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La igualdad que se aprende jugando: de los carritos de limpieza a una red autonómica de cuidados

Niños y niñas en la escuela Zarapico jugando a las 'cocinitas'

edCreativo Extremadura

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En las aulas de la Escuela Infantil Zarapico de Casar de Cáceres, la corresponsabilidad tiene forma de un carrito de limpieza adaptado a manos pequeñas, de un kit de cuidados que viaja de casa en casa o de un sembrado comunitario de pensamientos lilas en el parque del municipio.

Son iniciativas sencillas que enseñan, desde la infancia, que cuidar, atender y mantener un hogar son responsabilidades compartidas. Una forma de entender la igualdad que va más allá de los discursos y que encuentra en la educación, las familias y la participación comunitaria algunas de sus herramientas más eficaces.

Mientras las administraciones articulan políticas y destinan recursos para impulsar la conciliación y la igualdad, experiencias como la de Casar de Cáceres muestran cómo esos objetivos pueden trasladarse a la vida cotidiana. Porque la conciliación permite organizar mejor los tiempos, pero la corresponsabilidad exige algo más: repartir de manera equilibrada las tareas domésticas y los cuidados, y transformar los roles que tradicionalmente han situado sobre las mujeres la mayor parte de esas obligaciones.

Más de nueve millones de euros para impulsar la corresponsabilidad

Ese cambio cultural cuenta también con respaldo institucional. El Programa de Colaboración Económica Municipal de Conciliación y Corresponsabilidad para 2026 (CONCILIA Extremadura), impulsado por la Junta de Extremadura y cofinanciado junto al Ministerio de Igualdad en el marco del Plan Corresponsables, dispone de una dotación de 9.168.169,15 euros.

Los fondos están destinados a financiar servicios de atención a la infancia y medidas de conciliación en todos los municipios y entidades locales menores de la región.

La gestión, coordinada por la Secretaría General de Igualdad y Conciliación, incorpora mecanismos de seguimiento y rendición de cuentas. Las entidades beneficiarias deben justificar tanto la ejecución económica como el impacto social de las actuaciones y los resultados alcanzados mediante memorias e informes técnicos.

Pero más allá de las cifras, el verdadero alcance de estas políticas depende de su capacidad para transformar hábitos y promover una distribución más equilibrada de los cuidados.

Implicar a los hombres para cambiar el reparto de los cuidados

Uno de los avances de las políticas de corresponsabilidad de los últimos años ha sido incorporar a los hombres como destinatarios específicos de las actuaciones.

Así lo explica Jesús Moreno Pizarro, psicólogo por la Universidad de Salamanca, máster en Intervención Social por la Universidad Pablo de Olavide y responsable del Área de Participación de la Fundación Iniciativa Social (FIS) desde hace seis años.

Moreno recuerda que el Plan Corresponsables nació durante la pandemia de COVID-19 con el propósito de reforzar una red pública de cuidados. Sin embargo, la experiencia puso de manifiesto que facilitar la conciliación no siempre significa avanzar en igualdad.

“La conciliación sin corresponsabilidad vuelve a reproducir la desigualdad de género, porque al final son de nuevo las mujeres las que asumen los permisos o la gestión de los recursos”, advierte.

De esa reflexión surgió la necesidad de trabajar específicamente con la población masculina. Y así nació Masculinidades Corresponsables, una iniciativa desarrollada por varias entidades con experiencia en coeducación: el Colectivo Cala, en la comarca de Alburquerque; el Colectivo Manuel J. Peláez, en Zafra; la Fundación Cepaim, desde Mérida y Navalmoral de la Mata; y la Fundación Iniciativa Social, con presencia en Cáceres y Badajoz.

Moreno, miembro de la Red MenEngage Iberia y del Foro de Hombres por la Igualdad y coordinador del Proyecto Bróders, reconocido con el Premio Menina 2025, destaca la importancia de formar a profesionales de los ámbitos social, sanitario y educativo. El objetivo es proporcionarles herramientas para incorporar activamente a los hombres a las tareas de cuidado y evitar que estas sigan recayendo mayoritariamente sobre las mujeres.

Ese trabajo también se traduce en intervenciones ante situaciones concretas. Entre ellas, Moreno recuerda el caso de un padre separado que solicitó orientación para abordar la educación afectivo-sexual de sus dos hijas.

