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El agua de la piscina, ¿puede afectar la salud de los dientes y la boca?

Piscina particular

Cristian Vázquez

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La piscina es uno de los sitios más apropiados para encontrar refugio de los sofocantes calores del verano. Más allá de las ventajas y momentos placenteros que este espacio proporciona, también se debe recordar que expone a algunos riesgos.

Los posibles problemas vinculados con este espacio son muy variados. Los más comunes son las irritaciones e infecciones –sobre todo en la piel, los ojos o los oídos–, pero además hay que considerar los riesgos de accidentes o de hidrocución en los niños, e incluso los derivados de caer en la tentación de tener relaciones sexuales en el agua.

Otra posible consecuencia negativa de pasar mucho tiempo en la piscina se relaciona con la salud bucodental. En este caso, al igual que en muchas de las irritaciones que afectan sobre todo la piel y los ojos, el principal responsable es el cloro.

Problemas del exceso de cloro

El cloro es un gas muy utilizado en el tratamiento del agua de las piscinas, pues ayuda a evitar la proliferación de bacterias y otros microorganismos perjudiciales para los seres humanos. Si no se recurre a él, el agua puede convertirse en una fuente de infecciones.

Pero, si se emplea demasiado cloro, o si una persona pasa muchas horas nadando en la piscina, aumenta el riesgo de irritaciones y también de que resulten afectados –algo de lo que se habla bastante menos– los dientes y las encías.

Esto se debe a que el cloro modifica los niveles de acidez del agua de las piscinas. Debido a ello, en general, el pH del agua es superior al de la saliva. Tal descompensación ocasiona que las proteínas salivales se descompongan con mayor rapidez y el esmalte de los dientes se erosione y desgaste.

Además, las altas temperaturas del verano, el sudor y una posible ingesta insuficiente de agua pueden generar algún grado de deshidratación, el cual también ha de conspirar contra la producción de saliva. El resultado de todo esto es que los dientes y las encías queden menos protegidos ante los microorganismos.

El sarro del nadador y otros problemas

Diversos estudios han explicado que, debido al cloro, pasar en la piscina más de seis horas a la semana durante un periodo de tiempo prolongado expone al riesgo de sufrir el llamado “sarro del nadador”, unas manchas marrones que aparecen sobre todo en los dientes frontales. Este problema aqueja a muchos nadadores profesionales.

En las personas que no nadan de forma profesional –y que, por lo tanto, suelen pasar menos tiempo en el agua– el problema no llega a ser tan grave, pero de todos modos el cloro ejerce su efecto en la cavidad bucal.

Sobre todo si se tiene en cuenta que durante el verano y las vacaciones muchas personas tienden a relajar los cuidados de su higiene bucal y a modificar su dieta incluyendo más comidas rápidas o cocinadas fuera de casa. Por eso, conviene recordar la importancia de mantener hábitos saludables, también en esta época del año.

El agua de la piscina puede contribuir con la formación de depósitos orgánicos en los dientes y encías, lo cual genera un debilitamiento del esmalte. Este desgaste origina la sensibilidad dental, la condición que lleva a experimentar un dolor punzante y localizado en ciertas piezas cuando se ingiere un alimento o una bebida muy fríos.

Y, en un lapso más prologando, tales depósitos orgánicos y el debilitamiento del esmalte pueden redundar en el surgimiento de otros problemas, como inflamación de encías, halitosis, gingivitis, periodontitis o caries.

Prevenir los problemas del agua de la piscina en la salud bucodental

Entre las medidas para evitar los posibles perjuicios del agua de las piscinas en la salud bucodental, una de las más importantes consiste en –como se ha señalado– mantener una alimentación equilibrada y saludable.

La dieta mediterránea siempre es una opción recomendable cuando se habla de esta clase de cuidados. “Productos lácteos, verduras, pescados y carnes, que aportan los nutrientes y vitaminas necesarios para el cuerpo”, especifica por su parte el periodoncista Jorge Ferrús, cofundador de la clínica dental Ferrús & Bratos de Madrid.

El experto también señala la importancia de beber mucha agua para mantener una buena hidratación y contribuir con una correcta producción de saliva. En particular, tras nadar o realizar otra actividad física y, en general, sin esperar a experimentar sed para hacerlo.

Por otra parte, en el caso de piscinas particulares, se debe procurar que el agua tenga el nivel de acidez más apropiado. De acuerdo con la empresa de mantenimiento de piscinas Awa, lo más idóneo es que el agua tenga un pH de entre 7,4 y 7,6, aunque también es aceptable un rango algo más amplio: entre 7,2 y 7,8.

El pH de la saliva humana, en tanto, oscila entre 5,6 y 7,9 de acuerdo con el Colegio de Higienistas de Madrid. Cuanto más amplia sea la diferencia entre el pH del agua y de la saliva, mayores pueden ser sus efectos negativos. No obstante, como ya se ha señalado, los efectos no son muy importantes si el tiempo en el agua no es muy extenso.

También el cuidado de la higiene bucal adquiere gran importancia en estos casos. Los especialistas recomiendan la utilización de dentífricos con alto contenido de flúor, además del uso de hilo dental y de colutorios, tanto para reforzar el esmalte como para reducir la placa bacteriana.

Debido a todo esto, para las personas muy aficionadas a la piscina y la natación, las visitas al odontólogo se tornan fundamentales. La detección temprana de acumulaciones de sarro y de pequeñas lesiones cariosas pueden permitir un tratamiento precoz y efectivo, para prevenir problemas mayores.

Por lo demás, conviene poner mucha atención en el cuidado bucal de los niños que, a menudo, también pasan largas horas en el agua de las piscinas. En su caso, no solo se debe poner énfasis en el cepillado y otros hábitos de su higiene bucodental, sino también destacar la importancia de que no se metan agua clorada en la boca, y que mucho menos se la traguen, cosas que hacen con frecuencia.

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