Hipocresía feminista
2026 ha empezado con fuerza. Los primeros días de este nuevo año están siendo muy convulsos, tanto en política internacional, con los delirios imperialistas de Trump, como en España y Extremadura. Uno de estos temas candentes, que abre portadas y provoca ríos de tinta, es la denuncia ante la Fiscalía de dos ex trabajadoras de Julio Iglesias que aseguran haber sufrido acoso sexual y laboral por parte del reconocido cantante. Unos hechos que conocemos gracias al periodismo valiente y comprometido de medios como este para el que escribo estas líneas, y que son absolutamente imprescindibles para garantizar nuestro estado de derecho.
Al margen de la necesidad de contar con medios íntegros e independientes, que no se plieguen ante los poderosos, lo que más me ha sorprendido de este caso es la hipocresía feminista de la derecha de nuestro país y de nuestra comunidad. Los testimonios que hemos conocido de estas trabajadoras son de tal gravedad que nadie, en su sano juicio, podría en estos momentos poner la mano en el fuego por el cantante patrio. Pero, sin embargo, sí que lo han hecho. Unas públicamente y otras con un abrumador silencio, que lo dice todo.
Ayuso ha salido a defender a Julio Iglesias, mientras que Guardiola calla, a pesar de que las dos no dudaron en envolverse en la bandera feminista cuando se han conocido en nuestro país acusaciones similares, como hicieron cuando las denuncias recaían, por ejemplo, en Salazar o Errejón. Guardiola, ahora, ni una palabra ante las importantes violaciones de los derechos de las mujeres que podría haber cometido Iglesias.
¿Cuál es la diferencia entre unos y otro? Pues que en los casos de Salazar o Errejón podían utilizar las acusaciones como un arma arrojadiza contra un contrincante político, y en el caso de Julio Iglesias se está tocando a uno de los suyos. No olvidemos que el cantante ha hecho campaña por el Partido Popular desde hace décadas. Son innumerables las fotos de ese “truhan” con Aznar en mítines o con Zaplana y otros destacados dirigentes del PP valenciano, algunos de los cuales han sido condenados por corrupción, y que llegaron a regar con millones de euros públicos al cantante por actividades de promoción de la Comunitat Valenciana.
Esta es la hipocresía moral de la derecha con los derechos de las mujeres, que solo entiende el feminismo como un pin, que se quita y se pone en función de sus intereses electorales. Y para muestra de ello, la propia Guardiola, que en la última campaña electoral autonómica pidió el voto de las mujeres feministas para poder combatir las políticas machistas de la extrema derecha. Sin embargo, poco le ha durado ese compromiso. A los pocos días de conocerse el resultado ya se mostró abierta no solo a pactar con Vox, sino también a incluir a aquellos que niegan la violencia machista en el Gobierno.
Como decía Groucho Marx, “estos son mis principios, si no les gustan tengo otros”. El problema de esta falta absoluta de coherencia y compromiso no es solo que la credibilidad de Guardiola esté cada vez más pisoteada en el suelo, sino que al final está negociando un gobierno con aquellos que en su programa electoral plantean, sin ningún tipo de rubor, acabar con las políticas de género porque las consideran un “chiringuito”. Y lo dicen aquellos cuyo líder, Abascal, lleva viviendo del cuento y de los chiringuitos toda la vida, sin dar palo al agua.
Proponen, por tanto, acabar con los fondos de lucha contra la violencia de género, cerrar las oficinas de igualdad o anular, entre otras, todas las políticas que promueven la igualdad entre hombres y mujeres. Si Guardiola con las elecciones pretendía deshacerse de Vox, le ha salido la jugada redonda.
Ahora, en lugar de pactar un presupuesto, como tenía que haber hecho, tiene que pactar un gobierno entero, y lo más importante, todas aquellas políticas que afectan a la vida diaria de las mujeres de esta tierra. ¿Será capaz de entregárselas solo por seguir amarrada al sillón? Yo estoy convencida de que sí porque, lamentablemente, nos ha demostrado en muchas ocasiones que la bandera morada con la que se envuelve no es más que un atrezzo de su propaganda política. Pura hipocresía feminista.
0