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En colaboración Euskadi Basque Country

Una ruta en bicicleta por el románico alavés y la magia de lo medieval

Alegría-Dulantzi, parte de la séptima joya del románico alavés

Juanto Uribarri

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Algo debe de tener el arte románico que gusta a todo el mundo. Desde luego no tiene la grandiosidad del gótico, pero a quien escribe su encanto le ha llevado a recorrer kilómetros y kilómetros en su búsqueda. Pienso que es el estilo que mejor adapta la historia al terreno, el que más nos hace sentir la cultura de hace siglos, tal vez modesta, de pequeñas dimensiones, pero por eso mismo más humana, más viva y real. El románico favorece esta simbiosis al estar unido a la vida rural y hacerse presente en muchos templos localizados en bosques, colinas, riscos y villas bien conservadas.

La mitad norte de la península es el territorio del románico. En algunas regiones es más abundante, en otras más brillante, pero siempre añade un toque de belleza, de recogimiento y de magia a los pueblos y a los parajes recónditos en los que se ubica. Un valle sin una ermita románica es menos valle.

De los tres territorios históricos vascos, Álava es el que más y mejores edificios románicos conserva, dados los escasos vestigios guipuzcoanos y vizcaínos. El románico alavés presenta una variedad, una riqueza y una profusión tal que sorprende a todos aquellos que se acercan a conocer mejor sus secretos. Sus más de 240 templos con elementos de ese estilo configuran todo un territorio por descubrir, disfrutar y valorar como se merece.

Y, en tierras alavesas, Arabako Lautada (Llanada Alavesa) sigue mostrando una de las mayores concentraciones de toda Europa, con una iglesia por cada 7 km². A cada paso, casi en cada aldea, nos topamos con elementos de ese estilo: un simple ventanal, una portada que ha sobrevivido a las reformas de épocas más modernas y, hasta en ocasiones, templos que han conservado buena parte de su estructura original. Se trata de un estilo normalmente muy tardío (fechable casi siempre en el siglo XIII), donde es destacable la riqueza y elegancia escultórica frente a lo arquitectónico, aunque también hay varios edificios de buena fábrica. Es frecuente, además, que muchas de estas obras se encuentren enclavadas en paisajes de gran belleza.

Y para conocer algunos de los mejores ejemplos de lo que os decimos, Euskadi Basque Country, os propone una ruta de 80 km y apenas 550 m de desnivel total, muy asequible para cualquiera que acostumbre a montar en bicicleta, en la que nos entretendremos en visitar cada una de las pequeñas joyas que nos saldrán al encuentro y podremos también degustar las buenas tapas y vinos alaveses. 

El trayecto está orientado a bicicletas de montaña o gravel, preferentemente. Habrá carriles bici, tramos asfaltados, otros de hormigón y también de tierra, pero, en la medida de lo posible, transitaremos siempre por carreteras de poco tráfico. Nosotros hemos podido realizarlo prácticamente en su totalidad en nuestras habituales bicis de carretera, pero, eso sí, equipadas con cubiertas más anchas. Tú deja de preocuparte por los baches de la carretera y celebra el viaje, amigo. Y si un paso te parece complicado, busca la alternativa adecuada más cercana, que seguro que la hay. Un par de consejos antes de ponernos en marcha. El primero: en gran parte de esos pueblos aún te puedes encontrar a algún lugareño que es el encargado de enseñar y mostrar la iglesia a todo viajero que lo desee y dar a su manera las explicaciones sobre el templo y su historia. Y el descubrir templos sorprendentes junto al trato con esa persona, normalmente ya muy mayor y que sigue resistiendo en su pueblo el paso del tiempo, hace de la visita una experiencia muy enriquecedora e inolvidable. En cualquier caso todos los lugares propuestos tienen un QR en la puerta para en el caso de estar cerrado poder hacer una visita virtual del lugar, no es lo mismo pero la tecnología nos acerca al arte.

