Recordar a quienes se fueron y acercar a quienes están lejos
Buscar la tumba de un familiar en un cementerio que apenas se conoce puede llevar bastante tiempo. Hay que localizar el pabellón, identificar el pasillo y dar con el nicho entre cientos o miles de sepulturas. Para quienes llevan años sin visitar el recinto, o para quienes acuden por primera vez, encontrar el lugar exacto no siempre resulta sencillo.
Ese desconcierto fue el punto de partida para Luis Alberto Guijarro Domínguez, informático de Valdelacalzada, que tras la muerte de su padre comenzó a desarrollar, junto a su amigo y también programador Miguel Ángel Sánchez Miranda, una herramienta, E-Terns, que permitiera orientarse en un cementerio igual que en un mapa urbano. Lo que nació como una necesidad íntima terminó convirtiéndose en una plataforma que digitaliza recintos funerarios y crea perfiles memoriales de quienes ya no están.
Del papel a la cartografía digital
La idea inicial era trasladar al entorno digital la información que durante décadas había permanecido dispersa entre libros de registro, archivos municipales y las propias lápidas. E-Terns permite registrar sepulturas, nichos y panteones, organizar pasillos y departamentos y asociar cada enterramiento con su ubicación exacta mediante coordenadas y códigos QR.
Para el visitante, el funcionamiento es sencillo. Basta con introducir el nombre de la persona fallecida para acceder a su ficha y a un mapa que guía hasta el punto exacto. No se trata únicamente de saber el número de nicho: la estructura completa del recinto aparece representada para que cualquiera pueda orientarse, incluso sin conocer el cementerio o sin haberlo visitado durante años.
Mérida: un cementerio navegable
Uno de los ejemplos más completos de esta aplicación se encuentra en Mérida. Allí, el Ayuntamiento incorporó miles de sepulturas y fichas de personas fallecidas a una web pública que permite consultar y recorrer virtualmente el cementerio.
La digitalización incluyó miles de fotografías esféricas que convierten los pasillos en un recorrido similar a Street View. Para registrar cada nicho se utilizó una aplicación específica que recoge el número de sepultura, su posición GPS y las personas inhumadas en ella.
Detrás de una búsqueda aparentemente tan sencilla como 'dónde está enterrado mi abuela' hay un trabajo físico y digital considerable: identificar cada enterramiento, recopilar y ordenar los datos y construir una representación completa del recinto. No basta con digitalizar los registros existentes; también hay que recorrer el cementerio, localizar cada sepultura y comprobar que la información corresponde con su ubicación real.
Esta empresa extremeña también ha digitalizado cementerios en Andorra y está digitalizando actualmente en la provincia de Gran Canaria y en Portugal.
De localizar una tumba a conservar una memoria
Con el tiempo, el proyecto fue más allá de la cartografía funeraria. La plataforma incorporó perfiles memoriales —los llamados 'eternos'— en los que familiares y allegados pueden añadir biografías, fotografías, condolencias, velas virtuales y recuerdos. También permite construir árboles genealógicos que conectan distintas generaciones y ayudan a conservar la memoria familiar más allá de la primera o segunda generación.
La herramienta se ha extendido por distintos municipios extremeños, desde Puebla de la Calzada hasta Montijo o Lobón. En Valdelacalzada, además, el Ayuntamiento la utilizó para reconstruir el árbol genealógico del municipio a partir de las fichas de sus primeros colonos, vinculando así la memoria de las familias con la historia local.
El cementerio deja de ser únicamente un espacio físico al que se acude a depositar flores. También puede funcionar como una base de datos, un archivo histórico y un lugar virtual donde conviven nombres, fotografías, biografías, árboles familiares y mensajes de quienes siguen aquí. En Mérida, esa transformación ya permite buscar desde un ordenador o un teléfono a una persona entre miles de registros y conocer dónde está enterrada.
La intención no es sustituir la visita al cementerio, sino facilitarla cuando resulta difícil: porque se vive lejos, porque han pasado muchos años desde la última vez o porque ya no se conoce la distribución del recinto. También ofrece una posibilidad de acercamiento a quienes no pueden desplazarse, pero quieren mantener el contacto con la memoria de sus familiares.
Tecnología para despedirse cuando no se puede estar
La evolución del proyecto dio otro paso durante la pandemia. Las restricciones impuestas entonces limitaron los velatorios y dejaron a muchas familias sin la posibilidad de despedirse presencialmente de sus seres queridos. La empresa ya había desarrollado una versión de su sistema para tanatorios, con un libro de condolencias virtual y acceso telemático a distintos servicios del velatorio.
Durante los meses más duros de la pandemia, abrió gratuitamente esta herramienta para que familiares y amigos pudieran acompañar digitalmente a los fallecidos cuando hacerlo en persona era imposible. De esta manera, quienes no podían acudir al tanatorio tenían la oportunidad de dejar sus condolencias y participar en la despedida.
