'Navalleiros' de Aguiño (A Coruña) y el buceo a pulmón como arte de pesca sostenible: “El mar es parte del futuro”
A primera hora de la mañana un pequeño grupo de coches arrastrando remolques se turna en la rampa del puerto de Aguiño (Ribeira, A Coruña) para echar al mar sus planeadoras. Una vez en el agua 23 buceadores ponen rumbo a los fondos de arena que los bañistas observan desde sus toallas frente a la Praia do Castro. Son los buceadores que faenan a la navalla, un bivalvo muy cotizado en las cocinas de domicilios y restaurantes y que es el epicentro de una de las fiestas gastronómicas que esta pequeña localidad de apenas tres mil habitantes celebra a principios de cada mes de agosto.
En Aguiño los buceadores reclaman su derecho a contener las respiración como método de trabajo y estrategia para proteger un recurso escaso que se vende en su lonja cada día poco después del mediodía. 21 hombres y dos mujeres, una rara especie en el mundo de la gente del mar: bucean a pulmón y rechazan las presiones de Xunta y Gobierno central para hacerlo con aire dispensado desde las embarcaciones, como ya hacen otros compañeros que recogen el mismo recurso en otras zonas de la costa gallega.
Manuel Ángel Reiriz es el presidente de la agrupación de mariscadores de la Cofradía de Carreira-Aguiño. Como el resto de sus compañeros su jornada laboral está uniformada de neopreno, gafas, aletas y piezas de plomo que distribuye en chaleco y cinturón para garantizar una bajada más cómoda al fondo de arena donde esperan enterradas estas criaturas que responden al nombre científico de Ensis magnus. Reiriz explica que su apuesta por el buceo en apnea hace que su trabajo sea más complicado, pero más respetuoso con el medio ambiente: “Es más latoso, cuesta más, pero haces menos impacto biológico”, razona.
Durante los meses de verano los navalleiros de Aguiño bucean a poca profundidad, entre cuatro y seis metros, dependiendo de la marea. A eso le llaman faenar en “la seca”. En invierno la cosa se complica y estos “ranas”, como les llaman los guardias rurales que les acompañan en su jornada, se trasladan hasta los fondos de la Illa de Sálvora para recolectar lo mismo, pero a 12 metros de profundidad. La tradición de faenar buceando a pulmón tiene apenas unas décadas de vida, tal y como explica Reiriz: “Los chavales empezaron a hacerlo en la playa y la Xunta acabó regulando esa práctica como un arte de pesca más”.
A continuación, algunos números: cada kilo de navaja tiene un precio final de alrededor de 26 euros. En cada kilo entran 35 unidades de este preciado bivalvo. Para conseguir un kilo son necesarias una media de siete inmersiones de minuto y medio. Las cuentas dicen que cada pescador de navalla necesita 630 segundos sin respirar para obtener el primer kilo, y así hasta llegar al cupo establecido de 15 por embarcación. Dicho en otras palabras, por cada segundo sin aire los navalleiros pueden llegar a facturar 0,04 euros. A la cuenta hay que restar el gasto en gasolina, la letra de la planeadora, el motor y el remolque, además de otras facturas.
Bajo el agua nada se repite y cada día es nuevo: “En el mundo del mar ningún día es igual a otro, cambian las mareas, cambian las condiciones meteorológicas, cambia el estado físico y anímico”, asegura Manuel Ángel Reiriz. El presidente de este grupo de mariscadores también bucea para lo suyo y explica que el estado mental es fundamental cuando uno trabaja sin respirar y sometido a las corrientes y las inclemencias del Atlántico.
Pocos saben lo que sucede para que una ración de navajas llegue a nuestra mesa. Reiriz lo resume lacónicamente: “Cuando nos lo ponen en el plato lo comemos y listo”, pero detrás hay mucho más: “Hay un ser humano con ganas de seguir para delante y que esto tenga futuro. El mar es parte del futuro y tenemos que estar todos metidos. Hay que pensar en lo que nos dejaron los de antes y lo que le vamos a dejar a los que vengan”.
Cuando se terminan las cuatro horas en las que pueden ejercer su labor (entre las 09:00 y las 13:00) las planeadoras vuelven a tierra para descargar en la lonja. La de Aguiño cuenta con unas instalaciones que se están modernizando gracias a una subvención de la Deputación de A Coruña, que pretende mejorar las condiciones de climatización y un transporte isotérmico que cuide aún más el producto.
En la lonja, los vigilantes de la Cofradía comprueban que nadie se pase de su cupo y que las navajas tengan el tamaño mínimo legal para llegar a los mercados. Es un trabajo manual, pero mecánico en el que todos persiguen el mismo objetivo: obtener riqueza del mar y cuidarlo al mismo tiempo.
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