Y el último: no se trata de pedalear para ganar a nadie, ni siquiera al tiempo, porque la vida no se mide por el número de respiraciones que tenemos, sino por los sitios y momentos que nos quitan la respiración. 

Arabako Lautada: un estuche con 11 joyas y muchas alhajas

Joya número 1. Nos damos cita a las afueras de la capital, Vitoria, en unas campas muy queridas y frecuentadas por los alaveses por estar ubicada en un lugar tan magnífico la iglesia con la advocación de su santo patrón, San Prudencio de Armentia, titular del edificio románico del siglo XII, construido sobre los restos de un templo del siglo VIII. Desde época altomedieval, este en el que nos hallamos ha sido un núcleo de gran importancia, debido en gran parte a su ubicación en una encrucijada de caminos. De hecho, por el lugar pasaba la antigua calzada romana Burdeos–Astorga, y en sus inmediaciones existió un establecimiento dedicado a la asistencia de los viajeros que circulaban por dicha vía, que pasaría siglos más tarde a configurar el Camino de Santiago. Por otra parte, el hecho de que Armentia fuera el lugar que vio nacer a San Prudencio, santo de época visigótica y que ha suscitado mucha devoción en el territorio, hizo que Armentia se constituyera como el centro espiritual más importante de Álava.

A finales del siglo XVIII se realizó una restauración que modificó para siempre su aspecto, pero sigue conservando elementos que atestiguan su antiguo esplendor. Así, en el pórtico, podemos contemplar relieves que en su día pertenecieron a dos portadas diferentes, entre los que destacan dos tímpanos (la Ascensión y el Cordero), dos representaciones del Santo Entierro y los relieves de la Anunciación y el Caballero Victorioso. Este templo es considerado uno de los más importantes ejemplos del arte medieval y declarado monumento del País Vasco.

Y desde este rompecabezas de belleza extrema es de donde comenzaremos nuestra ruta cicloturista llenando los pulmones, ya de entrada, de románico en estado puro en un marco incomparable. Adelante, amigos.

Joya número 2. Evitando en lo posible las carreteras de mucho tránsito y siempre bordeando por el sur la urbe 'gasteiztarra', atravesaremos el agradable Jardín Botánico de Olarizu, en pleno Anillo Verde de la capital vitoriana, antes de rodar durante varios kilómetros por la Vía Verde del Ferrocarril Vasco Navarro, visitando varios pueblos y las viejas estaciones del antiguo 'trenico'. 

Cuando llevemos casi 15 km de ruta, abandonaremos a la altura de Andollu la 'vía estrecha' para visitar la segunda gran joya del románico alavés: el Santuario de Estíbaliz, la patrona de Álava (ya hemos rendido pleitesía a ambos patronos). Este templo del siglo XIII es el único en Euskadi con tres ábsides y muestra un sobrio interior donde destacan los capitales historiados ubicados en la cabecera y la pila bautismal. Pasear entre la quietud de sus muros y cerrar los ojos unos segundos… es viajar en el tiempo.  

Tal sobriedad del interior se rompe en su exterior con la magnífica portada Speciosa, formada por arquivoltas con decoración vegetal entre la que se ocultan figuras como un centauro lanzando sus flechas a una sirena, un Pantocrator y otros elementos inspirados en el reino animal. Además, la visita no termina en el templo, pues junto a él abre sus puertas el Centro de Interpretación del Románico de Álava con cuatro espacios expositivos que ilustran el origen, características y ubicación de los elementos de este estilo en la provincia. El centro de interpretación está gestionado por Álava Medieval, especialistas en románico y son unos guías excepcionales para conocer este y otros espacios culturales de Álava: alavamedieval.com.

Por cierto, a los pies del cerro de Estibaliz pasa también el Donejakue Bidea, el camino jacobeo en Euskadi, con el que coincidiremos en bastantes tramos de la ruta conociendo nuevas joyas románicas. Ya hemos admirado las dos más grandes, pero aún nos quedan muchas sorpresas.

