en la simplificación, ni en la demagogia. El candidato ha abusado de ambas y de promesas extravagantes. Algo de todo impropio a alguien que debería estar comprometido con la academia y que aspira a ocupar la máxima representación universitaria. Por todo ello, pedimos el voto para nuestra candidatura.

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