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Viento del Norte es el contenedor de opinión de elDiario.es/Euskadi. En este espacio caben las opiniones y noticias de todos los ángulos y prismas de una sociedad compleja e interesante. Opinión, bien diferenciada de la información, para conocer las claves de un presente que está en continuo cambio.

FAES y la reforma laboral

El líder del PP, Pablo Casado, y quien fuese su mentor, el expresidente José María Aznar (d), en la convención nacional del partido esta semana. EFE/Julio Muñoz

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Parece que a Casado le siguen creciendo los enanos. Ya no sólo Ayuso le enmienda la plana. Ahora es la FAES de Aznar la que le pide al presidente del PP que ponga sobre la mesa políticas alternativas a las del actual Gobierno y hable con claridad al país de algo que vaya más allá de asegurar que gana a Sánchez en todas las encuestas electorales. De paso, en otro de sus análisis, considera satisfactorio, “dadas las circunstancias”, el acuerdo sobre la reforma laboral, que el máximo dirigente de la derecha rechazará en el Congreso de los Diputados cuando sea debatido.

No quiere decir eso que reconozca algún mérito al Gobierno “social-comunista” que ha conseguido este acuerdo, en diálogo con los agentes sociales ¡Hasta ahí podríamos llegar! La derecha española no reconocerá jamás éxito alguno a cualquier acción de un Gobierno que considera ilegítimo y que sólo se entiende con quienes quieren romper España. De ahí que, para FAES, lo realmente importante de este episodio ha sido la supuesta derrota que la patronal ha infligido al Ejecutivo, al no conseguir derogar la reforma laboral de Rajoy. Éste último, como el Cid, habría ganado una batalla después de su muerte política tras la moción de censura de Pedro Sánchez.  

Las posiciones mantenidas por la fundación de Aznar alimentan la idea de que, en una cuestión programática de indudable trascendencia para el equipo gobernante, han sido el Gobierno y los sindicatos los que han salido perdiendo. Una idea que trata de apuntalarse por medio de un doble procedimiento: el primero, haciendo de Antonio Garamendi, presidente de la CEOE, el verdadero protagonista del acuerdo; y el segundo, desvalorizando sus contenidos, que, a juicio de FAES, dejan las cosas como estaban, al margen de algunos arreglos cosméticos.

Según esta versión, a la parte social de la mesa de diálogo la patronal le habría dado hasta en el carnet de identidad, concediéndole tan sólo algunas migajas de consuelo: como la ultraactividad de los convenios, la primacía del convenio del sector sobre el de empresa, la consagración del contrato indefinido, los límites a la contratación temporal y la penalización de la fraudulenta, entre otras reivindicaciones que los sindicatos de los trabajadores venían reclamando; y que harían posible, según diversas  estimaciones, que dos terceras partes de las contrataciones temporales en España pasaran a ser indefinidas con la nueva normativa a pleno rendimiento. 

No parece que sean éstos unos resultados tan magros. Y no se entiende muy bien que, para ser tan poco sustanciosos, los representantes sindicales (al contrario que algunos sectores de la CEOE) se mostraran tan eufóricos. Ni se entiende tampoco que el agraciado con el “premio de consolación” pareciera ser Pablo Casado, cuando se limitó a decir que, siendo mala, esta nueva reforma laboral acordada no había sido tan nociva como su partido podía prever, aunque no por ello recibiría el aval parlamentario del Grupo Popular. Una decisión que parece contrastar con ese fervor con que buena parte de las derechas y sus terminales mediáticas han acogido un acuerdo bendecido incluso por la que fuera ministra de Trabajo con Rajoy, Fátima Báñez.

Resulta algo realmente inédito: que un acuerdo conseguido por el Gobierno social-comunista consiga tal grado de comprensión en el seno del espacio conservador del país. Es tan inédito, que uno se ve obligado a preguntarse dónde está el truco, siguiendo el método de pensar mal para acabar acertando. Hace ya mucho tiempo que se inventó aquello de que si no puedes con tu enemigo, lo mejor es unirte a él, para vencerlo con mayor comodidad. En el caso que nos ocupa, se trataría de malmeter lo que fuera necesario para que los socios de investidura del actual ejecutivo vayan interiorizando la idea de que la reforma que sustituirá a la de Rajoy no es otra cosa que una nueva traición a los derechos de los trabajadores. Conseguido lo cual, sería tal vez posible que acabaran rechazándola con su voto en el debate parlamentario. Que es lo que la “España de bien” desea.

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