Joya número 3. Tras despedirnos de la patrona de los alaveses, continuamos ruta por la Vía Verde que traíamos para, nada más pasar por Trokoniz, desviarnos un par de kilómetros, quien quiera, y conocer así uno de los pocos robledales primigenios que quedan en la Llanada Alavesa. Y ya en el exiguo caserío que es Añua conocer la parroquia de la Natividad, ligada a las peregrinaciones por el antiguo Donejakue Bidea del Interior y de interés artístico por su presbiterio y ábside del siglo XIII, que se sitúan en la transición del románico al protogótico. Llama la atención por sus características medievales, pero, sobre todo, por sus pinturas en grisalla del siglo XVI en las bóvedas. Esta 'alhaja' no está incluida en listado oficial de nuestra ruta, pero puede sacar de un apuro a aquellos que lo necesiten, porque pueden acortarla en dirección a El Burgo, con lo que la ruta propuesta quedaría reducida a 63,5 km: más asequible para los menos entrenados, aunque se quedarían sin conocer cuatro de las joyas del recorrido.

Quienes decidamos continuar llegaremos a San Andrés de Erentxun, donde la parada es casi obligada para poder contemplar uno de los pocos ejemplos de pórtico románico que se conserva en Álava y del que podemos adivinar, gracias a los restos de cornisa, su edificio original. El interior del pórtico destaca por la riqueza de su decoración con motivos vegetales en la portada.

Joya número 4. Kilómetros después, a las puertas de Uribarri-Jauregi, dejaremos al 'trenico' que prosiga su camino hacia Estella-Lizarra, y nosotros nos dirigiremos por Gereñu a conocer una nueva joya románica: la iglesia de las pinturas misteriosas, la de la Asunción en Alaitza, con las pinturas rojizas de su ábside en las que se recrean escenas muy poco propias de un lugar sagrado: enigmáticas siluetas en actitud bélica, primitivas escenas de caza y otras estampas de la cotidianeidad medieval.

Hay más detalles de Alaitza que están fuera de lo común: tiene dos naves, cuando lo habitual en el románico alavés es una sola; y asimismo elementos arquitectónicos que podrían formar parte de una reforma que se tuvo que realizar en torno al siglo XIV que no nos esperaríamos encontrar en una iglesia, como una ventana palaciega en la pared oeste.

Joya número 5. Aproximadamente a mitad de nuestra ruta por la Alta Edad Media llegaremos a Gazeo, donde nos aguarda la iglesia de San Martín de Tours, cuya advocación de resonancias jacobeas nos remite a los miles de peregrinos que han contemplado su ábside semicircular de origen románico, desvirtuado a lo largo de los siglos por diversas reformas. Su sobrio exterior, sin embargo, oculta uno de los conjuntos pictóricos más fascinantes que se han encontrado en el País Vasco hasta la fecha. Para que un tesoro pueda ser considerado tal, debe permanecer oculto a lo mortales durante un tiempo y esta joya cumplió con creces esa condición: hubieron de pasar siete siglos hasta que, en 1967, quedaron al descubierto las fantásticas pinturas góticas del ábside del templo, ocultas bajo una capa de cal. La casualidad dio paso a la sorpresa: los murales de Gazeo eran una de las mejores muestras del arte plástico del siglo XIII y se encontraban en perfecto estado de conservación. En ellos se inmortalizan con meticulosidad escenas como el misterio de la Santísima Trinidad o el inquietante Juicio de las almas. En resumen, uno de esos tesoros que no hay que perderse.

En Gazeo estaremos a un paso (tres kilómetros) de una de las mejores alhajas de la Llanada: la villa amurallada de Agurain-Salvatierra, uno de los lugares de Álava que mejor conserva la esencia de su historia entre sus murallas, palacios y las iglesias góticas de San Juan y Santa María, y la ermita románica de San Martín. Bien merece el desvío de la ruta original: hacednos caso.

