Extremadura, en el foco nacional
Es cierto que vivimos en un mundo permanentemente acelerado, donde los acontecimientos se suceden con tal rapidez que apenas encontramos tiempo para detenernos, analizar y extraer conclusiones propias. El sosiego no es un atributo de la posmodernidad.
Las noticias nos abruman, generan un sentimiento social de impotencia procesal, de agobio permanente y, lo que es peor, de duda sobre su veracidad. Lo que ocurrió ayer parece ya una noticia del Neolítico. Lo de la semana pasada, de la Edad del Hielo. Lo de hace unos meses, algo del más allá. La inmediatez nos supera, la rapidez nos colapsa y este mundo avanza a un ritmo que desborda.
Hasta hace apenas tres años, Extremadura no estaba en el foco nacional. Siempre hubo noticias aisladas que saltaban a los medios estatales, pero eran eso: episodios puntuales. Hoy, sin embargo, Extremadura es foco nacional, y no precisamente por motivos positivos, beneficiosos o de interés general, sino por la decisión de la presidenta de la comunidad autónoma de pulsar el botón electoral y quedar aún más supeditada a la extrema derecha que antes del 21 de diciembre de 2025.
Guardiola quiso “hacer un Ayuso o un Moreno Bonilla” y terminó consiguiendo “un Alfonso Fernández Mañueco” en toda regla. Lo que en nuestra tierra llamamos “hacer un pan como unas tortas”. También decimos que “para esta merienda no necesitaba yo alforjas”.
Decidió entregar Extremadura al laboratorio político instalado en Génova y, en un alarde de arrogancia sin precedentes, aprovechó la debilidad del PSOE de Extremadura y creyó que los extremeños habían virado de repente hacia posiciones de derecha y extrema derecha. Pulsó el botón electoral y, como también decimos aquí, “la cosa le salió rana”. Hoy ha sido investida presidenta de la Junta de Extremadura “porque a Vox le ha dado la gana” y previo pago del peaje más caro de nuestra historia reciente en términos de principios y valores.
Puso a Extremadura en el foco nacional cuando defendió, a lo Juana de Arco, que no pactaría con Vox. Aumentó ese foco cuando pactó con Vox y se desdijo de todos sus principios. Lo multiplicó exponencialmente cuando, según este planteamiento, entregó la región al laboratorio nacional del PP. Y lo ha vuelto a multiplicar con la firma de un acuerdo de gobierno que incomoda incluso a los sectores más radicales del propio PP.
Estar en el foco nacional a veces es bueno; otras, un desastre descomunal para una tierra con millones de problemas reales que no figuran en la agenda de la presidenta de la Junta ni, mucho menos, en la del partido Vox.
Y ahora, presidenta, ¿cómo salimos del foco nacional?
0