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Space Ibiza: la 'closing party' que provocó la guerra de las discotecas

Pepe Roselló y Abel Matutes mantienen una histórica disputa por la marca Space.

Pablo Sierra del Sol / Marcelo Sastre

Ibiza —
1 de octubre de 2026 22:05 h

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–¿Quieres decir algo, verdad?

–Vuestras emociones y nuestro amor y nuestra amistad quedan aquí selladas y firmadas para siempre, queridos amigos. Gracias a todos, gracias.

Son las doce del mediodía del lunes 3 de octubre de 2016. Ante las cámaras que los rodean, Carl Cox le pasa el micrófono a Pepe Roselló. Después de las palabras del jefe, el DJ pincha un remix a ritmo de R&B: Wish I Didn't Miss You, ojalá no te extrañara. La voz de la estadounidense Angie Stones derrama lágrimas durante el último baile. Los miles de personas que aguantan de pie frente a la mesa de mezclas saben que no es un closing party al uso, un “ya nos reencontraremos el próximo verano”, sino el cierre definitivo del club de electrónica al que la revista DJ Mag premió siete veces con el título de mejor discoteca del mundo. Atrás quedan veinte horas de fiesta. Millones de beats y alguna catarsis. Como cuando el coro de góspel de Can Blau –una escuela de música de la isla– entone el Imagine. Space Ibiza se va para siempre.

Los versos pacifistas de John Lennon y Yoko Ono no evitaron que ardiera Troya. El mismo fin de semana en el que el Comité Federal del PSOE echaba de la secretaría general a Pedro Sánchez, en Eivissa estallaba una guerra que va camino de durar más que la Iliada y la Odisea. Juntas. Diez años después aún no ha terminado, quizás porque llevaba casi una década larvándose. A un lado, la familia Matutes –la propietaria de la discoteca. Al otro, el empresario Roselló –el promotor que llevaba veintisiete años alquilándola. En medio, la marca Space. ¿Quién puede utilizarla? El Juzgado Mercantil número 1 de Valencia sentenció el 28 de junio de 2024 que Space Ibiza, el nombre que Roselló había registrado en 2008, podía generar “una confusión de carácter nominativo y gráfico” con Space Ibiza Dance. Esa fue la fórmula con la que Fiesta Hotels & Resorts –el antiguo nombre de la hotelera fundada por la saga más poderosa de Eivissa, reconvertida en Palladium Hotel Group– había acudido al registro allá por 1991. En 2019, de hecho, la Audiencia Provincial de las Illes Balears había ordenado a Space Beach Club SA –empresa creada por Roselló en 1989– a transferir el uso de la marca Space Ibiza Dance a sus propietarios.

El histórico empresario Pepe Rosselló registró la marca Space Ibiza, pero la Justicia determinó que podría generar confusión con otra marca registrada anteriormente por la poderosa familia Matutes

Terminaba un litigio que se había fundido con otro proceso que sigue vivo. En diciembre de 2020, el Grupo de Empresas Matutes presentó una querella contra su antiguo inquilino. La reclamación ronda los dos millones de euros y está apoyada en una auditoría externa de Deloitte. La consultora revisó los números que arrojaron las dos últimas temporadas que Roselló explotó la discoteca. Según los demandantes, los informes presentados en el Juzgado número 4 de Instrucción de Eivissa, demuestran que el arrendatario incumplió supuestamente el contrato. En beneficio propio.

La última noche de la discoteca fue uno de los motivos centrales de la entrevista con Pepe Roselló: en la fotografía que cuelga de la pared, Carl Cox pincha durante el cierre de Space Ibiza

Las dos partes siguen a la espera de una fecha para celebrar el juicio, indica un portavoz del conglomerado de sociedades que preside Abel Matutes Juan –alcalde de Eivissa durante la dictadura franquista; comisario europeo en los tiempos de Alianza Popular; ministro de Exteriores en el primer Gobierno Aznar; enemigo acérrimo de Pepe Roselló. Ambos se han lanzado pullas en los medios de comunicación locales.

