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El próximo gran descubrimiento de la ciencia podría hacerlo un aficionado

La NASA pide a aficionados de todo el mundo que manden fotos del cielo para investigar las nubes

José Manuel Blanco

Hace unos años, la centralita del Instituto de Ciencias del Mar de Barcelona comenzó a recibir más llamadas de lo habitual. Eran personas que llamaban para preguntar por medusas que se habían encontrado en las playas o por peces que habían dejado de aparecer por lugares que frecuentaban. Si algún investigador sabía la respuesta o podía ayudar, le derivaban la llamada. Pero ¿y si no? Quizá ahí había una nueva línea de investigación, para explicar por qué había más medusas en la arena o por qué un pez endémico estaba desapareciendo. Y los bañistas podían ayudar a descubrirlo.

La ciencia ciudadana es aquella que se desarrolla con ayuda de hijos de vecino, con conocimientos científicos o sin ellos pero con ganas de contribuir al desarrollo. Recopilan datos que luego sirven a los investigadores para el trabajo de campo, pero también pueden ayudar en la formulación de nuevas hipótesis. Uno de los ejemplos más conocidos es el de los Hanny’s Voorwerp, unos objetos astronómicos gaseosos que reciben su nombre de la aficionada neerlandesa Hanny Van Arkel, que observó estas formaciones pero no supo clasificarlas y pidió que se investigaran.

La propia NASA tiene proyectos en los que implica a internautas de a pie. El GLOBE Observer es una extensión del GLOBE, una iniciativa con más de 20 años que entrena a los maestros del país para recoger datos de la naturaleza con sus alumnos. Ahora, Observer aumenta su acción a personas de fuera del ámbito educativo, pero interesados en obtener datos como ciudadanos científicos, según explica su coordinadora, Kristen Weaver, a HojaDeRouter.com“Están en lugares en los que los científicos de la NASA no están, recogen datos que nunca obtendríamos de otra manera”.

En la actualidad, estos particulares científicos aportan datos sobre nubes y sobre hábitats de mosquitos. Para las nubes, los observadores dan información sobre la cantidad del cielo cubierto por ellas, los tipos visibles, las condiciones del cielo y de la superficie, junto a fotos del paisaje. Con los mosquitos, buscan lugares donde se pueden estar criando y les dicen qué tipo de hábitat es. Además, el equipo está planeando una observación especial del eclipse solar que tendrá lugar el próximo 21 de agosto, sin descartar nuevos proyectos en colaboración con los científicos de la NASA.

En España, la Fundación IberCivis se encarga desde 2011 de promover los proyectos de ciencia ciudadana, tanto creando los suyos propios como ayudando a desarrollar los de otras instituciones, tal y como explica a HojaDeRouter.com Fermín Serrano, su director ejecutivo. Uno de ellos es Ciencia Ciudadana, que recoge todas las iniciativas que tienen lugar en nuestro país. También son los promotores de Vigilantes del Cierzo, que se desarrolla en Zaragoza.

El cierzo es un viento fuerte que los zaragozanos conocen muy bien. El objetivo de la iniciativa es estudiar la calidad del aire en la capital aragonesa y la presencia de partículas contaminantes mediante unas particulares estaciones ambientales.

Así, se distribuyeron 1.000 macetas por toda la ciudad, la mitad entre colegios e institutos, otras 60 en un barrio céntrico y las 440 restantes entre aquellos que quisieran llevárselas a casa. Al cabo de tres meses, los científicos ciudadanos les mandaron hojas de esas plantas con una ficha en la que se especificaba la altura a la que se había instalado la maceta y si había estado protegida por algún elemento que influyera en el paso del viento.

“De 1000 macetas nos llegaron 265 cartas con varias hojitas por punto”, explica Serrano. “Ahora estamos trabajando para aplicar distintas técnicas de laboratorio a las hojas para detectar la concentración de materiales metálicos que se han depositado y también para comprobar otros aspectos meteorológicos”. Mientras esas conclusiones llegan, el proyecto ha servido “para acercar la ciencia ciudadana a públicos no habituales simplemente usando plantas como sensores, en vez de necesitar tecnología que para muchas personas es inaccesible”.

Observatorios centinela

Mientras tanto, más de 1400 personas vigilan la cuenca mediterránea. Observadores del mar nace en 2012 de “una necesidad ciudadana”, cuenta a HojaDeRouter.com la investigadora del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (IMEDEA) de Baleares Laura Royo: la de aquellas personas curiosas que llamaban al Instituto de Ciencias del Mar de Barcelona y a las que había que ofrecer respuestas.

En esta plataforma ciudadana hay varios proyectos: corales, aves marinas, crustáceos decápodos (cangrejos, langostas…), medusas, peces mediterráneos... Para colaborar, el ciudadano solo se tiene que registrar en su página web y comenzar a subir observaciones, con fotos e información sobre coordenadas o fechas de captura, así como responder a unas preguntas adicionales que dependen de cada investigación.

