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Los europeos se miran el bolsillo: una mayoría prefiere rebajar la factura que reducir las emisiones contaminantes

Factura de la luz.

Irene Castro

Bruselas —

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El bolsillo primero. Una mayoría de ciudadanos europeos prefiere que los gobiernos lleven a cabo políticas para reducir el coste de las facturas energéticas incluso si eso significa incumplir los objetivos de reducción del carbono. Así se desprende de un estudio realizado por el Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR, por sus siglas en inglés) sobre las políticas europeas a apenas 80 días de las elecciones. El sondeo, elaborado a partir de la respuesta de ciudadanos de doce países de la UE que representan tres cuartos de los asientos de la Eurocámara, revela que el 41% de los europeos prefiere políticas encaminadas a pagar menos por la energía frente al 25% que apuesta por “hacer todo lo posible” por disminuir las emisiones.

Hay diferencias por países. En España, el porcentaje de encuestados que prioriza pagar menos es ligeramente inferior (35%) al de la media del estudio y un 28% sitúa por delante las políticas energéticas encaminadas a mejorar el medio ambiente. Por el contrario, en Alemania (50%), Grecia (49%) y Polonia (48%) tienen el mayor ratio de personas que quieren que sus gobiernos hagan todo lo posible por reducir las facturas mientras que en Suecia (37%) y en Portugal (31%) son más los que dan más importancia a la política verde frente al bolsillo.

La crisis energética es uno de los últimos episodios a los que ha tenido que hacer frente la UE y supuso un encarecimiento récord de los precios de la luz y la calefacción en todo el continente, que se vio obligado a tomar medidas extraordinarias tras la invasión rusa de Ucrania. Aunque la situación se ha calmado, las consecuencias siguen latentes con la inflación aún elevada.

Y, de cara a las elecciones de junio, la conclusión del ECFR es que las políticas comunitarias no venden. Mientras que en Bruselas y en las capitales sacan pecho de la respuesta que dieron a la pandemia, a la crisis de la guerra de Ucrania o los esfuerzos por activar el Pacto Verde Europeo, la mayoría de los encuestados suspenden esas políticas.

Así, un 35% de los encuestados califica como “negativa” la respuesta de la UE a la Covid-19 frente al 31% que la aprueba. En el caso de la guerra en Ucrania, el 37% se pronuncia en contra de la actuación comunitaria y el 29% la califica como positiva, aunque la brecha es aún mayor en el caso de la crisis financiera: un 41% la ve con malos ojos frente al 20%. Respecto a la guerra en Gaza, que es un asunto divisivo en el seno de los 27, sólo el 10% la considera aceptable frente al 35% que la desaprueba. No obstante, la mayoría de los encuestados no se pronuncia, con porcentajes que oscilan entre el 55% (en el caso del conflicto en Oriente Medio) y el 34%.

Otra de las conclusiones del estudio es que el endurecimiento de las posiciones contra la migración que se está produciendo en el Partido Popular Europeo, además de en varios estados miembros, entre ellos también los gobernados por los socialdemócratas, como Dinamarca, puede ser “contraproducente” para sus propios intereses electorales. “Los resultados de nuestra encuesta muestran que la mayoría de los europeos no considera que la migración sea el mayor reto al que se enfrenta la UE”, señala el informe, que reconoce diferencias entre países. Así, en Alemania, Austria, Holanda o Suecia sí que supone uno de los asuntos prioritarios para los votantes.

“La gente se equivoca al pensar que la mejor manera de vencer a la extrema derecha es imitando sus políticas en materia de migración. Nuestras encuestas muestran que la migración no es el tema principal para la mayoría de los votantes en la mayoría de los países y que simplemente copiar las políticas de extrema derecha puede hacer que los partidos tradicionales parezcan poco auténticos. La mejor alternativa es centrarse en las debilidades de los partidos euroescépticos y presentar argumentos geopolíticos a favor de Europa en la época de Trump”, señala el director del ECFR, Mark Leonard.

Precisamente, el ECFR también enfatiza que las divergencias dentro de los grupos de la extrema derecha en asuntos como el apoyo a Ucrania o el euroescepticismo es una de sus debilidades, a pesar de que las encuestas pronostican un incremento sustancial de su representación en las elecciones europeas situándola como tercera fuerza. “Los partidos proeuropeos necesitan desarrollar estrategias para aprovechar las divisiones entre las fuerzas de extrema derecha y utilizar enfoques bastante diferentes para contrarrestarlas en diferentes contextos nacionales”, recomienda el informe.

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