Nota: Para visitar Aliza y Gazeo se pueden contactar con la Oficina de Turismo de Agurain para conocer horarios de visita.

Joya número 6. Y a apenas un par de kilómetros de Gazeo encontramos una nueva joya: la iglesia de San Román de Ezkerekotxa, un buen resumen de las diferentes épocas que ha atravesado la diminuta población, desde su primera referencia histórica en 1040, hasta el primer vestigio de su iglesia en torno al siglo XII. Este pequeño pueblo de agricultores y ganaderos fue testigo del paso de peregrinos y viajeros de distinta procedencia, recibiendo el influjo de distintas culturas y mentalidades que de alguna manera quedaron impregnadas en sus gentes y en su arquitectura. Y así, la portada románica de medio punto presenta particulares figuras y el característico ajedrezado jaqués, típico del Camino. Esta iglesia posee numerosos elementos representativos de distintas épocas y diferentes tendencias artísticas, que son una muestra del buen hacer y calidad del que hicieron gala los artistas locales en el transcurrir de los siglos, hasta conformar el edificio que hoy contemplamos.

Es en el interior donde se encuentra la joya artística más destacada de la iglesia: el retablo mayor, un retablo pétreo de estilo clasicista que conserva restos de la policromía que antaño cubría el conjunto por completo. Se desconoce quién fue su autor, pero es una muestra de cómo a través del Camino se produjo el aprendizaje de las nuevas corrientes italianas por parte de los artistas alaveses. La figura que domina el retablo es la de San Román, con hábito monacal y sentado sobre un trono. Destacan también el sagrario y los relieves que muestran con un gran detalle el martirio del santo.

Joya número 7. Al finalizar la visita tomamos dirección hacia Alegría-Dulantzi por carreteras siempre locales, sin tráfico. Pero antes de llegar quien lo desee puede desviarse fuera de la ruta diseñada, a conocer el Castro de Henaio en un cerro a nuestra izquierda. El Centro de Interpretación y dos casas a tamaño natural muestran la construcción y el ambiente interior de las viviendas del poblado durante la Edad del Bronce Final y durante toda la Edad de Hierro. 

Pero nuestra joya románica no es esa, sino la ermita de Nuestra Señora de Ayala, uno de los templos mejor conservados de la Llanada Alavesa. Su singularidad reside en disponer de un pórtico exterior y un conjunto de canecillos de gran expresividad. Las vistas, desde este punto, son un paisaje digno de admiración. Luego diremos adiós a la elegante portada de tres arcos de la que fue parroquia de la aldea homónima, actualmente desaparecida, puesto que sus habitantes se trasladaron a la vecina villa de Alegría-Dulantzi en busca de mejores condiciones de vida. Esas dos poblaciones se unieron configurando este municipio con gran patrimonio histórico, marcado por tres elementos característicos: la muralla, la iglesia parroquial y la fortaleza de los Gaona. No está en la ruta, pero merece la pena acercarse a conocerlo.

Joya número 8. Continuaremos luego por el Camino de Santiago, que nos guía en gran parte del trayecto, hasta alcanzar un pueblo deshabitado, Arrarain, del que se conserva la ermita románica de San Juan, cuyo nombre se atribuye al ya desaparecido pueblo. Lo único que se conserva del templo original es el ábside románico semicircular de sillería. Son de gran valor los canecillos que lo decoran, pues en ellos se representan personajes en su cotidianeidad, que dan información acerca de los modos de vida alaveses del siglo XII. Así, se observan dos personajes tocando instrumentos musicales de la época o un soldado que alza una espada con un brazo y en el otro porta un escudo. También destacan los capiteles de la ventana absidal románica: en uno vemos el combate de dos luchadores que están forcejeando, y en el otro se identifican tres personajes con una túnica, junto a una cruz, y dos aves. 

