Entrevista Presidenta de la Fundación Española de Psiquiatría y Salud Mental

Ana González-Pinto: “La Estrategia de Salud Mental impulsada por el Gobierno no es la ideal, pero es un paso”

Ana González-Pinto, presidenta de la Fundación Española de Psiquiatría y Salud Mental

Ana González-Pinto es la presidenta de la Fundación Española de Psiquiatría y Salud Mental, la primera mujer en lograr la Cátedra Universitaria de Psiquiatría en la Universidad del País Vasco (UPV/EHU) y la jefa del Servicio de Psiquiatría del Hospital Universitario Araba. También es miembro del Comité Asesor de Salud Mental del Gobierno vasco, con el que ha trabajado en la elaboración de la Estrategia de Prevención del Suicidio en Euskadi, en la que una de las claves, según detalla, es "escuchar y acompañar" a la persona que "confiesa" querer quitarse la vida e "informar abiertamente sobre las enfermedades mentales para que sea más fácil que cualquier persona, tenga la enfermedad que tenga, decida y pueda tratarse".

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Sobre la Estrategia de Salud Mental 2022-2026 impulsada por el Gobierno, González-Pinto asegura que "no es la ideal" y confiesa que en un primer momento "no gustó a las sociedades científicas", que aportaron algunas modificaciones que fueron aceptadas, aunque otras no. "Al principio no nos gustaba, no es la ideal, pero sí es un paso y agradecemos el esfuerzo", indica, para después recalcar que "desde las sociedades científicas" prefieren la Estrategia de Salud Mental antes que la Ley de Salud Mental propuesta por Unidas Podemos. "En esa ley había graves deficiencias como el no considerar que las enfermedades mentales tienen un origen biológico, psicológico y social. Se enfatizaba solamente en el origen social de las enfermedades y eso es un grave error porque nos haría pensar que los países ricos no tienen problemas de salud mental y eso no es cierto. Las enfermedades están presentes en todas las sociedades y hay que considerar todas las posibles causas para poder realizar una valoración adecuada", señala la doctora y catedrática en Psiquiatría.

Viene de una familia de psiquiatras tras su abuelo, Rodrigo González-Pinto, primer profesor de Psiquiatría de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU), y su padre. ¿Su familia se esperaba que usted optara por un camino distinto?

Al principio sí, cuando estaba terminando el Bachillerato, pero en seguida lo vieron bien. Tengo un hermano que también es psiquiatra y otro que es médico. Somos muchos sanitarios en la familia.

¿Qué destacaría de sus más de 43 años como psiquiatra? ¿Qué es lo que más valora de su profesión?

Lo que más me gusta es el contacto con las personas, poder compartir sus experiencias y ayudarles. Siempre recibo mucho de las personas a las que trato. También valoro el trabajo en equipo con otros profesionales y con colegas de otros hospitales.

A raíz de la pandemia hemos visto un incremento en la gravedad de las personas que llegan a los hospitales con problemas de salud mental

La pandemia ha dejado múltiples secuelas en la vida de las personas, entre ellas las relacionadas con la salud mental. ¿Cómo lo ha vivido usted en su consulta?

Fue bastante duro porque durante los primeros meses, a finales de febrero y principios de marzo de 2020, la pandemia fue especialmente cruenta en Álava, que es donde yo vivo y trabajo. En un primer momento las condiciones que teníamos en el Hospital Universitario Araba, al igual que en la mayoría de los hospitales, eran muy precarias. Nos faltaba material y tuvimos que salir de los hospitales generales para dejar las camas a los ciudadanos que necesitaban ser atendidos por la COVID-19. Hubo que reorganizar la atención y tomar decisiones muy importantes para la vida de las personas muy deprisa. Fueron meses intensos, pero luego estuvo más controlado. A raíz de aquello, hemos visto un incremento en la gravedad de las personas que llegan a los hospitales con problemas de salud mental. Tras la pandemia los pacientes llegan más tarde de lo que deberían por lo que deducimos que la atención temprana ha fallado. Aún así, yo diría que las condiciones en este momento son mejores y que estamos trabajando bien.

¿Por qué ha fallado la atención temprana?

En Psiquiatría es importante atender precozmente los problemas de salud mental. Es fundamental, por ejemplo, tratar las depresiones cuando no sean muy graves todavía o la psicosis y las anorexias nerviosas en las primeras etapas, pero la pandemia ha hecho que los ciudadanos no acudan rápido al médico y esperen a que sus malestares se vayan por sí solos, lo que ha dificultado los tratamientos. También hay que destacar que la accesibilidad en algunos centros no ha sido buena. Desde que comenzó la pandemia ha habido mucha atención telefónica y cuando se requería una atención presencial no se ha podido ofrecer. Eso hay que ir corrigiéndolo para conseguir una atención combinada que incluya ambas, telefónica y presencial y, sobre todo, trabajar por la atención temprana.

