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El ocio en la Compostela barroca: las piedras de Santiago conservan tableros de juegos grabados hace siglos

Uno de los tableros de juego que se pueden encontrar en las piedras de Santiago de Compostela.

Beatriz Muñoz

Santiago de Compostela —

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Casi dos centenares de tableros de juego grabados en la piedra están diseminados por la zona vieja compostelana. Son las marcas que quedan de una forma de entretenimiento y socialización de hace siglos. El colectivo A Rula, conformado por aficionados al arte rupestre, ha ido localizando y situando sobre el mapa estos juegos, que siguen siendo una realidad poco conocida para los propios vecinos de la ciudad. Les atribuyen a este tipo de grabados un origen medieval, aunque los que se conservan en Santiago, dicen en su página web, son de la época barroca.

La tipología habitual es la del tres en raya y las formas que se aprecian en las piedras –que forman parte del suelo, de escaleras o de bancos, sobre todo– son cuadrados de tres por tres cazoletas, es decir, hoyos circulares grabados en la roca. Este juego, señala el colectivo, llegó hasta el siglo XX en la ciudad y seguía siendo popular entre los jóvenes. En algunas ocasiones hay surcos que unen estas cazoletas o parte de ellas o que las rodean. A Rula indica en sus explicaciones que desconocen si estas líneas tenían “utilidad práctica para el desarrollo del juego o si se trataba solo de añadidos decorativos”.

Hay otros tableros en los que se aprecian simplemente tres cazoletas alineadas, que podrían ser diseños de otros juegos de los que en la actualidad se desconocen las reglas, agrega el colectivo, que incluye una tercera tipología: los reticulados, es decir, con forma de cuadrícula. Hay uno en el interior del convento de San Francisco que es el más completo del que se tiene constancia. Es una matriz de cinco por seis y en su página web incluyen una fotografía en la que se aprecia que se ha rellenado con cemento. El alto grado de erosión hace difícil en algunos casos establecer qué tipo de dibujos se hicieron en la piedra.

La historia de cómo este grupo de personas interesadas en el arte rupestre empezó a buscar por la zona vieja de Santiago estos juegos se remonta a hace casi una década. En agosto de 2015, cuentan ellos mismos, Lito Sande publicó en las redes sociales varios grabados que él y su hermana habían encontrado en la escalinata y el atrio del convento de Santa Clara. En los siguientes meses se fueron localizando varias decenas más, hasta los 167 que habían contabilizado cuando, en 2018, hicieron una primera publicación sobre estos elementos. Después incorporaron nuevos hallazgos.

Ángel Panero, arquitecto y director del programa del Consorcio de Santiago A pedra que pisas, que se encarga de reparar las losas de piedra en la zona vieja, confirma que se encuentran con este tipo de tableros en algunas de las piedras. Los canteros, dice, saben que estos elementos existen y que, si los localizan, han de avisar al Ayuntamiento. Hay otras señales que llevan siglos en las piedras: marcas de cantero o de que tuvieron otros usos en el pasado, como el de monteas –dibujos para hacer obras–.

Panero explica que, desde que funciona el programa, que empezó en 2007, han sido varios los hallazgos y señala que se conservan. La propia idea de base de A pedra que pisas es reutilizar las piedras, salvo que se encuentren muy deterioradas, indica. A través de un contrato público financiado con 165.000 euros al año, una empresa se encarga de ir reparando las piedras rotas o levantadas en el casco antiguo. Las tareas de sus trabajadores son una estampa habitual en Santiago. “Estamos desbordados. Las piedras de algunas zonas, que son donde aparcan los coches y camiones o donde maniobran, las cambiamos todos los años”, cuenta sobre los efectos del tráfico rodado en la zona vieja compostelana. A las calles empedradas acceden los coches particulares de los residentes, pero también taxis, camiones de reparto para los numerosos locales de hostelería y otros vehículos autorizados.

La época barroca en Santiago

El colectivo A Rula explica que la primera vez que analizaron uno de estos tableros –uno localizado en la capilla de Carme de Abaixo– lo consideraron de época medieval, aunque esa construcción era más tardía, del siglo XVIII. Pensaron que se podía tratar de una piedra reaprovechada. Después, sin embargo, descartaron esta posibilidad. “Resulta evidente que estos tableros no son un producto aislado de un tiempo determinado, sino más bien el resultado de un proceso dilatado en el tiempo e iniciado al menos en los tiempos de los tableros mejor conocidos de los períodos clásico y medieval. Pero consideramos que disponemos de datos suficientes para situar cronológicamente su elaboración desde finales del siglo XVII y, sobre todo, durante todo el siglo XVIII”, afirma en su web.

Apuntan al periodo barroco porque fue cuando se acometió la pavimentación de las plazas y calles y se construyeron o reedificaron los complejos arquitectónicos religiosos de más importancia. Este uso de la piedra en esta etapa, dicen, fue lo que permitió que se conservase hasta la actualidad esta manifestación popular, testigo de una forma de ocio de aquella época, en “una especie de fosilización en la piedra de una actividad más de la vida cotidiana de los habitantes de Compostela”. Creen que antes se dibujarían estos elementos con tiza o teja en soportes que no se conservaron, tal vez “directamente en el suelo, sobre tierra batida”. Así, sostienen que se puede tomar como referencia para datarlos la fecha de construcción de los espacios en los que se suelen encontrar. La gran mayoría son de entre los siglos XVII y XVIII.

En los lugares de encuentro social

También aportan su interpretación sobre cuándo dejaron de hacerse estos grabados en las piedras de Santiago. Con las ideas de la Ilustración hubo “una revolución en la gestión urbana” y una nueva forma de moral pública, salubridad e higiene. A finales del siglo XVIII estas nuevas normas se empiezan a aplicar en la ciudad y consideran que eso afectó a la costumbre popular del juego en los espacios públicos. “Todo apunta a que los tableros se dejan de grabar a comienzos del siglo XIX”, concluyen. En cuanto a los lugares en los que se han encontrado, el colectivo A Rula destaca que aparecen en zonas cercanas a las entradas de iglesias, donde se concentrarían los fieles a la entrada y salida de los cultos. Estos lugares, sugieren, funcionaban también como “mentideros” a los que los habitantes de la ciudad acudían en busca de información. Es decir, se localizan en zonas en las que se congregaban los vecinos.

La agrupación destaca que el fenómeno es propio de Compostela y que, por el momento, no conocen un equivalente en otro lugar de Galicia. Reflexionan también sobre lo desconocidos que son estos tableros tanto para residentes como visitantes de la ciudad, incluso con la atención recibida desde que en 1985 Santiago fuese declarada Patrimonio de la Humanidad. De hecho, avisan de que este desconocimiento “es el principal peligro que puede impedir garantiza su conservación”.

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