“No quiero citar nombres, pero la persona que impulsa la competencia entre el ocio nocturno y diurno es alguien que cuando estaba en activo se presumía de incumplir todas las leyes que existían”: fruto de estas declaraciones realizadas por el antiguo político en la Televisió d’Eivissa i Formentera, en mayo de 2021 se celebró un acto de conciliación. Roselló acudió en compañía de su abogado y cubierto por una mascarilla –la covid amenazaba–, pero Matutes le dio plantón. Desde su holding no han querido hacer declaraciones para este reportaje. El hombre que apagó la luz de Space, Pepe Rosselló, sí se ha sentado con elDiario.es para conversar sobre la historia de la discoteca. La entrevista ha sido larga: más de una hora y media.

Abel Matutes Juan acusó a Pepe Rosselló de incumplir la ley cuando estaba en activo, motivo por el cual está pendiente de juicio

En el despacho de Pepe Roselló

Josep Roselló Prats observa el mar gris de la Badia de Portmany. Acaba de caer una tormenta. Las paredes de un despacho sin ordenador –ni de sobremesa ni portátil– están llenas de marcos. Son los carteles de las fiestas que se celebraron Space Ibiza, la discoteca que murió a la edad de Robert Johnson, Brian Jones, Jimi Hendrix, Janis Joplin, Jim Morrison, Kurt Cobain, Amy Winehouse. Junto a los carteles, fotos del empresario y amigos, recortes de prensa, un diploma de profesor mercantil firmado por Juan Carlos I y un fragmento –en italiano– de los diálogos de Platón.

Pepe Roselló posa en su despacho para elDiario.es

En esa habitación pasa las mañanas un hombre que cuenta las horas para celebrar su cumpleaños. Unos días más tarde, rodeado de personas de diferentes generaciones festejará nueve décadas de vida: nació el día que terminó el verano en que estalló la Guerra Civil española. La figura de este veterano de la noche –no tiene planes de retirarse– que se enamoró de la música escuchando a su madre tocar el piano en la casa familiar y que, huérfano de padre, pasó por internados mallorquines y murcianos antes de regresar a Sant Antoni, su pueblo, justo antes del boom turístico, ya resulta interesante por todo lo que hizo antes de ponerse a los mandos del club que le dio fama internacional.

Entre otras cosas, Pepe Roselló se disputa el mérito con Ricardo Urgell, creador de Pacha, de abrir la primera discoteca que hubo en Eivissa. Es decir, el primer garito donde en vez de una banda o un solista tocando canciones en directo había un pinchadiscos colocando la aguja sobre el vinilo. La del ibicenco se llamó Capri. Más conocida como Playboy fue un meeting point para la jet set que visitaba la isla a finales de los sesenta. Luego vendría el Playboy 2, un local que sufrió en los ochenta “el desembarco de los pub crawls ingleses”, el turismo hooligan. Aquella decadencia hizo que Roselló considerara la propuesta de alquilar Space en la primavera de 1989.

Pepe Roselló se disputa el mérito con Ricardo Urgell, creador de Pacha, de abrir la primera discoteca que hubo en Eivissa

Ya con ese nombre, la discoteca había abierto tres años antes en Platja d’en Bossa, un arenal virgen que se llenó de hoteles y cemento en los sesenta y setenta. La puesta de largo de Space coincidió con la inauguración de otro proyecto de los Matutes: Aguamar, uno de los parques acuáticos pioneros en España, hoy abandonado. La discoteca compartía un enorme aparcamiento con los toboganes y ocupaba un edificio “precioso, porque lo diseñó el cuñado de Abel” [el arquitecto Víctor Rahola i Aguadé], pero que no acababa de dar rendimiento a sus propietarios porque, dice Roselló, “siempre fueron ajenos a todo lo relacionado con la música”. “Pensaban convertir aquello en un mixto: congresos, eventos, fiesta, un todo en uno, y alimentarlo con los clientes de sus hoteles. No les funcionó. Entonces, gran parte de la fiesta estaba concentrada en el puerto de Vila, el espectáculo más grande que he visto jamás: vestidos elegantes, ibicencas vestidas de payesa, hippies que iban como les daba la gana…”.

Roselló alquiló Space a los Matutes en la primavera de 1989. Tres años antes, la discoteca había abierto en Platja d'en Bossa

–Releyendo Balearic, una obra de referencia para sumergirse en la historia de la fiesta y, sobre todo, de la música electrónica en la isla, uno llega a la conclusión que sus inicios en Space tampoco fueron fáciles.