Una labor que conecta la prevención de las violencias machistas con la pedagogía de los cuidados y con la divulgación del Estudio sobre Salud Masculina elaborado por la fundación, centrado en cómo los mandatos tradicionales de masculinidad afectan a la salud de los propios hombres y condicionan su implicación en los cuidados.

Casar de Cáceres: aprender igualdad desde los primeros años

En la Escuela Infantil Zarapico, su directora, Artemia Rey Romero, lleva más de una década impulsando uno de los proyectos de coeducación más consolidados de Extremadura. Se trata del Calendario Violeta, una iniciativa que comenzó durante el curso 2014-2015 dentro del programa 'Hacia el Buen Trato desde el Ámbito Comunitario'.

Desde entonces, el proyecto ha mantenido su continuidad durante los distintos cursos escolares y se ha convertido en una experiencia de referencia. En 2015 recibió uno de los galardones de la IV edición de los Premios a las Buenas Prácticas Locales contra la Violencia de Género, convocados por la Federación Española de Municipios y Provincias y el entonces Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad.

La filosofía del Calendario Violeta parte de una idea sencilla: la igualdad no se aprende únicamente escuchando hablar de ella, sino incorporándola a los juegos y a las actividades cotidianas.

Jugar a cuidar, aprender a compartir

Uno de los recursos más representativos de la Escuela Infantil Zarapico es el Kit de Cuidados. Está formado por una sillita de paseo, un muñeco o muñeca bebé y un neceser con biberón, ropa, pañales y distintos juguetes.

Cada semana, el material viaja a una familia diferente siguiendo el orden alfabético del alumnado. Los niños y niñas se convierten así en cuidadores y, junto a sus familias, anotan en una libreta las experiencias compartidas: dar el biberón, cambiar al bebé, arroparlo o salir de paseo.

La misma filosofía está detrás del Carrito de la Limpieza, equipado con escoba, recogedor, fregona, paños y un pulverizador con agua coloreada. A través del juego, las tareas domésticas se presentan como una responsabilidad compartida, sin distinciones entre niños y niñas.

El centro cuenta también con el Maletín Viajero con Cuentos de Igualdad, una colección itinerante de literatura infantil sobre igualdad y diversidad familiar que recorre los hogares del municipio y promueve la lectura compartida entre padres, madres e hijos.

No son actividades puntuales ni iniciativas reservadas a determinadas fechas. Forman parte de la rutina del centro durante todo el curso. Como resume Artemia Rey, se mantienen activas “llueva, truene o relampaguee”.

La participación de las familias es fundamental para que el aprendizaje no se quede en el aula. La directora destaca especialmente la implicación de padres como Borja, que participa habitualmente en las actividades escolares y contribuye a ofrecer referentes de corresponsabilidad a toda la comunidad educativa.

Un proyecto que implica a todo un pueblo

El Calendario Violeta ha ido creciendo hasta convertirse en una iniciativa comunitaria en la que participan el CEIP local, el IESO Vía de la Plata, las AMPAs, el Ayuntamiento, la Universidad Popular, la Oficina de Igualdad de la Mancomunidad Tajo-Salor y el Centro de Mayores.

Cada curso, la programación se organiza en torno a un lema común. Este año, bajo el título 'Con respeto', las actividades se centran en prevenir los usos inadecuados de las pantallas y fomentar una utilización responsable de las redes sociales.

Uno de los momentos de mayor participación llega cada 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Ese día, el Parque José Cortés se convierte en un espacio de encuentro entre generaciones.

Las personas usuarias del Centro de Mayores elaboran flores lilas que después entrega el alumnado. También se organiza una siembra comunitaria de pensamientos lilas en jardineras que los distintos centros educativos se encargan de cuidar durante el resto del año.

La jornada incluye además la participación de los estudiantes del IESO Vía de la Plata, responsables de redactar el manifiesto oficial, que posteriormente lee el alumnado de Primaria antes de las actuaciones musicales, teatrales y de danza.

Los más pequeños tienen también su espacio con el Tren de la Corresponsabilidad. Se trata de un desfile en el que niños y niñas portan carteles elaborados en familia con mensajes a favor del buen trato y la convivencia.

La implicación de los distintos colectivos permite que la igualdad salga de las aulas y se convierta en una responsabilidad compartida por todo el municipio.

