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En este espacio se asoman historias y testimonios sobre cómo se vive la crisis del coronavirus, tanto en casa como en el trabajo. Si tienes algo que compartir, escríbenos a historiasdelcoronavirus@eldiario.es.

Un final de cuatrimestre desastroso para los universitarios

Martin Irizar dando una de sus clases de apoyo que realiza durante el confinamiento

Pedro (nombre ficticio)

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Soy alumno de una carrera científico-técnica de la Universidad Pública Vasca (UPV/EHU), que además actúa de delegado de clase. Con esta situación me he mantenido en contacto continuo tanto con mis compañeros, como con los profesores que nos imparten clases, y he tenido ocasión de hacerme a la idea del sentir general de los mismos.

Decir pues, que la situación es casi delirante, por varios motivos. Desde que se procedió con la suspensión de las clases y se declaró el estado de excepción, estamos recibiendo educación telemática en la mayoría de asignaturas, pero la calidad de la misma deja mucho que desear. Desde la deficiencia del material utilizado, que en alguna asignatura no cuenta ni con una serie de diapositivas, reduciéndose a unos apuntes ilegibles a mano y escaneados hasta problemas tan banales como un micrófono de mala calidad, dificultan enormemente esta tarea. La situación ha pillado a todos desprevenidos y los profesores no han tenido tiempo de adaptar de una manera medianamente adecuada las asignaturas a este formato. Si a esto le sumas los problemas de concentración, conexión, o medios tecnológicos que cada uno pueda tener en casa hace que el ritmo de trabajo haya bajado enormemente en la mayoría de alumnos.

Y todo lo anterior, suponiendo que se ha continuado con las clases, en muchas asignaturas de varias carreras los profesores apenas dan señales de vida. Se han limitado a pasarnos unos apuntes de los que estudiar, como si fuéramos autodidactas y estuviésemos en la universidad solo por hacer amigos o algo. Por supuesto, las prácticas de diversas asignaturas han quedado suspendidas, y no se nos ha dado ninguna garantía de que las podremos realizar posteriormente, como nuestra formación requiere. Y cabe destacar que, con todo lo anterior, algunos profesores o no graban sus clases, para que los que no hayan podido las vean mas tarde, o no nos dan más material de ejercicios resueltos, o similares, aunque se lo hayamos pedido expresamente.

Así pues, no es descabellado pensar que este final de cuatrimestre ha sido fallido para muchísimos alumnos, por más que la universidad y las instituciones se nieguen a reconocerlo. Tengo constancia de que muchos de mis compañeros están sufriendo de problemas emocionales o psicológicos derivados de la situación, y particularmente de la presión e incertidumbre que sienten por los estudios. Es imposible que en esta situación alguien que tenga que compartir un solo ordenador con sus hermanos o sus padres que teletrabajen pueda seguir las clases.

Y ante todo esto, lo mas grave es que el único aval que tenemos de que se nos evaluara con proporcionalidad a la situación es la palabra de algunos profesores. O ni eso. Mucho ha dicho el rectorado, o incluso el ministro, de que se nos ha de evaluar con generosidad, pero escudándose en la libertad de cátedra se han negado a tomar medidas concretas, dejando toda la evaluación y el formato de la misma en manos de los profesores. Se ha recomendado activamente la evaluación continua, pero en las asignaturas que no la tenían de antes los profesores no han hecho ningún esfuerzo por adaptarla.

Se ha recomendado especialmente que no se hagan exámenes del tipo test, y muchos profesores han optado precisamente por ese formato, con la impersonalidad que implica. Todo esto, por supuesto, lo han decidido de manera unilateral, sin consultar en ningún momento a los alumnos por nuestras preferencias. Y aunque se las hemos trasladado por iniciativa propia, en la mayoría de los casos han hecho caso omiso. Así que la única garantía que tenemos de una evaluación justa es su humanidad y su compasión.

Por todo esto, los alumnos nos sentimos totalmente frustrados. Las instituciones educativas intentan presentar una imagen de adaptación y normalidad en la enseñanza, y nos trasladan palabras bonitas. Pero no reflejan ni afrontan adecuadamente la realidad. El ministro Castells afirmó que estaban trabajando en que los alumnos pudiésemos renunciar a ser examinados, sin perjuicio para nuestra economía, antes de decidir ser evaluados. Falta una semana para el inicio de los exámenes y no tenemos noticia de ello. Tampoco tenemos la tranquilidad de saber que un desastre en los exámenes no nos dejará sin beca el año que viene. O que no tendremos que pagar segundas matrículas por esta situación.

Por ultimo, estamos viendo como por fortuna estamos consiguiendo que la crisis sanitaria remita. Pero en esta desescalada los alumnos presenciamos impotentes como se puede empezar a ir al bar, a un hotel, o a casa de un amigo, pero nosotros no podemos desplazarnos a por el material educativo que muchos dejamos en nuestras casas o residencias de estudiantes. Aun cuando la mayoría de estos desplazamientos se podrían hacer sin contacto con nadie y nos permitirían recoger apuntes, portátiles o libros que nos son necesarios en estos momentos, todavía no se ha articulado tal posibilidad, dejándonos a muchos desamparados, y sin saber muy bien qué es lo que lo impide. Creo que es un tema importante, que afecta a muchas familias, y al que no se esta dando la importancia que se merece.

Un alumno disgustado

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Publicado el
24 de mayo de 2020 - 21:44 h

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