La ‘Odisea’ de Europa por crear ‘campeones empresariales’ que compitan contra EEUU y China: el mapa de las fusiones que vienen
De la UE regulada a la Europa de los emporios empresariales. El prudente, lento y excesivamente garantista club comunitario que tanto enfada a la versión Trump 2.0 parece haber proclamado una revolución silenciosa que no se libra ni en la Eurocámara, ni en sus parlamentos nacionales, ni en los parqués, sino en los despachos de Bruselas, donde la política industrial vuelve a ocupar el centro del debate económico. Por razones de seguridad. Pero también, según los dictámenes de los ex primeros ministros italianos Mario Draghi y Enrico Letta, por “exigencias competitivas” de una nueva globalización, fragmentada en su dogma del libre tránsito de mercancías, servicios y capitales. Y que ahora reclama garantías productivas y de suministro que han reverdecido los laureles nacionalistas y las alianzas con mercados amigos (friendshoring) para avalar las cadenas de valor.
Todo ello está empujando a la UE a priorizar el tamaño empresarial --la necesidad de albergar a campeones empresariales paneuropeos-- frente a las reglas de la competencia. Bajo el objetivo rector de que el nuevo orden mundial estará dominado por conglomerados estadounidenses y chinos y un ejercicio que se viste de realidad incómoda y que asegura que la escala empresarial es un activo geoestratégico ineludible. Draghi fue, quizás, quien mejor sintetizó ese diagnóstico. El informe del expresidente del BCE sobre competitividad apuesta por recuperar las capacidades inversoras europeas para engendrar conglomerados que rivalicen con EEUU y China.
Letta completa la grave radiografía de situación emitida por Draghi y ahonda en la idea de que se complete --y complemente-- el mercado único. Rápidamente respaldada por economistas de think tanks como Bruegel, el Centre for European Reform (CER) o el Institut Montaigne, para los que el desacoplamiento empresarial constituye una de las mayores debilidades estructurales de la economía europea.
Bruselas lleva meses moviendo fichas para remodelar el mapa empresarial europeo. En torno a una remodelación de las leyes de competencia, el desmantelamiento de cargas burocráticas o la flexibilización de los requerimientos en procesos de fusiones transfronterizas. Además de dar impulso a un auténtico mercado europeo del ahorro y la inversión que estimule las carteras de capital y responda al desafío de configurar firmas que rivalicen con Microsoft, Alphabet, Nvidia, Amazon --o el resto de las Siete Magníficas, si se mira al espejo americano--, o con la tecnológica CATL o la automovilística BYD, con reflejo y ADN chinos.
Este viraje doctrinal, alentado desde la Casa Blanca republicana, explica que varias operaciones corporativas en marcha, dentro de una oleada de M&A (fusiones y adquisiciones, por sus siglas en inglés) con cada vez mayor intensidad global, se vislumbren como “cruciales” para instaurar y alentar una genuina estrategia industrial. Hasta el punto de que The Economist acaba de seleccionar a Andrea Orcel, CEO de UniCredit, Xavier Niel, fundador de Iliad, o el inversor checo Daniel Křetínský “símbolos” de una hornada de visionarios con poder para construir grupos paneuropeos. Bien a través de M&A, participaciones estratégicas o complejas swaps de mercado. El semanario británico les tilda de “auténticos arquitectos del nuevo capitalismo continental”.
No dejan de ser elucubraciones. Pero tienen visos de realidad. O, al menos, de que Europa ha emprendido una senda de integración corporativa como la que aconsejan Draghi y Letta.
Boston Consulting Group (BCG) lo expresa de manera elocuente. La UE --aseguran sus expertos-- “está cambiando el criterio con el que evalúa las fusiones”. Hasta ahora, la estrategia era combatir posiciones de dominio; ahora, se empieza a reconocer que una mayor escala también puede ser beneficiosa para la competencia europea si permite invertir más, innovar, ganar en resiliencia y competir globalmente. Y aportan un dato: “durante la última década, operaciones de M&A por al menos 70.000 millones de euros fueron prohibidas por la Comisión y otras muchas se retiraron o ni siquiera llegaron a plantearse por la incertidumbre regulatoria”.
