Nuevo asalto por el cambio de nombre del colegio Apóstolo Santiago: las familias buscan el voto de los ediles no adscritos
No se rinden. La Asociación de Madres y Padres de Alumnos (ANPA) del CEIP Apóstolo Santiago reafirma su compromiso de seguir adelante con el cambio de denominación del centro a 'CEIP da Almáciga', nombre del barrio compostelano en el que está ubicado el colegio. Su próximo paso será solicitar una reunión con el grupo de concejales no adscritos —ediles que fueron expulsados del PSOE— quienes, con su abstención en el pleno municipal, permitieron que el voto negativo del PP bloquease la iniciativa.
En un comunicado, el ANPA —que celebró el pasado día 18 su primera asamblea tras la sesión plenaria— recuerda que el nombre propuesto es el resultado de un proceso “extenso y riguroso” desarrollado a lo largo de dos cursos escolares y que recoge una iniciativa lanzada en 2019 por una directiva anterior. Ese proceso, en el que se implicó “a la comunidad educativa y al propio barrio”, culminó con la aprobación por unanimidad del Consello Escolar, el máximo órgano de representación de los centros públicos.
“Nos acompaña, por tanto, la legitimidad de un proceso democrático transparente y participativo construido desde la comunidad interesada”, aseguran antes de afirmar que “lejos de debilitarnos, lo sucedido en las últimas semanas refuerza nuestra unidad y determinación”, por lo que trabajarán “para se respete la voluntad colectiva expresada conclaridad”. Y eso empezará por solicitar una reunión con los cuatro concejales no adscritos “para conocer sus motivaciones y trasladarles la posición unánime de nuestra comunidad y el proceso democrático que lo sustenta”.
La propuesta del ANPA contó con el apoyo del equipo de gobierno local —formado por BNG y Compostela Aberta— y de los dos concejales que permanecen en el PSOE. El líder local del PP, Borja Verea, lideró la cruzada por mantener el nombre histórico. Encontró un filón en la iniciativa de la comunidad educativa para seguir culpando a la alcaldesa nacionalista de atacar los símbolos de la ciudad. Cuando, tras la sesión, las familias ya dejaban entrever que no arrojarían la toalla, les envió un recado: “Si empezamos a decir que los acuerdos adoptados por el pleno no valen cuando no nos gustan, estamos cuestionando el funcionamiento básico de las instituciones democráticas y sentando un precedente peligrosísimo”
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