El manto del odio
Ante el machismo hay que levantar la voz siempre, no sólo cuando el agresor tiene otro color o es de un origen distinto. Siempre, sin excepciones, no hay víctimas de primera y de segunda, tampoco agresores de primera y de segunda. Hay víctimas y hay agresores y en medio una realidad que hay que denunciar sin ambages.
El año pasado en Extremadura cuatro mujeres murieron asesinadas a manos de sus parejas o exparejas, ellas murieron y no pudieron contar el calvario por el que seguramente habían pasado, mujeres con nombre propio. Ante eso, silencio por parte de las señorías de Vox porque parece que el tema no va con ellos.
Sin embargo, cuando quien comete el delito es de fuera o de otro color de piel o ambas cosas, los mensajes de odio se multiplican y la llamada a la caza se amplifica desde todos los frentes, también y, sobre todo, desde las redes.
Insisto, hay que denunciar siempre todas las violencias machistas, todas, por eso son importantes las leyes y los avances en los derechos de todas las mujeres. Por eso es importante escuchar, acompañar y denunciar.
No se entiende el manto de odio que se extiende lentamente hasta calarlo todo. Pasó en Torre Pacheco, Murcia, un hecho puntual que resultó ser falso provocó una oleada de miedo, violencia y odio alentado desde determinados colectivos muy bien organizados de la ultraderecha. Los señores lanzan los mensajes una y otra vez desde sus sillones de oro y sus altavoces y convierten en chivo expiatorio a los otros, en este caso los de fuera que vienen a quitarnos los trabajos, a robarnos las ayudas y a violar a nuestras mujeres.
Es un cuento feo, muy feo, pero también muy viejo. Así pasó en Europa en la primera mitad del siglo XX, así pasa hoy en día en Palestina, siempre hay un otro, un enemigo contra el que ir. Enfocan los discursos para alimentar ese odio visceral y tapar los ojos hacia lo importante.
El racismo no es la solución para evitar agresiones sexuales, para evitar el maltrato o las agresiones machistas. Hay que ser contundentes en la respuesta a todos los agresores, sean quienes sean. Ante cualquier agresión machista todo el peso de la ley y todas las instituciones del estado para acompañar a esa mujer que ha sufrido esa agresión machista. Muchas veces la justicia no ha estado al lado de las mujeres maltratadas y agredidas pero el empuje del movimiento feminista ha cambiado muchas cosas y seguirá haciéndolo. Por lo pronto a saber que quienes solo alzan la voz cuando el agresor tiene otro color de piel no quieren acabar con el machismo, solo instrumentalizan la violencia machista para asentar su relato racista.
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