La pantalla del tanatorio se convirtió así en una extensión de la idea que había dado origen a E-Terns. Si la tecnología podía ayudar a encontrar una tumba que no se sabía localizar, también podía acercar un velatorio a quienes no tenían la posibilidad de estar allí.
Del duelo por una mascota a nuevas formas de conexión
Las distintas iniciativas de Guijarro comparten un origen personal. Tras la muerte de su padre surgió la idea de digitalizar cementerios; la pérdida de una tía durante la pandemia impulsó el desarrollo de soluciones para acompañar a distancia. Más adelante, esa misma preocupación por la memoria y los vínculos afectivos se extendió a los animales de compañía.
La convicción de partida es que la pérdida de una mascota también provoca un duelo y que muchas familias necesitan conservar su recuerdo. Por eso, el proyecto amplió su ámbito de actuación para atender también esa relación afectiva y las necesidades que surgen cuando desaparece un animal que ha formado parte de la vida cotidiana de una familia.
Tecnología para quienes aún están aquí
La evolución más reciente de los proyectos de Guijarro se dirige a personas que siguen aquí, pero que por su edad, la distancia o una situación de dependencia pueden haber quedado al margen de buena parte de la vida cotidiana. Es el caso de Vimag, un dispositivo de gran formato instalado en residencias de mayores para facilitar la comunicación con sus familias.
La pantalla, de unos dos metros de altura, permite realizar videollamadas, acceder a contenidos de entretenimiento y utilizar herramientas de teleasistencia. También se emplea para consultas médicas telemáticas, transmitiendo parámetros como la tensión arterial, la respiración o los registros cardíacos.
El propósito es facilitar el contacto con el entorno y recuperar oportunidades de comunicación para quienes, por la edad, la distancia o la dependencia, encuentran dificultades para participar en la vida cotidiana de sus familiares y de la comunidad. La tecnología se convierte aquí en una herramienta para reducir el aislamiento y mantener relaciones que, de otro modo, podrían debilitarse.
Aunque Vimag se aleja aparentemente del ámbito funerario, mantiene la misma lógica que impulsó E-Terns: utilizar recursos digitales para resolver problemas relacionados con la distancia y la dificultad de mantener los vínculos. La diferencia es que ahora el objetivo no es conservar la memoria de quienes han fallecido, sino facilitar la comunicación con quienes todavía necesitan sentirse cerca de los demás.
P-Terns: memoria y adopciones inteligentes
En esa misma línea de trabajo se encuentra P-Terns, la plataforma dedicada a los animales de compañía. Su última evolución incorpora inteligencia artificial para mejorar la difusión de las adopciones y poner en contacto a los animales que buscan una familia con personas que pueden estar interesadas en ellos.
Cuando una asociación o un refugio crea la ficha de un perro o un gato, el sistema recoge información sobre su raza, edad y carácter. A partir de esos datos, rastrea Facebook e Instagram para localizar grupos específicos de adopción y personas que hayan interactuado con mascotas de características similares o mostrado interés por ellas.
Con esa información, la plataforma genera alrededor de un centenar de publicaciones en grupos y páginas, dirigidas a usuarios que pueden tener afinidad con ese tipo de animal. Cada publicación incluye un enlace directo a la ficha correspondiente, de modo que quien desea adoptar puede consultar sus características y ponerse en contacto con el refugio o la asociación a través de WhatsApp.
El proceso busca que la difusión no dependa únicamente de que una persona encuentre por casualidad el anuncio de un animal. La inteligencia artificial permite identificar espacios y usuarios potencialmente interesados y ampliar así las posibilidades de que cada perro o gato llegue a una familia adecuada.
Una tecnología que mantiene los vínculos
Desde la digitalización de cementerios hasta las soluciones de comunicación para residencias y las herramientas de adopción, los proyectos impulsados por Guijarro han ido incorporando ámbitos distintos, aunque todos responden a una misma preocupación. La distancia, la pérdida, la edad o las circunstancias personales pueden dificultar el contacto entre las personas y limitar la posibilidad de acompañar, recordar o cuidar.
La historia comenzó con una necesidad muy concreta: encontrar la tumba de su padre. Aquella búsqueda llevó a crear un mapa digital de los cementerios y, a partir de ahí, a desarrollar perfiles memoriales, recuperar árboles genealógicos, facilitar despedidas durante la pandemia y conservar también el recuerdo de los animales de compañía. Después llegaron herramientas dirigidas a quienes siguen aquí, como Vimag, y soluciones para conectar a los animales abandonados con posibles adoptantes, como P-Terns.
Son respuestas tecnológicas a problemas cotidianos, pero también distintas maneras de abordar una misma cuestión: cómo mantener los vínculos cuando la distancia, el tiempo o las circunstancias hacen más difícil estar cerca. En unos casos se trata de encontrar el lugar donde descansa alguien querido; en otros, de acompañar a una familia durante una despedida, facilitar una videollamada o conseguir que un animal encuentre un hogar. La tecnología no elimina esas distancias, pero puede ayudar a que sean un poco menos frías.
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