Los ingresos psiquiátricos de adolescentes, por ejemplo, en Bizkaia han aumentado un 50%, en su mayoría causados por trastornos alimenticios. ¿Qué se puede hacer para evitar estas situaciones?

En Álava también ha habido un incremento significativo. Por ello, hemos desarrollado un programa de prevención de ingresos en Euskadi. Lo que hacemos es intentar realizar tratamientos intensivos en el propio ambulatorio para tratar de evitar los ingresos hospitalarios. Así, estamos logrando disminuirlos a la mitad. A pesar de ello, seguimos teniendo más casos que en años anteriores. Como muchos de estos ingresos son de personas con trastornos alimenticios, hemos abierto comedores terapéuticos para hacer tratamientos intensivos con mujeres y niñas que tienen anorexia nerviosa, para así evitar, en la medida de lo posible, que sean hospitalizadas.

El estigma que existe sobre el suicidio impide que las personas que sufren pidan ayuda

Usted también ha trabajado la Estrategia de Prevención de Suicidio en Euskadi, territorio en el que, a lo largo de 2020, 148 personas se quitaron la vida. ¿De qué manera afecta que este tipo de situaciones sean un tabú?

Afecta mucho porque el gran problema del tabú y el estigma sobre el suicidio es que impiden que las personas que sufren pidan ayuda. Si yo creo que lo que me pasa a mí es muy raro y que nadie me va a comprender, tiendo a no pedir ayuda y, cuando la pido, no llego a tiempo, no consigo la cita con el profesional de la salud o no sé a dónde acudir. La complicación más grave en los casos que no se atienden a tiempo es el suicidio, que es un gran problema porque es la causa externa de muerte más frecuente de nuestro país. Es importante que se informe abiertamente sobre las enfermedades mentales para que sea más fácil que cualquier persona, tenga la enfermedad que tenga, decida y pueda tratarse.

¿Cómo se puede ayudar a una persona que se autolesiona o tiene una tentativa de suicidio?

Hay muchas maneras de ayudar. Lo primero es que si ya ha habido una tentativa de suicidio, sin ninguna duda, hay que acudir a un centro sanitario y valorar a esa persona. Si lo que tenemos es alguien que en un momento determinado nos hace una confidencia en nuestro entorno de que está pensando en quitarse la vida, debemos saber que todas las personas de su entorno pueden servirle de ayuda y no solo la atención sanitaria. Es importante escucharle, acompañarle y permitirle a esa persona que se desahogue. Es fundamental dejar una puerta abierta a la esperanza a la hora de prevenir un suicidio, pero desde la sanidad no podemos trabajar solos, necesitamos la ayuda de toda la sociedad.

¿Cómo puede afectar a la salud mental de una persona no disponer de un trabajo o un hogar? ¿De qué manera afecta la precariedad a la salud mental?

El trabajo es un factor fundamental porque da seguridad y estabilidad económica tanto a la vida de una persona como a la de una familia entera. El no tener trabajo es un factor de riesgo para la depresión y la ansiedad. Siempre que hay crisis económicas o un aumento del paro, se producen más síntomas depresivos y eso se traduce en más depresiones. El problema de esta última crisis, es que además de económica, se trata de una crisis sanitaria, por lo que se necesita que el propio sistema sanitario esté fuerte para poder paliar el daño de las personas que acuden a él con síntomas de enfermedades mentales.

¿Cómo valora la Estrategia de Salud Mental presentada el pasado viernes, que estará vigente entre 2022 y 2026?

Desde las sociedades científicas en general hemos realizado bastantes críticas a la Estrategia de Salud Mental impulsada por el Gobierno. Tuvieron en cuenta algunas de ellas y han incorporado algunos cambios que sugeríamos en algunos aspectos, pero en otros no. La Estrategia de Salud Mental está compuesta por recomendaciones que luego las comunidades autónomas tienen que trabajar e incluir en sus planes de salud mental, así que esperaremos también a los documentos que aporten las comunidades. Al principio no nos gustaba, no es la ideal, pero sí es un paso y agradecemos el esfuerzo.

Siempre que hay crisis económicas o un aumento del paro, se producen más síntomas depresivos y eso se traduce en más depresiones

¿Qué cambios considera que aún deberían realizarse?