–Para nada. Antonio Matutes, hermano de Abel, prometió ayudarnos dejando que los relaciones públicas entraran en los hoteles de su familia a repartir flyers e invitaciones, y a vender tiques…

–Cuenta la leyenda que aquel fue el primer trabajo que tuvo en Eivissa un tal David Guetta. ¿No funcionó ese método?

–Los hoteleros, y no sólo los Matutes, empezaron a protestar. Creían que les estábamos sacando la clientela. Eso creó un aislamiento alrededor de Space del que nos costó salir.

Los hoteleros, y no sólo los Matutes, empezaron a protestar. Creían que les estábamos sacando la clientela. Eso creó un aislamiento alrededor de Space del que nos costó salir

Pepe Roselló — Empresario

–La discoteca no se puso de moda hasta que sus DJ residentes no empezaron a pinchar en la terraza, al aire libre y bajo los aviones que aterrizaban y despegaban del aeropuerto, que estaba a dos pasos.

–Cuando abríamos por la mañana, los DJ eran Óscar Colorado, Reche, Soldado, jóvenes nacidos o criados en Eivissa porque en mis negocios siempre he intentado dar la oportunidad al talento local. En la terraza no había montajes especiales, pero se creaba un ambiente único, que conectaba tanto con el público como con otros DJ que aparecían por allí. Así nos conoció Carl Cox, que ya estaba en la isla y pinchaba en Star Club, la discoteca que luego se llamaría Edén. En el 97 o 98 vino a Space… y hasta el final. Me parece muy merecido que recientemente le hayan nombrado Oficial de la Orden del Imperio Británico. Nunca hubo contratos por escrito, todo era verbal. Él fue un caso único entre los DJ ingleses, que tuvieron una lucha interna con los DJ ibicencos y españoles; una guerra que incluso calificaría de racista. Los ingleses son tribales.

La relación entre el veteranísimo empresario de la noche ibicenca y Carl Cox, probablemente el DJ más mítico de los que siguen pinchando en la isla, comenzó a finales de los noventa.

–Los críticos, que los tuvo entre su competencia más directa, consideraron que aquella terraza fue una ventaja para Space porque a principios de los noventa el resto de grandes discotecas habían tenido que cubrirse. En su origen, todas fueron grandes espacios al aire libre. 

–Correcto. Cuando las discotecas se taparon lo pasaron mal. Ku quebró, en parte por construir aquella cúpula que todavía sigue en pie. Nosotros llegamos los últimos, nos iban poniendo delante todas las barreras posibles. Yo había sido durante veinte años, entre los sesenta y los ochenta, presidente de la asociación de locales de ocio y tenía un conocimiento de lo que se podía hacer y de lo que no se podía hacer.

–Había sido también concejal en el Ajuntament de Sant Antoni al inicio de la democracia, conocía la Administración pública por dentro.

–Sí. Los horarios y los aforos siempre han sido un cacao. Ya entonces, los bares también querían tener las terrazas llenas todo el tiempo posible y algún hotel quería organizar fiestas, pero las ordenanzas, que marcaban el horario de cierre de una discoteca a las seis de la mañana, no especificaban, en cambio, a qué hora podía abrir una discoteca. Al final, éramos una empresa turística que quería dar servicio en un horario que no estaba desarrollado por las ordenanzas municipales. Fue el enganche que encontré para empezar a abrir a las ocho de la mañana. A las dos de la tarde cortábamos.

La leyenda del ‘after’

La terraza de Space terminaría desapareciendo hacia el cambio de siglo. Para tapar la pista de baile exterior, el inquilino tuvo que meterse en una reforma que no le pasaría factura. Al revés: se amplió la discoteca y el aforo se triplicó hasta superar las 3.000 personas. El negocio se multiplicaba, el mito se forjaba. Con una cola interminable esperando bajo la luz del sol para a la hora del café y el cruasán, cuando Space se convirtió en la discoteca favorita de muchos, en el motivo para viajar hasta Eivissa. Los clubbers se cruzaban con las familias y los grupos de chavales que entraban en Aguamar.

