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Viento del Norte es el contenedor de opinión de elDiario.es/Euskadi. En este espacio caben las opiniones y noticias de todos los ángulos y prismas de una sociedad compleja e interesante. Opinión, bien diferenciada de la información, para conocer las claves de un presente que está en continuo cambio.

Un año desde que Trump monopoliza nuestra atención

El presidente de EEUU, Donald Trump, hace unos días

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Un año después del regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, el debate público opera bajo una lógica de atención fragmentada que él sabe capturar y monopolizar. Su impacto no se mide solo por el alcance de sus acciones, sino por la lógica con la que las despliega: una cadencia sostenida de provocaciones, giros y confrontaciones que convierte la política en saturación y obliga a medios, actores e instituciones a reaccionar. El resultado es un cambio de fase en la agenda internacional, en la que desde enero de 2025, Trump deja de aparecer de forma episódica y pasa a funcionar como un estado permanente de conversación.

¿Por qué no podemos dejar de hablar de Trump?

La acción política del presidente de EEUU pone patas arriba el mundo que conocemos y está siendo determinante al reconfigurar el orden internacional por completo, con efectos reales dentro y fuera de Estados Unidos. Pero la conversación constante no es solo consecuencia de lo que hace, sino también de cómo opera y de una estrategia de comunicación orientada a inundar el espacio comunicativo en un contexto de economía de la atención.

Hemos analizado cómo ha evolucionado la presencia mediática de distintos líderes mundiales para ver, hasta qué punto Trump, lo ocupa todo. Los resultados ilustran cómo bajo el mandato de Trump, la batalla por la atención se convierte en un juego de suma cero. Cuando un actor concentra una parte desproporcionada de las menciones, el resto queda comprimido en el margen.

Durante el periodo Biden, el foco hacia Trump se mueve en niveles relativamente bajos y con momentos de atención puntuales, pero a partir de dos hitos —el atentado y la victoria electoral— aparecen picos de atención pronunciados. El cambio de fase se produce a partir de enero de 2025, cuando la línea roja deja de ser un hito puntual y pasa a funcionar como un estado natural. Mientras otros líderes mantienen una atención mediática moderada, Trump entra en un ciclo de atención persistente en el que ya no salta a la agenda, sino que se convierte en la agenda.

Atención mediática que ha recibido cada líder durante los últimos dos años

Ese salto de una atención episódica a una ocupación total de la agenda encaja con la lógica de 'flood the zone' una estrategia deliberada del presidente y su equipo por implementar un flujo incesante de acciones políticas y comunicativas que desequilibra a sus rivales. De esta forma, intentar seguir y fiscalizar las acciones de la Casa Blanca es como tratar de llenar un vaso con una manguera de bomberos, no es que falte información, es que llega tanta que desborda. Así, en un mundo saturado de contenidos y noticias, el recurso escaso no es la información, es la atención. Y esa escasez es el terreno perfecto para una política de saturación.

Esta lógica deja tres efectos muy reconocibles:

  • Desorientación: cuesta distinguir lo importante de lo performativo.
  • Fatiga: la indignación continua desgasta y reduce la capacidad de análisis.
  • Arrastre: otros actores se ven obligados a jugar en su terreno y bajo sus normas, impidiendo el impulso de agendas propias.

Cuando todo se vive en modo urgencia, se premia lo que provoca reacción inmediata y se castiga lo que exige lectura lenta. Y ahí está el punto central. Trump no domina la conversación solo porque lo que hace sea importante —que lo es—; también porque su estilo y su estrategia elevan el coste de mirar a otra parte. Cada nuevo estímulo roba horas de conversación pública, y cada episodio nuevo empuja a olvidar el anterior antes de que se evalúen consecuencias. En conjunto, la conversación constante es el resultado de una estrategia de saturación que se vuelve eficaz porque marca agenda y explota un cuello de botella real, la atención.