Tendría que volver a estudiarla para poder responderte, pero sí te puedo decir que desde las sociedades científicas preferimos la Estrategia de Salud Mental a la Ley de Salud Mental propuesta por Unidas Podemos. En esa ley había graves deficiencias como el no considerar que las enfermedades mentales tienen un origen biológico, psicológico y social. Se enfatizaba solamente en el origen social de las enfermedades y eso es un grave error porque nos haría pensar que los países ricos no tienen problemas de salud mental y eso no es cierto. Las enfermedades están presentes en todas las sociedades y hay que considerar todas las posibles causas para poder realizar una valoración adecuada.

Por primera vez se incluye la perspectiva de género en la Estrategia de Salud Mental. ¿Qué cambios supone?

Está muy bien que se tenga en cuenta la perspectiva de género, aunque es cierto que hicimos modificaciones en ese punto porque el hecho de que haya que tener una perspectiva de género no significa necesariamente que todas las enfermedades vayan a afectar más a las mujeres y, tal y como estaba redactada en la primera revisión, se hacía hincapié en ese aspecto, algo que es incorrecto. Muchas de las enfermedades mentales en menores, por ejemplo, afectan más a los niños que a las niñas y la muerte por suicidio también es más frecuente en hombres que en mujeres. Lo que sí que es cierto es que las enfermedades afectan de forma diferente a mujeres y a hombres y hay que tener en cuenta esas diferencias a la hora de organizar los tratamientos tanto psicológicos como farmacológicos porque la composición no es igual en ambos.

La perspectiva de género también se debe tener en cuenta en la gestión de los recursos. Debería haber centros para patologías más predominantemente masculinas y otras para las más predominantemente femeninas. Dentro de los centros cuyos pacientes mayoritariamente son mujeres, podemos destacar los comedores terapéuticos de las pacientes con trastornos de la conducta alimentaria. En los que la mayoría son varones, por ejemplo, están los centros de atención temprana a menores, a los que acuden más niños que niñas.

¿Hasta ahora no se ha tenido en cuenta que las enfermedades afectan de manera distinta a mujeres y a hombres?

La reivindicación que había desde el ámbito sanitario y desde las familias era que faltaban centros de día para patologías de mujeres. Poco a poco están comenzando a crearse, por ejemplo, los centros para trastornos de conducta alimentaria. Han tardado en desarrollarse, pero poco a poco también se están creando centros para la atención a mujeres con dependencia de alcohol, que podría ser distinta a la que reciben los varones. También deberían existir centros específicos para la depresión postparto. Hasta ahora, estas mujeres acuden a los centro de salud mental, pero no se tiene en cuenta que son mujeres que tienen un bebé y que a veces no pueden dejarlo con nadie. Hay una serie de cuestiones que deberían tenerse en consideración.

Las enfermedades afectan de forma diferente a mujeres y a hombres y hay que tener en cuenta esas diferencias a la hora de organizar los tratamientos

La Estrategia también hace hincapié en mejorar los entornos laborales, ¿son muchos los pacientes cuyos problemas de salud mental son causados por el trabajo?

Hay personas a las que el estrés laboral ha desencadenado un trastorno mental, pero muchas veces es un conjunto de factores biopsicosociales. Si yo soy una persona vulnerable para la depresión, a lo mejor un problema laboral me va a afectar, mientras que a otra persona que padece el mismo estrés, pero no la misma vulnerabilidad, puede que no. En ese sentido hay que tener en cuenta todo, a las personas en su conjunto.

¿El alto coste del psicólogo privado o la mejorable atención del público, que cuenta con listas de espera para que los pacientes sean atendidos entre consulta y consulta, pueden hacer que una persona decida no acudir o posponga su visita al psicólogo?

A nivel privado no voy a entrar, pero, en principio, el sistema público tiene recursos para atender a la población, aunque mejorarse y una de las cosas que hemos comentado al hablar de la Estrategia de Salud Mental, es la necesidad de tener más recursos. Las comunidades autónomas tienen mecanismos para reducir las listas de espera en salud mental. Sí que es cierto que se suelen generar, pero no son listas de espera como pueden ser, por ejemplo, las de cirugías, que son más prolongadas. En principio, para la enfermedad mental común, que incluye los trastornos de ansiedad o la depresión, los médicos de atención primaria inician los tratamientos, con lo cual las personas no deberían esperar para ser tratadas. Los pacientes que suelen tener listas de espera en el sistema público son aquellos que requieren iniciar una psicoterapia, aunque en algunas comunidades se está trabajando para evitar las esperas en estos servicios.

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