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Los fantasmas que sobrevuelan Eurovegas: El Reino de Don Quijote y Gran Scala

El proyecto aragonés, denominado Gran Scala, nunca se convirtió en realidad. Como tampoco lo hizo El Reino de Don Quijote, el otro megacomplejo de ocio que iba a catapultar a Ciudad Real al olimpo mundial del juego.

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El alcalde de Alcorcón anuncia 10.500 contratos en la primera fase de Eurovegas

El presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González (2i), junto al alcalde de Alcorcón, David Pérez (d), consulta unos planos de la futura ubicación de Eurovegas. / Efe

“En estos doce meses hemos competido con otras zonas de España y de Europa y hemos conseguido que los promotores del proyecto determinen que nuestra Comunidad es el lugar elegido para la ubicación de este proyecto. Es un desafío (…) y quiero agradecérselo muy especialmente a los promotores que han confiado en nosotros y que contarán con la confianza de esta Comunidad Autónoma”. Así se expresaba un presidente regional sobre el proyecto de ocio que iba a revolucionar su Comunidad y crear cerca de 26.000 empleos.

Pero no se trata de Ignacio González y su confianza ciega en el futuro de Eurovegas, sino de Marcelino Iglesias, entonces presidente de Aragón, quien en 2007 creía que era posible convertir el desierto de Los Monegros en la réplica europea de Las Vegas.

El proyecto aragonés, denominado Gran Scala, nunca se convirtió en realidad. Como tampoco lo hizo El Reino de Don Quijote, el otro megacomplejo de ocio que iba a catapultar a Ciudad Real al olimpo mundial del juego, de la mano del grupo estadounidense Harrah’s. La dueña del famoso Caesars de Las Vegas huyó tan rápido como pudo cuando vio desmoronarse el proyecto al mismo tiempo que el aeropuerto de Ciudad Real abandonaba su pretensión de convertirse en una alternativa a Barajas.

Construir Las Vegas en el desierto aragonés

Gran Scala se vistió de largo en diciembre de 2007. Su presentación se hizo en la Sala de La Corona del edificio Pignatelli, la sede del Gobierno de Aragón, reservada para los actos más solemnes. Alrededor de 700 invitados, entre ellos algunos de los grandes nombres del empresariado español, daban la bienvenida al proyecto encabezado por Internacional Leisure Develompment (ILD). Un proyecto que iba a tomar el relevo inversor de la Exposición Internacional de Zaragoza.

Sus números iniciales eran mareantes: 18 parques temáticos, 32 casinos, la reconversión en centro de ocio de más de 2.000 hectáreas, una inversión de más de 7.000 millones de euros y la creación de cerca de 26.000 puestos de trabajo. Un globo que sólo tardo un año en empezar a desinflarse. En 2008, los pretendidos casinos se rebajaron a diez, los parques temáticos a ocho, las hectáreas a unas 1.000 y los empleos primero se redujeron a 15.000, luego a 5.000… Y hasta ahora, cuando el proyecto se da abiertamente por perdido. La única inversión que se materializó fue la compra inicial de terrenos, que benefició a los propietarios de la zona de Ontiñena, a la que ILC habría destinado unos 1,2 millones de euros.

Internacional Leisure Develompment, cuya sede está en Londres, sigue publicitando en su web el proyecto de Los Monegros que, asegura, es “un viaje al corazón de la historia y de las civilizaciones en el corazón de un reloj de 4,5 kilómetros cuadrados, articulados alrededor de 16 temas históricos (…) Concretamente, el visitante podrá entrar en la Grecia Antigua, recorrer la Edad Media, pasear por el Renacimiento y explorar el mundo del futuro. Cada periodo histórico comprenderá dos complejos, así como un hotel y un casino tematizados de acuerdo con el mismo periodo histórico”. Y continúa asegurando que Gran Scala contará con “seis grandes parques temáticos, sus contenidos variarán desde el mundo del cine, el espacio, el futuro, la aventura y espionaje, la música a través del tiempo, los mamíferos, el mundo marino y el mayor parque acuático del mundo…”. Veinticinco millones de visitantes iban a visitar el megacomplejo, que iba a abrir sus puertas en 2014.

Eurovegas es algo más cauto en sus previsiones. Espera que su proyecto madrileño, cuando esté en pleno funcionamiento, previsiblemente en 2025, atraiga a unos 10 millones de personas y, pese a la cautela, doblaría el número de turistas que visitan actualmente la Comunidad de Madrid. También anda de puntillas sobre las cifras de inversión previstas, dado que a día de hoy sólo se haría cargo, directamente, del 35% de los 17.000 millones que requiere el complejo de Alcorcón. Tampoco está claro el volumen de empleo, tanto directo como indirecto, que podría generar. Las cifras más optimistas se elevan a 260.000 puestos de trabajo que equivalen, prácticamente, a la mitad de desempleados que tiene actualmente la comunidad presidida por Ignacio González.

