Lo que el MP3 se llevó... ¿qué ha sido de los míticos politonos?

Los politonos venían codificados en mensajes de texto que los teléfonos interpretaban

¿Te acuerdas de aquello de “envía politono al 5555”? El anuncio solía aparecer en mitad de muchos programas de televisión de principios de siglo. El famoso mensaje, muchas veces recitado por los propios presentadores, anunciaba un sonido que podías descargarte en el móvil después de mandar un mensaje de texto al número indicado. Por supuesto, el envío no era gratuito. Los había de todo tipo: desde la canción del verano hasta un ‘despertador loco’ o una folclórica cantando una saeta con tu nombre.

Así nació el inconfundible sonido de los mensajes del iPhone (ocho años antes que el teléfono)

Así nació el inconfundible sonido de los mensajes del iPhone (ocho años antes que el teléfono)

“Las melodías polifónicas nacieron a finales de 1999 en Japón”, explica a HojaDeRouter.com Sumantha Gopinath, autor del libro ‘La dialéctica del tono de llamada: repercusiones en la economía y la cultura’. Según el profesor de teoría de la música de la Universidad de Minnesota, su éxito se debió en parte a sus predecesores: los tonos monofónicos (sonidos sencillos como los del Nokia 3210 o 3310). Pero también a la combinación de varios factores: “la creciente popularidad de los móviles en general, la posibilidad de tener en tu terminal melodías personalizadas y el papel que jugaron muchos entusiastas de la tecnología en su desarrollo”. Gopinath cita entonces a Vesa-Matti Paananen, un finlandés que forma parte de este grupo de fanáticos.

“Volvamos por un momento a 1997”, nos pide Paananen. Cuando la memoria era una de las partes más caras del ‘hardware’ de un terminal, Nokia fue el primer fabricante en reservar un pequeño espacio (160 bytes) para melodías descargables. “Tenían un formato binario que usaban para codificar notas simples en mensajes de texto, que luego los móviles interpretaban y ‘voilà’, el usuario tenía un tono monofónico”. La marca nórdica fue pionera también en añadir unos auriculares como accesorios.

Un día, mientras sufría una dura resaca, el teléfono del informático comenzó a sonar con el famoso ‘Nokia Tune’ (que, por cierto, es una versión de un tema del guitarrista español Francisco Tárrega). Se le ocurrió entonces que lo que de verdad quería era escuchar la canción ‘Jump’ de los rockeros estadounidenses Van Halen.

Después de darle vueltas durante unas horas, se dio cuenta de que, como él, mucha gente desearía tener en el móvil a sus grupos favoritos. Eran los comienzos de lo que acabaría por convertirse en una epidemia polifónica.

Servicio de canciones a domicilio

“Todavía no existía ningún compositor de melodías, así que mi equipo en Yomi Media pensamos en diseñar un sistema que permitiera crearlas, gestionarlas y enviarlas”, prosigue el finlandés, que ahora trabaja para Microsoft. Se encontraron, sin embargo, con muchas reticencias. “Nos decían que nadie iba a pagar para comprar un tono de llamada”, asegura. A pesar de las barreras, se pusieron manos a la obra y crearon Harmonium.

“El compositor estaba basado en lenguaje Java y se ubicaba en una página web”, continúa Paananen. Antes de llegar a la polifonía, el finlandés y su equipo ideaban los tonos monofónicos ellos mismos. “Crear una melodía tan simple era como hacer una obra de arte. Es muy difícil que algo suene bien a base de ‘beeps”.

Después, se dedicaron a investigar lo que se estaba haciendo en Nokia. “No querían desvelarnos el formato en que fabricaban sus sonidos, así que tuvimos que averiguarlo por nuestra cuenta”, dice.

Adaptaron el método del fabricante a su propio sistema. Las melodías se guardaban en una biblioteca virtual alojada en un servidor que se conectaba a su vez al centro de mensajes cortos de un operador. Si un cliente enviaba el código para un sonido determinado en un SMS (los que se pedían con “Envía politono X al…”) el sistema le devolvía la canción solicitada. Y su precio se cargaba en la factura telefónica. “Desde el primer momento quise que todos se llevaran su parte: de la cantidad cargada a los usuarios finales se pagarían las royalties a los artistas y a las empresas proveedoras de los tonos”.

Pero las autoridades que regulaban los derechos de los músicos no habían definido todavía el precio de una melodía de llamada. “Tuve que negociar con ellas cuánto valían 160 bytes y quedamos en que serían unos 15 céntimos, lo mismo que un ‘single’ en CD”, explica Panaanen. Luego habló con las operadoras para convencerles de que era buena idea. Y vaya si lo fue.

“Un tono es un 'meme', algo cultural”. Como los ‘memes’ de internet modernos, el fenómeno se hizo viral. Cuando la gente escuchaba aquellas canciones saliendo de algunos teléfonos preguntaban a sus dueños de dónde las habían sacado. “No son útiles, pero molan, y les gustan a la gente”. El resto, asegura el finlandés, “es historia”.

