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Feijóo anuncia por segunda vez en diez días otra obra que ya prometió como conselleiro de Fraga tras el 'Prestige' en 2003

Feijóo en la inauguración en 2014 del único tramo en servicio del corredor del Baixo Miño, infraestructura prometida en 2003 y que ahora la Xunta retoma

David Reinero

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El Gobierno gallego autorizó el jueves 26 de diciembre la licitación por 21 millones de euros del enlace inicial y un pequeño tramo del corredor del Baixo Miño, una carretera de altas prestaciones pero de un solo carril por sentido prometida por Feijóo cuando era conselleiro de Manuel Fraga en el marco del Plan Galicia de la Xunta publicitado en 2003 tras el hundimiento del Prestige. Este es el segundo anuncio en apenas diez días realizado por el propio presidente de una actuación ya comprometida hace casi 17 años, después de que el martes de la semana anterior hiciese lo mismo, ante los alcaldes de la zona, con el arreglo de la carretera que comunica el suroeste de la provincia de Ourense con Portugal, también incluida en aquel Plan Galicia.

La denominada Vía de Alta Capacidad (VAC) Tui-A Guarda comenzó a ser diseñada en 2003 como alternativa a la carretera autonómica convencional paralela al último tramo del río Miño por la que hoy circulan cerca de 15.000 vehículos al día. Pero década y media después, de los 25 kilómetros que iba a tener solo están en servicio, desde julio de 2014 y tras la inversión de unos 60 millones de euros, los 10,2 kilómetros finales, entre A Guarda y Goián, en el ayuntamiento de Tomiño, en las cercanías del puente internacional que conecta con la portuguesa Vila Nova de Cerveira. También se iniciaron las obras en el otro extremo de la vía, en sus 3,9 kilómetros iniciales en las cercanías de Tui, con unos 28 millones de euros de presupuesto, pero a comienzos de esta década los trabajos quedaron a medias al tiempo que la Xunta argumentaba que con la crisis no tenía dinero para acometer toda la nueva infraestructura.

Es en ese primer tramo donde ahora la Xunta licitará obras por 21 millones de euros para conectarlo con la estatal A-55 Vigo-Portugal a través de una rotonda elevada de la que partirán tanto el tronco principal del primer tramo del corredor autonómico como un enlace con las carreteras convencionales y un polígono empresarial de la zona. En rueda de prensa tras la reunión de su Gobierno Feijóo definió la obra como “un trazado complejísimo, de una enorme complejidad técnica, estamos hablando de una rotonda en altura” y la presentó como un “avance en la cohesión territorial de Galicia”.

Pero el Gobierno gallego aún tiene pendiente de definir el trazado del corredor en su tramo intermedio, entre el que ahora se impulsa y el ya inaugurado en 2014. En esos diez kilómetros, aparcados desde hace años, la presencia del río Miño y de la carretera convencional actual con sus márgenes muy urbanizados solo deja dos posibilidades para la nueva infraestructura. O entre las viviendas y el monte, donde afectaría a importantes espacios agrícolas y viñedos de la denominación de origen Rías Baixas en la subzona de O Rosal, o entre las viviendas y el río, con impacto ambiental y efecto barrera.

Uno y otro trazado recibieron sucesivas protestas de uno y otro vecindario afectado que reclamaban que la nueva carretera vaya “por el río” o “por el monte” en función de los intereses de cada bando. Hasta el momento la Xunta solo ha sido capaz de encontrar solución para dos de esos kilómetros, propuesta presentada el pasado julio pero aún pendiente de llevarse a la práctica. Consiste en renunciar a ejecutar en esa zona la nueva infraestructura y, por el contrario, transformar la carretera convencional actual en lo que denomina “autovía urbana”, añadiéndole un carril por sentido y colocando una rotonda en la mitad de sus dos kilómetros de longitud.

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