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Grabaciones sobre blanqueo y coches a 215: Jácome y Baltar, la derecha ourensana se enfanga ante el 28M

El presidente de la Diputación de Ourense, Manuel Baltar (izquierda), da la mano al alcalde de la ciudad, Gonzalo Pérez Jácome.

Daniel Salgado

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El mismo día en que el presidente de la Diputación de Ourense iba a declarar en un juicio rápido por delito contra la seguridad vial, el alcalde de la ciudad y antaño aliado asistía a la tercera entrega de los audios publicados por el diario local La Región. Esta vez, Gonzalo Pérez Jácome habla sobre donaciones electorales: “Y de momento son todo limosnas, y entonces no me gusta andar con limosnas, que nos van a pillar con limosnas, ¿sabes? Si metes el palo, mételo a lo grande”. El día anterior presumía de saber cómo se blanquea el dinero en B. La derecha de Ourense, en su versión clásica del PP y en su versión populista de Democracia Ourensana, se ha sumergido todavía más en el fango. Faltan 19 días para las elecciones municipales.

Una magistrada de Puebla de Sanabria (Zamora) había convocado a juicio rápido a Manuel Baltar, además de presidente de la Diputación líder del PP provincial, cazado hace 15 días a 215 kilómetros por hora al volante de un coche oficial en dirección Madrid. No sucedió. El abogado de la defensa no se personó y la maniobra le sirvió a Baltar para aplazar la citación. Casi a la misma hora, Pérez Jácome también se personaba en unos juzgados, en su caso los de Ourense, para interponer él mismo una denuncia. Por “un supuesto delito de espionaje con microfonía oculta”. Es la primera reacción pública del regidor a las revelaciones de La Región. El periódico, próximo a los intereses de los populares ourensanos, ha emprendido, junto a La Voz de Galicia, “una guerra sucia y manipulada”, decía el propio Jácome en sus redes sociales el pasado sábado.

“Los audios, que durante los últimos días se han difundido en diferentes medios de comunicación, son ilegales y carentes de valor, están editados, manipulados, falseados y descontextualizados”, asegura el regidor en un comunicado, “lo ocurrido revela el empleo de técnicas mafiosas para alterar un proceso electoral mediante la difamación de un candidato”. Las exclusivas han llevado a la oposición de izquierdas, BNG y Partido Socialista, a exigirle responsabilidades inmediatas. El Partido Popular de la ciudad ha preferido, sin embargo, ensayar una reescritura de la historia reciente y ha culpado al PSOE de que Jácome mantenga el bastón de mando. Pero la relación entre las derechas ourensanas ofrece en realidad otra historia.

De la televisión local al despacho de alcalde

La figura de Pérez Jácome emergió a inicios de siglo como presentador de una televisión local. Desde Auria TV convirtió a la Diputación, en manos del clan Baltar desde 1990 –primero el padre, José Luis, hasta 2012; desde entonces el hijo, Manuel–, en objetivo prioritario de sus diatribas. Tardó en cansarse. Todavía meses antes de mayo de 2019 –las anteriores elecciones municipales– lo calificaba de “psicópata de corbata”. Desde el otro lado tampoco llegaban piropos. En la penúltima campaña electoral, Alberto Núñez Feijóo llegó a afirmar que una alcaldía en manos de Jácome sería “letal” para la ciudad. Hasta que la ciudadanía habló en las urnas.

Los comicios locales de 2019 fueron un correctivo para el PP gallego, entonces presidido por Feijóo. La derecha no consiguió ninguno de los gobiernos de las siete ciudades, y la localidad de más población en que obtuvo alcalde fue Arteixo (A Coruña), de 30.000 habitantes. Tres de las cuatro diputaciones las encabezan pactos de socialistas y la izquierda nacionalista del BNG. La cuarta es la de Ourense. Los populares perdieron la mayoría en ella. El imperio Baltar se tambaleaba. Pero entonces Manuel Baltar tuvo una idea, impuso su estrategia a Feijóo y la cúpula del PP en Santiago y entregó el bastón de mando de la ciudad al “letal” Jácome pese a ser la tercera lista en número de votos. Los populares entraron en la coalición. A cambio, este se retractaba de años de ataques furibundos y sus dos diputados provinciales mantenían al PP al frente de la institución provincial. El PSOE, la candidatura más votada con nueve asientos de 27, quedó relegada a la oposición.

A Feijóo y ahora a su sucesor en la Xunta y el PP gallego, Alfonso Rueda, les gusta regodearse en la presunta estabilidad de sus ejecutivos frente a los pactos de la izquierda. Pero Ourense, además de haber agujerado el mantra conservador de que debe gobernar la lista más votada, lo desmintió. El gobierno local más importante de todos los participados por el PP en Galicia se sumió en un vodevil de rupturas y reconfiguraciones que ha durado cuatro años. La primera sucedió en septiembre de 2020, cuando el grupo de Democracia Ourensana se fracturó y cuatro de sus siete ediles, junto a los populares, abandonaron el gabinete. Acusaron a Jácome de corrupción. Este se quedó al frente de la tercera ciudad de la comunidad con solo dos concejales. Contra todo pronóstico resistió, y el PP, que había impulsado la fracasada operación de derribo, regresó a la junta de gobierno. Por el camino se dejó algunos efectivos, como el exalcalde, exconselleiro y persona de confianza de Feijóo Jesús Vázquez, que dio portazo a la política partidaria.

El retorno de Cabezas y la segunda ruptura del gobierno local

La recomposición del gobierno local duraría demasiado poco más de un año. A Jácome le dio tiempo a ser denunciado por empujar violentamente a una sindicalista –la demanda fue desestimada aunque la juez habló de reacción desproporcionada– o a ver como los colectivos culturales sacaban a miles de personas a la calle “contra la apatía, la mentira y la parálisis”. Los insultos a la oposición se sucedían en los plenos. El PP lo permitía por activa y por pasiva. Hasta que, en noviembre del pasado año, anunció a su nuevo candidato a la alcaldía, Manuel Cabezas. Regidor por el PP entre 1995 y 2007, sus problemas con los Baltar y con la justicia –estaba implicado en una causa archivada el pasado año– lo apartaron. Ahora el mismo Baltar el que lo rescataba. La respuesta de Jácome no se hizo esperar: expulsó al PP del gobierno local.

Los populares que lo auparon y lo sostuvieron incluso cuando se quedó con solo dos ediles –se negaron a hacer alcalde vía moción de censura a Rafael Rodríguez Villarino, el líder socialista y el más votado en 2019– llevan meses escenficando su distanciamiento de Jácome. Y eso que las actitudes, ocurrencias y sucedidos del alcalde no son diferentes a las de antes: hace unas semanas vetaba a una periodista de EFE en las convocatorias de su partido; en enero transcendió que el ayuntamiento había contratado como Rey Baltasar para la Cabalgata a un hombre condenado dos veces por agresión sexual, lo que contraviene la ley. La tormenta de las derechas ourensanas parece lejos de amainar. Las grabaciones destapadas por La Región y la judicializada temeridad al volante de Baltar son apenas los últimos episodios.

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