El momento de la extinción

Todo iba viento en popa hasta que el aire cambió de rumbo. Con la llegada del MP3 a los teléfonos, cada vez más inteligentes, el negocio dejó de ser rentable y las empresas que hasta entonces se habían forrado con las cancioncillas (en España estaban Movilisto, Blinko, Jamba y Club Zed, entre otras) abandonaron la actividad dejando solo humo. Esas señoras que integraban el público de los magacines vespertinos no pudieron volver a aplaudir al ritmo de las sonatas más bailables de la temporada.

“La proliferación de los ‘smartphones’ en 2007, gracias en parte a los iPhone de Apple, fomentó el uso de los archivos de audio como melodías de llamada”, explica Gopinath.

Pero aún quedan resquicios de aquellas melodías. “En los colectivos sociales con menor poder adquisitivo y los países en vías de desarrollo aún son abundantes, junto con los antiguos teléfonos”, asegura. El escritor cree que su uso depende del estatus socioeconómico de cada persona, más que de la economía de una nación, aunque “hay un amplio mercado de tecnologías antiguas en muchas partes del mundo como India, donde la diferencia entre ricos y pobres es abismal”. Si buscas en internet tonos para ese territorio asiático, te encontrarás con numerosas páginas donde descargar canciones de Bollywood como melodías de llamada.

Y luego están los que se dejan llevar por la nostalgia. “Yo tengo un teléfono que utiliza tonos polifónicos y mucha gente aún prefiere los viejos terminales”, admite Gopinath. Todos los que conserven un móvil un poco menos inteligente de lo que ya es habitual, estarán guardando también algunas reliquias musicales. Aunque hasta en los teléfonos más modernos pueden encontrarse. “Mucha gente utiliza en su móvil sonidos como los polifónicos o monofónicos de entonces grabados en MP3”, dice el profesor de la universidad estadounidense.

Los primeros politonos estaban en formato MIDI (del inglés ‘Musical Instrument Digital Interface’), al igual que la música de los videojuegos para ordenador de los 90. “El problema es que los ficheros no contienen las muestras de audio en sí, solo las notas, por lo que el resultado varía dependiendo de los sonidos que traiga por defecto el dispositivo reproductor”, explica Asier Oreitia, compositor de música electrónica. Aunque todas las canciones se convertían en una secuencia bastante armoniosa de ‘beeps’, tenían cierto grado de complejidad: podían escucharse hasta 127 instrumentos y varias notas a la vez.

El idioma de los instrumentos electrónicos

“El MIDI se creó como un lenguaje de comunicación entre varios dispositivos electrónicos”, explica Duncan Williams, investigador en el Centro de Investigación en Música e Informática de la Universidad de Plymouth (Reino Unido). Es un protocolo estándar que continúa utilizándose en estudios y escenarios siempre que un ordenador o secuenciador tenga que comunicarse con los instrumentos electrónicos. “Después, se desarrolló como formato”, prosigue Williams.

“Nosotros utilizamos MIDI para almacenar los sonidos que obtenemos en las investigaciones sobre inteligencia artificial, como las del proyecto ‘Brain-Computer Music Interface for Monitoring and Inducing Affective States’, porque es un formato fácil de analizar”, explica el científico.

Hasta finales de los 90 se utilizaba, aparte de en videojuegos, en la música de karaokes y orquestas. Aunque el lenguaje de comunicación continúa siendo indispensable, “el formato .mid ya casi no se usa”, afirma Oreitia. No obstante, aún hay algunos profesionales que lo aplican en sus composiciones para conseguir un sonido más 'retro', pero los archivos suelen exportarse luego en otros formatos más completos, como el MP3 o el WAV. “Somos muchos los músicos que seguimos utilizando ese sonido sencillo con pitidos para videojuegos o competiciones determinadas”, continúa el compositor.

“Los tonos expresan la identidad de cada individuo, desde su clase social a su edad, nacionalidad, raza o género”, indica Gopinath. Según el escritor e investigador, también existe un efecto global de las melodías de llamada más actuales, como el ‘Nokia Tune’ o el ‘Marimba’ de Apple. “Han llegado a convertirse en sonidos tan familiares que ya aparecen en programas de televisión, películas o composiciones musicales”, añade. Un ejemplo es el ‘Valse Irritation d'après Nokia’ del pianista francés Marc-André Hamelin, en el que incluye las famosas notas del fabricante.

En teoría, hoy resulta mucho más sencillo - y, sobre todo, barato (es gratis) - cambiar la música que te alerta de una llamada. Si quieres poner tu canción favorita, o el pedazo de ella que admita tu móvil, solo tienes que descargártela y conseguir una de las numerosas aplicaciones para cortar el fragmento elegido. Si prefieres componer tu propia melodía, de nuevo la solución es una 'app'. También pueden cambiarse los sonidos de las diferentes alertas, como las de WhatsApp. Sin embargo, lo que más se escucha en el metro son silbiditos y los típicos tonos que incluyen los móviles por defecto. Además de los politonos, ¿se llevó el MP3 nuestras ganas de innovar en esto de las melodías?

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Las imágenes de este reportaje son propiedad, por orden de aparición, de YouTube, Alper Çuğun, Adam Russell, Gerald Moore

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