Referentes femeninos y nuevas masculinidades

La programación del Calendario Violeta se distribuye a lo largo del curso y combina distintas líneas de trabajo. Durante el primer cuatrimestre se desarrollan las actividades relacionadas con el lema anual y el Proyecto Aliados, una propuesta sobre masculinidades impulsada junto a la Fundación Iniciativa Social y el IESO Vía de la Plata.

El segundo cuatrimestre gira en torno al 8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres, e incluye marchas por la igualdad, concursos literarios, seminarios para docentes y las denominadas Biografías Violetas.

Esta última iniciativa busca recuperar y acercar al alumnado la trayectoria de mujeres que han contribuido a la historia, la cultura y el conocimiento. Entre ellas figuran las creadoras vinculadas a Las Sinsombrero, Clara Campoamor y la investigadora e ilustradora extremeña Ángela Capdevielle Borrero.

Entre mayo y julio se comparten los resultados en la Universidad Popular y se elaboran las memorias que servirán de base para preparar la siguiente edición.

Conciliar, trabajar y criar: una responsabilidad compartida

La corresponsabilidad también se construye en el ámbito familiar. María Jesús Fernández, madre de cuatro hijos y directora de la academia de inglés Kids&Us Badajoz, representa otra forma de abordar el equilibrio entre la vida profesional y la crianza.

Emprendedora y defensora de la educación en igualdad, considera que trabajar y criar no son actividades incompatibles, sino facetas que pueden convivir cuando existe diálogo, organización y un reparto equilibrado de las responsabilidades familiares.

Su convicción es que sus hijos e hijas deben crecer en un entorno donde el respeto y las mismas oportunidades formen parte de la normalidad. “Quiero que mis hijas sepan que mamá puede trabajar y hacerlo igual de bien que papá; quiero que sean mujeres válidas, independientes y libres”, explica.

Esa educación comienza en las pequeñas decisiones cotidianas. En casa hablan con naturalidad de estereotipos, respeto y libertad para que cada niño pueda elegir sus juegos, disfraces o aficiones sin sentirse condicionado por los roles de género.

Para organizar la vida familiar, María Jesús y su marido utilizan un calendario compartido y reservan un momento cada domingo para planificar la semana, distribuir tareas y anticipar necesidades. Un sistema que, según explica, debe adaptarse continuamente a las circunstancias de la familia.

“La corresponsabilidad tiene que ser flexible porque las circunstancias cambian; con un bebé de dos meses no tengo las mismas necesidades que cuando mis hijos tienen tres o cuatro años”, señala.

Esa misma filosofía estuvo detrás de la decisión de emprender juntos y poner en marcha Kids&Us Badajoz. Ambos buscaban desarrollar un proyecto profesional que les apasionara sin renunciar a una presencia activa en la crianza de sus hijos.

“Tenemos dos vidas en una. La laboral y la familiar. Ninguna debe imponerse a la otra y ambas necesitan ser cuidadas de forma compartida”, resume.

María Jesús, posando junto a su familia

María Jesús no oculta el cansancio ni las dificultades que acompañan a la crianza, pero reivindica la importancia de disfrutar de cada etapa. “Me encanta mi vida, me encanta ser madre y me encanta trabajar”, afirma.

Su aspiración es poder recordar estos años con ilusión, consciente de que la infancia pasa deprisa y de que cada momento merece ser vivido.

La igualdad se construye cada día

Desde una escuela infantil que enseña a cuidar a través del juego hasta un proyecto comunitario que implica a varias generaciones, pasando por programas dirigidos a transformar las masculinidades y familias que organizan conjuntamente su vida cotidiana, las experiencias desarrolladas en Extremadura muestran distintas formas de avanzar hacia un mismo objetivo.

Los recursos públicos proporcionan herramientas y oportunidades, pero su verdadero alcance depende de cómo se trasladan a la sociedad y de la capacidad de las personas para convertirlos en cambios reales.

La corresponsabilidad no consiste únicamente en conciliar horarios o facilitar servicios de atención a la infancia. Supone revisar quién cuida, quién organiza, quién asume las tareas y cómo se transmiten esos aprendizajes a las nuevas generaciones.

Porque compartir los cuidados no es únicamente una cuestión de organización familiar ni una medida administrativa. Es un cambio cultural que empieza en casa, se aprende en la escuela y se consolida cuando toda una comunidad entiende que cuidar es una responsabilidad compartida.

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