El nuevo tablero industrial europeo
Si existe un sector donde la UE precisa crear campeones globales --apunta un notable consenso del mercado--, es el tecnológico. La diferencia respecto a EEUU y China, que acaba ha puesto en tela de juicio la supremacía de Silicon Valley, en 2025 con DeepSeek y, en las últimas semanas, con Kimi K3, el modelo de código abierto de la startup Moonshot, resulta abrumadora. A pesar de que el manido lema de las tres erres (EEUU, researches, China, replicates y Europa, regulates) no responda exactamente a la realidad. Puede que las bigtechs americanas se hayan adueñado de las principales plataformas digitales. Y Pekín del talento innovador. Pero en la UE coexiste una tecnología industrial menos visible, pero absolutamente decisiva.
La neerlandesa ASML es un buen ejemplo. Su liderazgo global en litografía ultravioleta extrema convierte a la multinacional en pieza imprescindible para fabricar chips avanzados. Alrededor de su grupo gravitan otros actores como ASM International, BE Semiconductor Industries, Infineon, STMicroelectronics, NXP o Soitec. El consorcio sostiene todo un ecosistema de semiconductores y circuitos integrados made in Europe de alta fiabilidad.
Sin embargo, el gran reto europeo trasciende del hardware. La próxima batalla se librará en el software, la IA y el big data. EEUU dispone de Palantir, OpenAI, Microsoft o Google. Mientras en Europa, se busca todavía a sus equivalentes. Y no digamos a su Anthropic. Entre los candidatos destacan, por supuesto, SAP --su gran desarrollador de software empresarial--, aunque también Dassault Systèmes, cuya plataforma digital domina buena parte del diseño industrial mundial; Siemens, inmersa en una profunda reconversión hacia la automatización generativa; Capgemini y Sopra Steria, especializadas en integración tecnológica. Además de nuevas firmas como Mistral AI, Aleph Alpha, Helsing, IQM u OVHcloud, con dotes protagonistas en soberanía digital europea.
“Europa no necesita crear emporios tecnológicos desde cero, sino dar a los que tiene una escala global” aseguran desde McKinsey Global Institute que observa líderes aventajados europeos en tecnología industrial, chips, automatización, software empresarial y transición energética. Pero sufre déficit estructural para convertir esa excelencia innovadora en gigantes corporativos por la fragmentación del mercado, la escasez de capital para financiar su dinamismo y una merma inversora en I+D. “Se requieren hiperescaladores […], porque las tecnologías transversales como la IA, el cloud o la computación avanzada darán el cetro competitivo en el futuro orden mundial”.
Especial atención merece Helsing, convertida en referente continental en IA aplicada a defensa, ámbito donde debe confluir el software, los sensores y los sistemas autónomos que redefinen la industria militar. Porque la defensa se ha convertido en otro de los motores de la seguridad y soberanía productiv a europea. El aumento del gasto militar favorece una rápida concentración de grupos como Airbus Defence& Space, Leonardo, Thales, Rheinmetall, Saab, BAE Systems, KNDS, Dassault Aviation, Hensoldt o la española Indra, cuyo posicionamiento en electrónica, radares, ciberdefensa y sistemas de mando la sitúa entre las empresas con mayor potencial para liderar futuras integraciones continentales.
La lógica resulta evidente. Ningún socio dispone individualmente de la dotación estadounidense ni del respaldo industrial chino. La única alternativa es alumbrar campeones paneuropeos que rivalicen por contratos internacionales y desarrollen tecnologías duales con aplicaciones civiles y militares, constata el mercado. Nikolaus Lang, director de BCG, cree que Europa dispone de “una base científica e industrial de primer nivel”, si bien le urge convertir ese conocimiento “en capacidades militares desplegables”. Sin embargo, “no lo conseguirá con un patrón productivo quebrado y sin estándares homologables”. A no ser que el rearme europeo que movilizará hasta 800.000 millones de euros anuales desencadene un “efecto tractor” sobre sectores como el software, la electrónica, las telecomunicaciones, la automoción o la logística.
Primera oleada de ‘posibles’ fusiones
Las telecos también están en proceso de transformación. Deutsche Telekom, Orange, Vodafone, Iliad, Swisscom, Proximus y, especialmente, Telefónica aparecen como actores principales.
La operadora española reúne atributos valiosos: presencia global, expertise en redes digitales, capacidades en ciberseguridad con Telefónica Tech y reorientación a servicios empresariales de valor añadido. Si Bruselas flexibiliza las fusiones transfronterizas, la multinacional que preside Marc Murtra, podría convertirse en uno de los catalizadores de la remodelación de las telecos europeas, con su nueva consigna de menos Latinoamérica, menos deuda y más Europa. Bajo un clima en el que, según Pau Castells, jefe de Análisis Económico de GSMA Intelligence y autor del informe Efficient Operator Scale in European Mobile Markets, las operadoras de más tamaño invierten un 48% más en redes móviles, despliegan más rápidamente el 5G y ofrecen más calidad de servicio sin precios más elevados a los consumidores.
