Vestir de seda la mona del Eurogrupo

La vicepresidenta de Asuntos Económicos, Nadia Calviño (i), conversa con el presidente del Eurogrupo y ministro de Finanzas luso, Mário Centeno, en una foto de archivo.

El jueves, con dos días de retraso sobre el horario previsto, el Eurogrupo selló un acuerdo para poner en marcha tres programas de créditos a los estados miembros que suman del orden de medio billón de euros. Nadia Calviño, vicepresidenta de asuntos económicos, dio la siguiente interpretación optimista del acuerdo alcanzado por el Eurogrupo el jueves.

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Pero ése es precisamente el problema. Para la verdadera necesidad apremiante de España, Italia, y el resto de países del sur, que es asegurar que la recuperación tras la pandemia no se ve ahogada por políticas de austeridad para pagar lo antes posible el coste de la crisis sanitaria, no se llegó a ningún acuerdo. Es difícil escapar a la conclusión de que Calviño y sus colegas francés, italiano y portugués están vistiendo la mona de seda. Su colega belga, el flamenco Johan Van Overtveldt, parece ver las cosas más claras cuando concluye que el billón de euros de compras de bonos por parte del BCE es el verdadero bazuca europea, no el medio billón acordado este jueves por el Eurogrupo.

Veamos, pues, lo acordado por el Eurogrupo el jueves, y el impacto que esto puede tener para España.

En primer lugar, el Eurogrupo apoyó una propuesta del Banco Europeo de Inversiones (BEI) para dotar un fondo de garantía de 25.000 millones de euros con el que sostener hasta 200.000 millones de créditos a empresas, con énfasis en las pymes, posiblemente canalizados a través de los bancos nacionales de desarrollo como el ICO. Esta propuesta aún está pendiente de definición operativa por parte del BEI. La parte proporcional que le correspondería a España, con algo menos del 9% del PIB de los 27 en 2019, sería contribuir algo más de 2.200 millones de euros al fondo de garantía con la expectativa de que sus empresas recibiesen algo menos de 18.000 millones de euros de créditos del BEI. Aunque el BEI espera que sus préstamos sean complementarios a las medidas nacionales, estarían orientados a sostener la liquidez de las empresas en la crisis inmediata. Por tanto, necesitarían consumir parte de las garantías de crédito habilitadas por los estados, ya que ninguna institución europea está ofreciendo garantías de crédito.

En segundo lugar, el Eurogrupo acordó poner en marcha un fondo de reaseguro de las ayudas nacionales a la suspensión de empleo o reducción de jornada, que en España llamamos ERTE. Este fondo, conocido como SURE (seguro) por sus siglas inglesas, tendrá un tamaño de 100.000 millones de euros, y estará sostenido por garantías de los estados miembros. El fondo se financiará emitiendo bonos y prestará a los estados miembros en función de su necesidad. España realmente se puede beneficiar de este programa. La razón es que, por la estructura de su mercado laboral y la dependencia de sectores como turismo, restauración y ocio, la economía española va a generar una parte desproporcionada de los ERTE de toda la UE. Además, los costes de financiación de España en los mercados están por encima de la media de la zona euro. Los ERTE costarán a España del orden de 6.000 millones de euros al mes mientras dure el confinamiento, y algo menos en los meses siguientes. Todo este gasto podría financiarse en condiciones favorables, a cambio de una garantía de 9.000 millones de euros que se recuperaría al cerrarse el fondo dentro de unos años.

En tercer lugar, el Eurogrupo acuerda la creación de una línea de crédito del MEdE de hasta un 2% del PIB para financiar gastos sanitarios directos e indirectos, de cura y prevención, de la COVID-19. Para España esto serían 25.000 millones de euros. Esta línea de crédito carecería de condiciones, luego no habría visitas de los hombres de negro de la Troika. De nuevo, en el caso de España, sería de esperar que las condiciones de financiación fuesen favorables respecto al mercado de bonos. Pero no nos engañemos. El dinero del MEdE ya estaba disponible, no es dinero nuevo. La única mejora es la ausencia de condiciones siempre que se use para gasto sanitario.

De modo que 200.000 millones de créditos del BEI a pymes, 100.000 millones de reaseguros SURE para ERTE y 200.000 millones de la línea de crédito del MEdE para gastos sanitarios, suman el medio billón de euros anunciado a bombo y platillo por el Eurogrupo.

El cuarto acuerdo, o quizás desacuerdo, es el relativo al plan de reconstrucción posterior a la crisis sanitaria. Aquí los países del sur, con Francia y Bélgica, no han conseguido su objetivo. Los ministros de Economía y Hacienda intentan vender como un éxito haber devuelto a los jefes de Estado y de Gobierno la patata caliente de definir cómo estructurar y financiar un fondo de reconstrucción.

Pero el esbozo de una hoja de ruta para la recuperación no permite ser optimistas sobre que la Unión Europea vaya a poner en marcha un Plan Marshall como el que reclama insistentemente el presidente Pedro Sánchez. El acuerdo del Eurogrupo habla de creación de empleo y reformas conducentes a mejorar la resiliencia y competitividad de la economía, y a la convergencia entre Estados miembros. De inversión, ni palabra. Se repite el resultado del debate sobre el presupuesto del euro propuesto por Emmanuel Macron, el presidente francés. Se empieza reclamando un presupuesto de estabilización anticíclico con capacidad de endeudamiento, y se termina con una partida del presupuesto de la UE dedicada a la convergencia y la competitividad. Es de temer que todo el optimismo de Nadia Calviño y sus aliados sureños se quede en un intento de vestir la mona de seda.

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