El odio
El odio es viscoso, como la grasa se pega a la suela de los zapatos y te impide tocar tierra, es envolvente, mancha, ensucia, se cuela por las rendijas envolviendo con su espesor hasta la pared más encalada. Y así lo vimos esta semana en la Fundación Ruy López en forma de pintada, “STOP INVASIÓN”, con tilde incluida porque quienes se atrevieron a tremendo atentado eran xenófobos pero atildados, con la gramática en una mano y el espray en la otra escribieron y escupieron su odio contra quienes trabajan por una sociedad más rica, justa e igualitaria.
He escuchado a muchas amigas y amigos estos días lamentando que la rendija por la que se cuela ese odio viscoso hasta las instituciones sea precisamente Extremadura, una tierra de migración. De aquí salieron a lo largo del siglo XX miles de personas buscando un porvenir mejor para sus familias, un trabajo digno, pan caliente y un salario. Se fueron con una mano delante y otra detrás a Barcelona, Madrid, País Vasco, pero también a Alemania, Holanda, Suiza, Bélgica, Canadá, hasta a Hawái. Desde cada pueblo de esta región a cualquier lugar del mundo en el que necesitaran mano de obra barata, con capacidad de trabajo hasta la extenuación y hambre mucha hambre.
Y de repente en esta tierra de migración se cuela ese odio viscoso a través de esa rendija y mancha una pared blanca y entra en las instituciones, porque, lo maquillen como lo maquillen, el acuerdo de la vergüenza entre el Partido Popular de María Guardiola y Vox es racista, clasista y xenófobo, además de anticonstitucional.
Es injustificable que la nueva y flamante presidenta de la Junta de Extremadura haya abrazado sin miedo y sin complejos (ya saben que la derecha y la extrema derecha carecen de complejos) eso de la “prioridad nacional”, o “prioridad nazi-onal”, porque las cosas hay que empezar a llamarlas y verlas como lo que son, sin medias tintas.
La prioridad nacional, concepto racista, clasista y xenófobo ha condicionado la creación de un gobierno en Extremadura, del primer gobierno en nuestro país, tras él, Aragón y detrás, Castilla y León, Andalucía se librará según Juanma Moreno, porque para él lo que sí vale en Extremadura, no vale para Andalucía.
Somos, tristemente, el laboratorio en el que se verá hasta qué punto se puede extender el odio, hasta dónde llega lo de los españoles primero. Ya se está viendo que con el eslogan American first, Trump está llevando a su país y al mundo entero a la hecatombe más absoluta, pero aquí estamos copiando al ICE y a las políticas disparatadas de un psicópata, además de pedófilo como el señor Trump, líder y gurú de Abascal y los suyos. Los más patriotas que en realidad son unos vende patrias.
Lloramos por el niño Liam Conejo que con tan solo cinco años fue arrestado por esa pseudo policía que amenaza y persigue a la población inmigrante en EE.UU. Y lloramos hoy porque sin apenas darnos cuenta se nos coló el odio, a través de esa rendija casi imperceptible, hasta llegar a nuestras instituciones de mano del “altísimo” y se coronaron casi a lomos de un caballo en un acto de investidura propio de emperadores, sonrojante y vergonzante.
Y vuelvo a recordarles a quienes se dan golpes de pecho en procesiones las palabras de Mateo 25:35, “Porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; fui forastero y me acogisteis…”.
Aún guardo la esperanza de que odiar, de que ser mala persona, vuelva a dar vergüenza.
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