El resultado es un cambio de fase en la agenda internacional, en la que desde enero de 2025, Trump deja de aparecer de forma episódica y pasa a funcionar como un estado permanente de conversación

Frente a este contexto comunicativo del primer año de mandato de Trump, la pregunta que nos planteamos es: ¿Qué se queda fuera de plano cuando la agenda se ordena sistemáticamente alrededor de su figura, de su ritmo y de su capacidad para monopolizar la atención?

¿Qué se pierde de vista en la era Trump?

El primer año del segundo mandato del excéntrico líder ha estado marcado por una atención casi total a sus decisiones, declaraciones y giros de guion. Sin embargo, esa concentración mediática, ha ido desplazando del centro del debate asuntos que durante años han estructurado la agenda internacional precisamente por su urgencia e impacto. No se trata de problemas nuevos ni secundarios, sino de dinámicas que habían ocupado un lugar prioritario en la conversación global y que, en este cambio de paradigma, han quedado progresivamente relegadas ante la lógica de la inmediatez y la saturación informativa.

Recuperar el foco exige no solo analizar lo que Trump hace, sino también volver la mirada hacia aquello que ha quedado en segundo plano y que, pese a recibir menos atención, no debería desaparecer del radar político ni del debate público.

Atención mediática que ha recibido cada tema durante los últimos dos años

Uno de los ejemplos más claros es el cambio climático. Mientras la conversación pública se ha desplazado hacia estímulos más polémicos y tácticos, los indicadores físicos han seguido empeorando. La normalización de récords de temperatura y el aumento sostenido del calor acumulado en los océanos muestran que la emergencia climática continúa intensificándose, aunque hoy ocupe menos espacio en la agenda política y mediática. Precisamente por ser un riesgo continuo, sin solución rápida y difícil de encapsular en un ciclo informativo corto, el clima se ha ido convirtiendo en ruido de fondo, hasta reaparecer periódicamente a través de episodios extremos que recuerdan, de forma abrupta, el coste real de la inacción.

Algo similar ocurre con la cooperación internacional, el multilateralismo y la democracia. 2025 ha consolidado un giro en el que la seguridad, la autonomía estratégica y la protección del interés nacional se imponen sobre los marcos de democracia y gobernanza compartida. En un contexto donde el conflicto se ha vuelto omnipresente y rutinario, la interdependencia se percibe cada vez más como vulnerabilidad y no como garantía de estabilidad. Democracia y multilateralismo pasan de ser herramientas para gestionar los conflictos de intereses, a ser señalados como parte del problema, erosionando el valor político de tratados, normas e instituciones comunes diseñadas para contener la violencia y proteger derechos.

Por otro lado, lejos del foco inmediato, avanzan transformaciones estructurales como el fortalecimiento de los BRICS y del Sur Global, que están reordenando el equilibrio de poder internacional de forma gradual pero sostenida. La ampliación del bloque, sus esfuerzos por coordinar posiciones políticas y financieras y su capacidad de atraer a países que buscan mayor margen de maniobra frente a Occidente. Todo ello apunta a un mundo más fragmentado y plural, que no se explica únicamente por lo que ocurre en Washington. Sin embargo, gran parte del esfuerzo político europeo sigue orientado a reaccionar a la agenda estadounidense, en lugar de anticipar y explorar vías de cooperación en estos espacios emergentes.

Este desplazamiento del foco afecta a muchos otros ámbitos y dinámicas. Deja en segundo plano conflictos prolongados que siguen generando muerte, desplazamientos forzados y crisis humanitarias, así como tensiones económicas y sociales que condicionarán la estabilidad futura. Más allá del ruido inmediato, conviene recuperar el foco sobre aquellos procesos que, aunque hoy reciban menos cobertura, siguen siendo determinantes para la estabilidad, la seguridad y el equilibrio global.

(Artículo publicado originalmente en la 'newsletter' de Silván & Miracle.)

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