Con el cambio de siglo, Space triunfó: se convirtió en la discoteca favorita de muchos, en el motivo para viajar hasta Eivissa

Amnesia o Glory’s ya habían practicado el mismo juego en los ochenta, pero lo que ocurrió en Platja d’en Bossa fue diferente. Las Matinées contaban con una producción alucinante, digna de un gran espectáculo teatral. Los domingos, el club se saltaba sus reglas para mantener las puertas abiertas hasta el lunes por la mañana. We Love Sundays: así bautizaron aquella juerga de veintidós horas sin pausa. “Aquí me aproveché. Hicimos una transgresión importante, o molesta, o llámala como quieras”, reconoce Roselló. El after aguantaría hasta 2007, poco antes de que el Consell Insular obligara al sector del ocio a abrir pasado el mediodía –una medida que hizo caer en picado los decomisos de droga en los garitos.

Techno y house. Openings y closings. Richie Hawtin, Eric Morillo, Danny Tenaglia, Fat Boy Slim o, por supuesto, Carl Cox. Estilos, fechas señaladas y nombres propios que situaron a Space en lo alto del ranking. En 2001, Roselló voló a Londres para meter en la maleta su primer gran galardón, el de mejor club del mundo en los DanceStar Music Awards. La estatuilla se conserva en el despacho de Pepe Roselló dentro de una vitrina. Con ella entre las manos, el empresario dice:

–Fue el despegue real de Space. En la misma gala, Carl Cox se llevó dos premios: el de mejor DJ y el de personalidad más relevante. Estábamos surfeando una gran ola, pero hasta ese momento yo no me di cuenta. Space, Carl Cox y Pepe Roselló se convirtió en un tridente mágico para la sociedad ibicenca.

Roselló sostiene el primer título de mejor discoteca del mundo que recibió Space Ibiza.

–Durante los años dorados de Space puso en marcha una red de mecenazgo: lo mismo esponsorizaba a un club o una prueba deportiva que organizaba recitales de ópera, su gran pasión, o compraba increíbles falsificaciones de Elmir de Hory, o montaba galas juveniles o para la tercera edad.

–La clave del éxito fue implicar a los ibicencos: nos daba igual que fueran ilustrados o picapedreros, podían recoger su tarjeta para entrar en Space sin pasar por caja. Para mí las personas que trabajaron en la discoteca fueron como una familia: canto gloria cuando los recuerdo. Mi lema fue comportarme como un cliente más… estando con los clientes, no rodeándome de famosos. Incluso los famosos se movían de otra forma en la discoteca.

La clave del éxito fue implicar a los ibicencos: nos daba igual que fueran ilustrados o picapedreros, podían recoger su tarjeta para entrar en Space sin pasar por caja

Pepe Roselló — Empresario
La ópera es la gran pasión musical de Pepe Roselló: ha promovido conciertos en Eivissa y trabó amistad con una de las grandes sopranos del siglo XX: la italiana Renata Tebaldi.

–Carl Cox cuenta en Balearic que cuando empezó a pinchar en Space le impactó ver a Naomi Campbell bebiendo Dom Perignon con unos amigos. Y no en un reservado para gente VIP, sino en la escalera de la discoteca.

–Mira, lo que ocurre ahora no tiene nada que ver con lo que he vivido. [hace una pausa y eleva la voz] Cero. Estamos en un supermercado donde todo está tasado. Se ve en Eivissa perfectamente: cada uno elige lo que quiere ver y no se mueve un milímetro de su plan. El ocio se come una parte demasiado grande del pastel. No es algo banal, las cifras son bestiales. Los hoteles-discoteca absorben buena parte del turismo y nos ha convertido en una isla de tránsito. De cuatro noches [de estancia media], pasamos a tres, a dos, a una e incluso hay quien ni duerme. Es un non-stop cada vez más desvinculado de la cultura ibicenca.

–¿Se imagina cómo será la isla dentro de diez años?

–¡Buf! [suelta un silbido] Y no me gusta nada lo que intuyo. Habrá una implosión. ¿La reforma del aeropuerto? Desde AEON [la patronal de pubs y café concierto que preside] nos hemos pronunciado en contra. La federación hotelera no lo ha hecho. Ocio de Ibiza [la patronal que representa a los múltiples negocios de música electrónica donde Matutes tiene intereses], tampoco. No tengo ninguna duda de que el aeropuerto se ampliará. Y que será un desastre. Muchos ibicencos ya se están quedando en la cuneta. La isla está dejando de ser nuestra. Yo he tenido que vender Can Gasparó, una finca preciosa de mi familia, donde se alojaba Carl Cox cuando venía a pinchar.