Tras volver a la realidad, quien lo desee puede acercarse a conocer Elburgo/Burgelu, cabeza del municipio, donde llaman nuestra atención un crucero, la semiabandonada bolera y en especial la fuente y lavadero anejo.

Joya número 9. Continuamos por la ruta jacobea hasta encontrar la iglesia de San Julián y Santa Basilisa, iniciada a finales del siglo XII, que muestra una rica portada de arco apuntado con capiteles figurativos y su ventanal de medio punto con decoración vegetal. Pero es en el lado de la cabecera donde encontramos uno de los emblemas del románico de la zona: el caballero de Oreitia, probablemente reubicado, luciendo orgulloso a caballo con su lanza y su escudo sobre un gran óculo. Algunos de los pocos canecillos que se conservan son muy curiosos. Hay además en este pueblo, a un paso del santuario de Estíbaliz, algunos palacios y torres interesantes. 

Joya número 10. Nuestra siguiente parada será en Arbulu, donde su iglesia románica de San Martín de Tours nos invita a detenernos de nuevo. Aunque desde su exterior es una estructura propia del gótico tardío y renacentista, nada hace presagiar el tesoro pictórico que alberga en su interior. Tras la reciente retirada del retablo apareció un sorprendente conjunto de pintura mural roja realizado sobre el primitivo ábside de la iglesia románica, en el que se pueden ver figuras geométricas, animales y dos cruces. Las sucesivas reformas y ampliaciones del templo permiten hacer en la actualidad un completo recorrido por la historia de la pintura mural desde la Edad Media hasta el Barroco pasando por el Renacimiento. De nuevo nuestro pedaleo prosigue embelesado ante la policromía pétrea tan frecuente en Arabako Lautada. 

Joya número 11. Esto se va acabando y enseguida llegaremos a Vitoria, que bordearemos por pistas ciclables de tierra por su lado norte. Aquí nos tenemos que alejar de la ruta casi 1 km para atravesar el pueblo de Abetxuko y llegar a la iglesia de San Miguel de Atxa, identificada también como iglesia del Cristo por la imagen que se venera en ella y a quien algunos atribuyen poderes milagrosos. El templo es del s. XIII y en su muro sur se encuentra la portada románica, compuesta por tres arquivoltas apoyadas en dos columnas por cada lado con capiteles decorados con motivos vegetales. En una esquina de la antigua sacristía se halla inserto un capitel románico, con decoración de hojas de acanto. La espadaña del s. XIII es hoy la torre, con dos huecos para las campanas.

Y de nuevo en Armentia, nuestra ruta por el románico en la Llanada Alavesa, llena de historia, magia y leyendas grabadas en piedras centenarias, ha cerrado su círculo, Y nosotros acabamos convencidos, una vez más, de que no será la última que hagamos por estas tierras vascas porque, amigos, en la vida todo final es un nuevo comienzo.

La nueva ruta cicloturística

La Romanic Bike Route es la primera ruta diseñada por Euskadi Basque Country bajo el concepto de actividad cicloturística cultural. Este producto forma parte la estrategia de cicloturismo de Euskadi y es una de las rutas temáticas que diversifican la oferta turística y los objetivos del cicloturismo en Euskadi que se basan en atraer a un segmento turístico concienciado con la naturaleza y respetuoso. Es una manera de vertebrar el territorio a través de las rutas y redistribuir la riqueza que genera la actividad turística por todo el destino. Porque el cicloturismo es un producto que garantiza la sostenibilidad en sus tres vertientes, medioambiental, sociocultural y económica y que contribuye a fortalecer Euskadi como destino turístico variado y sostenible.

Este tipo de turismo favorece que se potencien otros tipos complementarios de ofertas turísticas como el turismo familiar, el turismo rural, el gastronómico, el ecoturismo o el turismo deportivo, entre otros.

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