Precisamente, fue González quien calificó Eurovegas como un “sueño”. Una hipérbole que hace recordar las palabras de José Ángel Biel, exvicepresidente aragonés, quien habría llevado la batuta en las negociaciones con ILD y quien llegó a calificar Gran Scala como lo más grande que le había pasado a Aragón desde los Reyes Católicos.

El fallido Reino de Don Quijote

A mediados de 2005, Ciudad Real iba camino de convertirse en uno de los ejes del juego en Europa. Una actuación urbanística que, sólo en su primera fase, supondría la construcción de un casino Caesars que, como su homólogo de Las Vegas, operaría el gigante Harrah’s  y que tendría más de 10.000 metros cuadrados, un hotel de lujo donde llevar a cabo grandes congresos, un teatro con capacidad para ubicar a 3.000 espectadores, un mega spa de lujo, varios campos de golf y más de 2.000 viviendas que, en una segunda fase, se ampliarían con 7.000 más.

Pero el destino del proyecto iba ligado al del fallido aeropuerto de Ciudad Real. Intereses paralelos e inversiones que se llevaron por delante a los promotores. El principal inversor del Reino de Don Quijote fue Gedeco Avantis, que entró en concurso de acreedores en 2011. El segundo era Caja Castilla-La Mancha. De hecho, según se publicó en medios locales, la caja nacionalizada llegó a invertir más de 100 millones de euros en este fallido proyecto. Harrah’s lo dio por perdido en 2008, si no definitivamente, al menos hasta que las condiciones de mercado fueran más favorables, y después de haber invertido más de 30 millones de dólares.

Pero El Reino de Don Quijote sigue vivo, al menos en la red, donde se publicita como un “destino turístico al alcance de todos”. “El Reino es un resort turístico internacional ubicado en Ciudad Real, con una amplia oferta de ocio, bienestar, cultura y golf que incluye el Caesars España Hotel y Casino, un hotel-balneario, hoteles de 4 y 5 estrellas, campos de golf, zonas comerciales, un centro de convenciones y congresos y un área residencial”, sigue asegurando en su web. Y, de nuevo, la promesa del empleo. “El Reino ampliará la oferta laboral de la región y tiene previsto crear un total de 7.000 empleos directos en Ciudad Real y 11.000 empleos indirectos e inducidos en Castilla-La Mancha. Directamente va a necesitar perfiles muy heterogéneos, todos los relacionados con la hostelería, el golf, el comercio, etc. Además, un resort de esta magnitud va a requerir muchos empleos indirectos de empresas que serán suministradores y proveedores de El Reino”.

Regulaciones específicas para megaproyectos

Otro paralelismo entre Eurovegas y los dos proyectos fallidos es el del cambio regulatorio que conlleva este tipo de megacomplejos. Aragón aprobó en 2009 una Ley de Centros de Ocio de Alta Capacidad, espacios que debían tener una superficie de más de 1.000 hectáreas que permitieran la creación de más de 3.000 puestos de trabajo, que serían supervisados por un consorcio entre administraciones encargado de revisar el desarrollo y la ejecución de los proyectos. En el caso del Reino de Don Quijote, fue declarado “Proyecto de Singular Interés” por la Junta de Castilla-La Mancha.  

En Madrid, Eurovegas ha supuesto la creación de la figura del Centro Integrado de Desarrollo (CID). Es decir, un complejo donde se realicen de forma integrada actividades industriales, turísticas, de convenciones y congresos, de ocio, espectáculos, juego, deportivas, sanitarias, culturales o comerciales. Los CID conllevan una autorización administrativa mediante concurso público que, en el caso del megacomplejo de Sheldon Adelson, podría resolverse este mismo verano porque, previsiblemente, su empresa será la única que opte al mismo.

Pero el optimismo político a veces tiene fecha de caducidad. Si en 2007, Marcelino Iglesias daba la bienvenida a los inversores de ILD, sólo dos años después, al comprobar que el proyecto se diluía, recalcaba públicamente que el único gasto realizado por la Comunidad Autónoma en la urbe del ocio y el juego de Gran Scala había sido de “50 euros”, los que se habían gastado en luz para la puesta de largo en la sede de su Gobierno. Quién sabe si dentro de unos años sabremos cuánto se gastó en luz la Comunidad de Madrid en la presentación de Alcorcón como sede de Eurovegas.

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