No tengo ninguna duda de que el aeropuerto se ampliará. Y que será un desastre. Muchos ibicencos ya se están quedando en la cuneta. La isla está dejando de ser nuestra

Pepe Roselló — Empresario

Irrumpe Ushuaïa, decae Space

Es fácil tener la impresión de que con Pepe Roselló sería posible mantener una tertulia infinita. “Yo todo me lo tomo con entusiasmo… no sé pararla”, confiesa, y se señala la cabeza. Sólo un almuerzo que ya tenía en la agenda detiene una grabación en la que el entrevistado tan sólo dejará una pregunta por responder: “¿Cuánto llegó a facturar Space en su mejor momento?”. La aprovechará para atacar a un rival al que dice que ha merecido enfrentarse aunque haya perdido –hasta el momento– todas las batallas judiciales:

–“Yo, desde que di mis primeros pasos, siempre he tenido una licencia municipal: es el DNI de cualquier negocio. Ahora se han inventado las declaraciones responsables para justificar las aberraciones más innobles que se puedan llegar a concebir. Francina Armengol, cuando era presidenta del Govern, me preguntó un día al respecto: ”Senyor Roselló, això només passa a Eivissa?“ Pues sí, señora, sólo ocurre aquí. Ella pudo cambiar la ley, pero no lo hizo. Y antes de que entrara en vigor, Ushuaïa ya había pasado de ser un beach club donde cobraban entrada por bailar sobre la arena a un hotel que organizaba fiestas… sin dejar de pagar el IVA de los hoteles, que es del 10%; las discotecas, igual que las floristerías, pagamos el 21%, algo que nunca he entendido”.

Un momento de la larga conversación con el promotor que gestionó Space Ibiza durante veintisiete de sus treinta años de historia.

Ahora se han inventado las declaraciones responsables para justificar las aberraciones más innobles que se puedan llegar a concebir. Ushuaïa ya había pasado de ser un beach club donde cobraban entrada por bailar sobre la arena a un hotel que organizaba fiestas… sin dejar de pagar el IVA de los hoteles, que es del 10%; las discotecas, igual que las floristerías, pagamos el 21%

Pepe Roselló — Empresario

Bajo la batuta de Yann Pissenem –creador de la marca Ushuaïa–, los Matutes empezaron a copar el ocio ibicenco entre 2011 y 2016, cuando recuperaron Space y la transformaron en Hï Ibiza. ¿Cómo? Reconvirtiendo hoteles familiares en hoteles donde el alojamiento parecía lo de menos. El Fiesta Club Playa d’en Bossa se convirtió en The Ushuaïa Club; el Fiesta Hotel Playa d’en Bossa, en The Ushuaïa Tower; y el Don Toni, en el Hard Rock Hotel, actualmente conocido como BLESS Ibiza The Site. Los tres sumaban más de novecientas habitaciones, pero las discotecas nocturnas creían que los Matutes sacaban la parte del león de la música electrónica que sonaba por la tarde en torno a la piscina, de nuevo al aire libre.

Bajo la batuta de Yann Pissenem –creador de la marca Ushuaïa–, los Matutes empezaron a copar el ocio ibicenco entre 2011 y 2016, cuando recuperaron Space y la transformaron en Hï Ibiza. ¿Cómo? Reconvirtiendo hoteles familiares en hoteles-discoteca

La Llei del Turisme de les Illes Balears amparó aquellas macrofrarras. Más conocida por el apellido del conseller que la impulsó –el popular Carlos Delgado Truyols–, la norma autonómica entró en vigor el 19 de julio de 2019. Entonces, el primer hotel-discoteca de los Matutes ya llevaba una temporada y media funcionando. “Cuando aparece Ushuaïa, Space estaba en la cima de su reconocimiento, pero empezó a menguar como empresa. Nos obligaron a invertir más y más porque subieron los cachés y los costes de producción. También nos enviaron un burofax, dos años antes de cerrar, para que no utilizáramos el parking (desvincularlo de la discoteca es como pretender sacar el agua de esta botella y que quede flotando). Antes, había habido un incidente con el hijo [de Matutes, Abel Matutes Prats] en el aparcamiento”, dice Pepe Roselló. 