“Todas las observaciones que suben los ciudadanos están validadas por el equipo científico que hay detrás del proyecto”, cuenta Royo, y así se convierte en dato científico útil. Ya hay más de 7.200 apuntes de más de 1400 contribuidores en toda la cuenca mediterránea, unos números que aumentan cada día, sobre todo en verano.

A esto se suma desde 2016 una red de observatorios centinela por toda España. “Son centros de buceo, clubes, asociaciones, institutos de investigación que hacen de contacto entre la plataforma y el territorio y sus observadores locales”, explica Rayo. “Ellos ofrecen charlas, talleres a su gente para tener un contacto más directo”.

Si la observación no encaja en ningún proyecto, se puede enviar al correo electrónico general de Observadores. Fue así como en octubre de 2016 los científicos comenzaron a estudiar a un molusco del Mediterráneo: la gente contactaba con ellos porque comenzaban a encontrarse muchas más nacras muertas. La nacra es uno de los moluscos más grandes del mundo, ya que puede llegar a medir 120 centímetros. En Observadores contactaron con profesionales del tema y abrieron un nuevo proyecto para investigarlo.

Guillem Mercadal tiene 58 años y trabaja como funcionario en Menorca. En sus tardes libres, hace fotos y vídeos para Observadores del Mar gracias a su pasión por el buceo, que lleva practicando desde su adolescencia. Hace tiempo era cazador submarino, y hace más de una década se dio cuenta de la progresiva desaparición de algunas especies. Veía cosas que le alarmaban y que le llevaron a formar parte de acciones ecologistas. “Decidí dejar ya de pescar y dedicarme solamente a la observación, pasear y hacer fotografías submarinas”, cuenta a HojaDeeRouter.com

Mercadal envía fotos y vídeos con coordenadas del sitio exacto donde ha tomado las imágenes. Él vive en Binnisafúller, en el sur de la isla, y el material que ha mandado ha servido para reflejar la progresiva desaparición de la nacra en la zona. “Es necesaria la concienciación, porque si no vamos al colapso y al desastre”.

Gracias a la participación ciudadana, los investigadores han podido actualizar el mapa de algas invasoras del Mediterráneo, así como descubrir peces también invasores. “La ciencia no tiene proyectos específicos para todo”, recuerda Royo. “Tener muchos ojos en distintos sitios nos ha servido un montón”

En busca de asteroides

El Observatorio Virtual Español nació en el año 2004, siguiendo la estela de observatorios virtuales internacionales que habían nacido en el año 2000. “Lo que pretende es que se pueda acceder a la enorme cantidad de datos que hay en los archivos astronómicos de manera fácil y eficiente, en principio por la comunidad científica y en última instancia por cualquier persona. ”Un poco sería como el 'big data' en astronomía“, cuenta a HojadeRouter.com Enrique Solano, investigador principal del proyecto.

En 2011 comenzó su proyecto de ciencia ciudadana, que consistía en la identificación de asteroides potencialmente peligrosos para el planeta Tierra. Una vez localizado el asteroide, gracias a las fotografías anteriores que hay en la base del Observatorio Virtual Español, el científico ciudadano ha de medir sus coordenadas y mandarlas al equipo. Este se encarga de enviarlas al Centro de Planetas Menores, en Estados Unidos, que las utiliza para recalcular las órbitas de los asteroides cercanos a nuestro hogar.

Más de 4.000 personas han colaborado con el sistema, y eso ha permitido mejorar la descripción de la órbita de hasta 1000 asteroides, cuenta Solano, saber de qué están compuestos y si alguno de ellos podría impactar con la Tierra en las próximas décadas (“que ya te digo que no”). El proyecto ha sido “un excelente puente entre la sociedad en general y la comunidad astronómica”, resume el investigador. Los científicos ciudadanos aparecen como coautores de las investigaciones que se distribuyen en publicaciones como la del Centro de Planetas Menores.

Aparte de los mencionados, son muchos más los proyectos para implicar a los españoles en la investigación científica, también en el ámbito de las ciencias sociales, como un recopilatorio de cadáveres inmobiliarioscadáveres inmobiliarios que se nutre de las fotos de vecinos. Incluso, para ayudar a eliminar la avispa asiática, una especie invasora de cuyos nidos o ejemplares podemos avisar y, así, contribuir a la investigación.

“Todo aquí pasa mucho por la pasión”, dice Royo. “Por la pasión y por las ganas que tiene la gente de colaborar y contribuir con la ciencia”. Weaver también habla de cómo las personas cambian enviando sus datos: “La ciencia ciudadana también se trata de conocimiento y conciencia. Una persona que está haciendo observaciones científicas presta más atención a los cambios en las nubes durante el día o a contenedores de agua”. Gracias a las nuevas tecnologías, o con poner simplemente una maceta en la terraza de casa, muchos contribuyen al progreso.

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Las imágenes son propiedad, por orden de aparición, de GLOBE Observer (1, 2) y Enric Badosa | Observadores del Mar (3).

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