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Viento del Norte es el contenedor de opinión de elDiario.es/Euskadi. En este espacio caben las opiniones y noticias de todos los ángulos y prismas de una sociedad compleja e interesante. Opinión, bien diferenciada de la información, para conocer las claves de un presente que está en continuo cambio.

Ante los incendios, la autoprotección vecinal

Trabajos de extinción de un incendio

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La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha confirmado con datos oficiales lo que la temporada de incendios de este verano ya sugería: la superficie quemada en la región europea ha crecido un 57% en solo cuatro años, pasando de 1,4 a 2,2 millones de hectáreas entre 2022 y 2025. España y Portugal han duplicado el número de incendios respecto al año pasado, y solo entre enero y el 22 de julio de 2026 se han contabilizado en Europa más de 1.250 fuegos, con emisiones superiores a 8,3 millones de toneladas de CO2. Los registros del Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales muestran que España y Portugal multiplican con creces los valores medios de años anteriores.

Pero no es solo la península Ibérica la que sufre los incendios, sino que Europa en general ha pasado de tener que lidiar con 1.194 incendios en 2016 a 10.403 sólo durante los seis primeros meses de 2026. Señalar también los graves incendios de las Landas, o los que está habiendo en Grecia. Y también en otros lugares del planeta como Chile, Canadá, Australia, o en el noroeste de EEUU, como Oregón.

Más allá de los daños materiales, la OMS subraya el coste sanitario: el humo de los incendios agrava enfermedades del corazón y los pulmones, afecta a la salud mental y golpea con más fuerza a mayores, menores, embarazadas y personas con enfermedades crónicas. La organización insiste en que el cambio climático, con temperaturas más altas y ambientes más secos, está detrás de este aumento sostenido y pide reforzar los sistemas de alerta y los servicios sanitarios de emergencia.

La adaptación al cambio climático es un reto urgente e inaplazable que exige revisar los presupuestos, transformar la gestión del territorio y reforzar los servicios públicos. La mitigación de emisiones es vital, pero la preparación ante fenómenos extremos ya no puede ser la prioridad menor. Necesitamos adaptarnos a una realidad que cada vez nos golpea con más fuerza. El modelo actual está claro que no funciona, la gestión clásica del territorio y de los montes no responde a lo que necesitamos, la información y alerta al ciudadano sigue siendo escasa, y nuestros sistemas de salud siguen sin estar preparados. Cada vez resulta más evidente la necesidad de cambiar de rumbo, de un cambio profundo, y asumir que convivimos con un riesgo climático estructural.

La prevención y la seguridad son las bases principales para proteger vidas y propiedades frente a los incendios forestales. La necesidad de establecer planes de autoprotección en las zonas vulnerables, especialmente en las viviendas y urbanizaciones construidas en la interfaz urbano-forestal, la gestión del territorio, y la prevención, son auténticas prioridades.

Pero también es fundamental que aumente la sensibilidad social, que haya un cambio de conciencia basado en la percepción del riesgo. Necesitamos municipios preparados, con verdaderos planes de actuación frente a incendios forestales, actualizados, coordinados y conocidos por la población. Cada euro invertido en prevención evita costes infinitamente mayores en extinción y reconstrucción. Y, sobre todo, necesitamos una auténtica cultura de prevención.

En esa línea destacaría la reacción vecinal ante el incendio transcurrido en Salinas de Pamplona, donde vivo a remolque con Bilbao, y que se extendió a otros concejos, declarado el pasado 24 de julio, que quedó controlado en menos de cinco horas gracias, a que desde los primeros momentos reaccionaron el propio Concejo con su presidente y concejantes, vecinos y vecinas que sabían dónde estaban las bocas de riego y los mayores riesgos en un incendio, y a los avisos que se dieron que hizo que comenzaran a llegar agricultores y efectivos de distintos servicios, como los bomberos, protección civil, policía, etcétera. Desde el Ayuntamiento se activó inmediatamente el Plan de Actuación Municipal ante Incendios Forestales (PAMIF).

Necesitamos municipios preparados, con verdaderos planes de actuación frente a incendios forestales, actualizados, coordinados y conocidos por la población. Cada euro invertido en prevención evita costes infinitamente mayores en extinción y reconstrucción

También tenemos otros ejemplos cercanos, como el plan AdapTe, en el municipio navarro de Legarda, en el Valdizarbe o valle de Izarbe, que como respuesta al incendio que en 2022 asoló el pueblo y sus alrededores, esta localidad puso en marcha un ambicioso Plan para la prevención y actuación en caso de incendios, y que cuenta con medidas tecnológicas, silvopastorales -el plan de las vacas bomberas utiliza la ganadería extensiva para reducir la biomasa seca-, pero fundamentalmente con un enfoque comunitario de abordaje de los incendios forestales y la adaptación al cambio climático que le proporciona una mejor respuesta y una más adecuada preparación ante posibles catástrofes.

En Euskadi, la gestión directa ante el fuego recae principalmente en las tres diputaciones forales, mientras que a nivel local se engloba dentro de los Planes de Emergencia Municipal (PEM). Los riesgos de fuego se integran de manera supramunicipal en el Plan Especial de Emergencias por Riesgo de Incendios Forestales de Euskadi, complementado por los planes de prevención y extinción de las diputaciones (como el plano foral en Álava o el dispositivo INFOBI en Bizkaia)

La web Prevenir Incendios Forestales recopila las primeras experiencias de vecinos y vecinas que empiezan a formar parte de la prevención y la emergencia. En ella, aparece Legarda, y otras 28 experiencias más.

En el contexto actual no habrá paisajes seguros sin la participación activa de los vecinos y vecinas, quienes deben crear planes locales de autoprotección para reducir el riesgo real frente a los incendios forestales. Las claves de la autoprotección local, están en la prevención activa, gestionando adecuadamente la llamada interfaz urbana-forestal, y, que se convierta en una barrera natural frente a los incendios; la participación vecinal, y la toma de decisiones comunitarias sobre cómo actuar antes de que llegue el fuego; y el apoyo técnico, combinando el saber de los bomberos con el trabajo diario de la gente del lugar.

Es totalmente necesario mejorar sobre todo las medidas de prevención y de extinción. Pero también es el momento de aumentar la capacidad de las poblaciones de participar de su seguridad y su autoprotección.

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