Cuando aparece Ushuaïa, Space estaba en la cima de su reconocimiento, pero empezó a menguar como empresa. Nos obligaron a invertir más y más porque subieron los cachés y los costes de producción. También nos enviaron un burofax, dos años antes de cerrar, para que no utilizáramos el parking

Pepe Roselló — Empresario
Ilustración de la discoteca, que sufrió varias reformas antes de que los Matutes la cerraran para convertirla en Hï Ibiza

Habría denuncias motivadas por esa sensación de “competencia desleal”, como la define Roselló, que no tuvieron recorrido. El 2 de junio de 2021, el Juzgado de lo Mercantil de Palma desestimó un informe pericial que sostenía que tres cuartas partes de la facturación de Ushuaïa provenían de los ingresos relacionados con las fiestas. Es decir, según el análisis realizado por varios profesores universitarios de economía y marketing, las sesiones de los DJ no podían considerarse una actividad complementaria dentro del hotel. Aquellos papeles los presentó José María Etxaniz Aizpuru a través de Baltanxa SA, la empresa con la que este empresario donostiarra gestionaba la discoteca Privilege… asociado con los Matutes.

Más que una paradoja, estos divorcios no son extraños en un lugar donde la fiesta mueve, al menos, 770 millones de euros cada año y representa el 35% del PIB que genera una isla de apenas 572 kilómetros cuadrados. Teóricamente, el Consell Insular prohibirá abrir nuevas discotecas mientras se siguen transformando hoteles que auguran juerga. Una década después del cierre de Space, resulta jugoso imaginar una ucronía: ¿qué habría sucedido si Pepe Roselló hubiera abierto el Hotel Space? En un artículo titulado La guerra del ocio, Periódico de Ibiza y Formentera aseguraba que “en 2010” Matutes le propuso la reconversión del Club Playa d’en Bossa. Sin éxito: “La invitación fue declinada y dio pie al exitoso Ushuaïa, local que es el origen de las hostilidades”.

La fiesta mueve, al menos, 770 millones de euros cada año y representa el 35% del PIB que genera una isla de apenas 572 kilómetros cuadrados

–¿La familia Matutes le hizo esa propuesta, señor Roselló?

–Para renovar por segunda vez el contrato [de alquiler], Matutes me dijo: “Si quieres que firmemos tienes que cederme la marca”. Luego firmamos otra vez, en 2006, por diez años. En paralelo, firmamos otro contrato en el que él se comprometía a crear el Hotel Space. Eso no se ha cumplido. Si no está fuera de plazo, todavía le pediremos que lo haga.

–¿Y habría participado del modelo de ocio que tanto critica? ¿Qué idea tenía? También quiso abrir un hotel en Sant Antoni, pero el ayuntamiento –entonces, 2015, con una coalición de centroizquierda en el poder– no aprobó el proyecto. Hubo presión vecinal en contra.

–¡Mira qué disparate! Poner a Carl Cox –y a otros DJ emblemáticos– a pinchar en el hotel, pero sólo para los clientes. A mí me parecía una gran idea hacer una cosa más exclusiva, algo más selecto. Era mi ilusión. Lo otro ya lo hacía Space.

Carl Cox estuvo quince años consecutivos levantando a las masas en Space. En el documental que guardó el último fin de semana de la discoteca, antes de sudar una camisa blanquísima que sustituyó por una camiseta negra donde se leía Nights Into Mornings, noches que se convierten en mañanas, el DJ dijo que no se veía pinchando cada semana su colección de centenares de miles de discos en otro club ibicenco. Su templo ya no existía. Mantuvo su palabra durante nueve veranos.

El año pasado, su fichaje fue el bombazo de [UNVRS]. En el establecimiento con tamaño de hangar que Pissenem y los Matutes han resucitado tras la muerte de Privilege, el Carl Cox & Friends ahora se llama Carl Cox Invites. La fiesta sigue una lógica parecida. El gran tótem de la electrónica ríe, disfruta y vibra convidando a colegas a ponerse tras los platos con él, contagiando la energía caribeña –sus padres eran de las islas Barbados– que trajo a Eivissa desde Oldham, el paisaje de fábricas y chimeneas situado en la periferia industrial del Gran Manchester donde se crió. Pese a haber aceptado la oferta de su enemigo, la amistad con Pepe Roselló continúa. Carl Cox no faltó en su cumpleaños.

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