“Serán las puntas de lanza de las M&A continentales”, sin olvidarse de firmas que, como Cellnex, se han labrado un estatus decisivo a raíz de sus “adquisiciones selectivas y acuerdos de cogestión de infraestructuras”, apuntala.
Sin embargo, será la banca, muy presumiblemente, el laboratorio donde germinará este nuevo paradigma europeo. La ofensiva de UniCredit sobre Commerzbank, las operaciones alrededor de Banco BPM, Monte dei Paschi, el debate sobre BBVA y Banco Sabadell o el creciente interés por crear verdaderos grupos bancarios paneuropeos reflejan hasta qué punto Bruselas comienza a considerar que la integración financiera constituye una condición indispensable para financiar la transformación industrial del continente. Bien entre buques insignias o entre banca, fintechs y startups y firmas de venture capital.
La arquitectura bancaria europea del futuro girará alrededor de entidades como Santander, que acaba de reincorporarse a las 100 mayores compañías del mundo y que no descuida el mercado europeo tras adquirir la americana Webster. O BNP Paribas, UniCredit, Intesa Sanpaolo, ING, Deutsche Bank, BBVA o CaixaBank, todos bancos con una dimensión global internacional que las hace candidatas naturales a adquirir el galardón paneuropeo.
Orcel cree que las fusiones transfronterizas son “la vía más eficaz para generar entidades con la escala suficiente para financiar la economía europea, invertir en tecnología y competir con JPMorgan Chase o Goldman Sachs. En su opinión, la prioridad de UniCredit es construir un banco verdaderamente europeo.
‘Segundo tiempo’ con ¿prórroga?
La energía no podría faltar a este proceso de adquisiciones. Al fin y al cabo, es uno de los pilares de la futura industria europea. Soberana en materia de seguridad y suministro y autosuficiente. O, al menos, menos dependiente del exterior y de los fósiles. Desde la guerra en Ucrania, la UE ha revalidado, con más contras que pros, su reto de situarse a la vanguardia de la sostenibilidad mundial. Draghi impuso un doble criterio adicional: acelerar la descarbonización con empresas que avalen el abastecimiento y competan con los gigantes americanos y asiáticos en sectores críticos.
En este escenario aparecen grupos como Iberdrola, Enel, EDF, RWE, Engie, Ørsted, EDP o Acciona Energía, referentes mundiales en renovables, o Moeve en plena luna de miel con Galp. Pero las supermajors europeas también tienen algo que aportar. TotalEnergies, Shell, Eni, Repsol y OMV están redefiniendo su modelo de negocio para combinar hidrocarburos con gas natural licuado, hidrógeno, captura de carbono y electricidad limpia. La energía nuclear recupera protagonismo por el impulso de EDF, Framatome y Rolls-Royce SMR, mientras gestoras de redes como Redeia, Terna, Elia, National Grid o TenneT afrontan inversiones millonarias para electrificar la economía y responder al creciente consumo derivado de la digitalización y la IA.
La misma lógica opera en el terreno de las infraestructuras. Constructoras como ACS, Ferrovial, Vinci, Bouygues, Eiffage, Hochtief, Acciona o Webuild se aprestan a modernizar redes eléctricas, o crear centros de datos, corredores ferroviarios o instalaciones industriales. España parte con una posición especialmente sólida gracias al músculo internacional de ACS, Ferrovial, Acciona y Cellnex, activo gestor europeo de infraestructuras de telecomunicaciones.
En el orden bursátil, Draghi y Letta coinciden en que completar la Unión del Ahorro y la Inversión será clave para catalizar el ahorro europeo. De ahí que operadores como Euronext, Deutsche Börse, SIX o BME contemplen fusiones. Al igual que otra generación de aspirantes a salir a bolsa. Entre otras, Mistral AI, Helsing, Isar Aerospace, Revolut o 1Komma5°.
El reto es evitar que las startups europeas sean absorbidas prematuramente por competidores exteriores e ideen campeones continentales y que cada socio deje de proteger a sus compañías nacionales, alerta Guntram Wolff, investigador del Instituto Bruegel.
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