Claves del acuerdo entre las fuerzas kurdas de Siria y el Ejecutivo tras una década de autogobierno
El pasado fin de semana, el Gobierno sirio y los kurdos llegaron a un nuevo acuerdo para que las fuerzas kurdas se integren en los cuerpos de seguridad estatales y entreguen el control de los territorios en el norte y este del país que han dominado y gobernado desde hace una década, en el marco de la guerra en Siria.
Sin embargo, la violencia entre las fuerzas gubernamentales y las kurdas que estalló a principios de este año en Alepo (noroeste de Siria) ha continuado en las zonas disputadas y se teme que el acuerdo para la integración fracase de nuevo.
Este no es el primer intento: después de la caída del régimen de Bashar Al Asad en diciembre de 2024, las nuevas autoridades de Damasco alcanzaron un primer acuerdo con los kurdos en marzo de 2025. Las negociaciones para los detalles del pacto se prolongaron durante meses y fracasaron a finales del año pasado, desembocando en el actual estallido de la violencia.
El martes 20 de enero por la noche, ambos bandos declararon un alto el fuego de cuatro días para detener los choques armados y afinar los detalles del acuerdo del 18 de enero, en concreto, la gobernanza de la provincia de Al Hasaka (donde se concentra la mayoría de la población kurdosiria).
Integración de los kurdos en las fuerzas sirias
El domingo 18 de enero el presidente sirio, Ahmed Al Sharaa, alcanzó un acuerdo con el líder de las fuerzas kurdas, Mazloum Abdi, para poner fin a las hostilidades entre los dos bandos e integrar a los kurdos en las instituciones del Estado sirio.
El texto establece la retirada de las Fuerzas Democráticas de Siria (milicias integradas principalmente por combatientes kurdos) de tres provincias del norte y el este de Siria: Al Hasaka, Al Raqa y Deir Al Zur.
En los pasados días, las fuerzas kurdas se han visto obligadas a retirarse de las dos últimas (cuya población es mayoritariamente árabe) ante los avances militares de Damasco.
El acuerdo alcanzado con la mediación de Estados Unidos también fija la integración de los combatientes kurdos en las fuerzas sirias, que están aún en proceso de rehabilitación y reconfiguración tras el colapso del régimen de Al Asad hace poco más de un año.
En las fuerzas gubernamentales sirias hay actualmente grupos armados opositores que luchaban contra el ejército de Al Asad y recibían el apoyo de Turquía, y que durante la guerra civil se enfrentaron a los kurdos en zonas del norte de Siria. Por ello, resulta especialmente complicada la integración de las fuerzas kurdas entre los uniformados.
El primer acuerdo, de marzo de 2025, recogía la integración de los kurdos en unidades compuestas solo por ellos, que operarían en las áreas habitadas por esta minoría étnica. Sin embargo, el nuevo acuerdo fija que los kurdos se integrarán de forma “individual” tras un escrutinio de seguridad de cada uno de los combatientes.
Según el analista sénior para Siria de International Crisis Group, Nanar Hawach, la diferencia respecto a 2025 es el “drástico cambio” en el equilibrio de poder, señala a elDiario.es. “Las FDS han perdido la mayor parte de su territorio y su influencia. Damasco tiene menos necesidad de ceder y las FDS tienen menos capacidad de resistencia”, explica. Por ello, Hawach considera que es más probable un acuerdo duradero cuando el alto el fuego expire el sábado por la noche.
Qué dice el acuerdo
Con el acuerdo del 18 de enero y con sus acciones sobre el terreno, el Gobierno sirio quiere imponer su autoridad en todos los territorios del país y terminar con la autonomía de la que han gozado los kurdos en la pasada década, bajo la autoproclamada Administración Autónoma Democrática del Norte y el Este de Siria –durante la guerra civil, varios territorios escaparon al control del régimen de Al Asad y estaban gobernados por distintos actores, siendo la región siria que quedó en manos de los kurdos la más amplia con diferencia–.
Según el acuerdo del 18 de enero, los kurdos tienen que ceder el control de las provincias de Al Raqa y Deir Al Zur, “administrativa y militarmente”, además de integrar todas las instituciones administrativas de la provincia de Al Hasaka en la estructura del Estado sirio y transferir todos los cruces fronterizos y los campos de petróleo y gas al Gobierno central.
Ese último es un punto destacado del acuerdo, ya que hasta ahora los kurdos controlaban el mayor campo de petróleo del país, Al Omar, y el complejo gasístico de Conoco. Las nuevas autoridades sirias necesitan explotar esos recursos naturales para financiar la reconstrucción del país devastado por la guerra.
En los pasados días, las FSD han cedido rápidamente el control de las provincias de población árabe de Al Raqa y Deir Al Zur, pero quieren mantener cierta influencia en las áreas de mayoría kurda (la provincia de Al Hasaka y la ciudad de Kobane), basándose en el texto del acuerdo.
Hawach destaca precisamente que el pacto incluye “disposiciones para la representación kurda, mecanismos de seguridad local y protección cultural”, aunque, en la práctica, “disuelve las FDS como fuerza autónoma y transfiere sus instituciones a Damasco”. “Damasco cuenta con la ventaja militar y podría imponer el cumplimiento del acuerdo, pero también tiene incentivos para implementarlo de forma generosa: evitar una resistencia sostenida [por parte de los kurdos], consolidar el apoyo internacional y demostrar un gobierno inclusivo” en Siria, detalla el analista.
Sin embargo, agrega que habrá que esperar para ver si el acuerdo lleva a la integración de los kurdos o a su subordinación al Gobierno central, después de una década de autogobierno que “ha sido desmantelada en cuestión de días”, apunta Hawach.
La lucha contra el Estado Islámico
Otro punto destacado del acuerdo es la cesión del control sobre los centros de detención de los exmiembros del grupo terrorista Estado Islámico, contra el cual las FSD lucharon durante años y acabaron derrotando en 2019 –con el apoyo fundamental de la coalición internacional antiyihadista liderada por Estados Unidos–. Las fuerzas kurdas tomaron el control de amplios territorios que arrebataron al autodenominado “califato” del Estado Islámico, que tenía su principal bastión en Al Raqa.
A principios de la semana, las fuerzas kurdas se retiraron de las prisiones donde se encuentran los yihadistas capturados en los pasados años, de distintas nacionalidades, así como del mayor campamento en el que están encerradas miles de mujeres y menores relacionados con los combatientes radicales.
Las fuerzas del Gobierno sirio controlarán ahora estas instalaciones, pero en el traspaso se produjeron caos e incidentes e, incluso, más de un centenar de presos se escaparon el lunes de la cárcel de Shaddadi (en Al Hasaka). La mayoría fue apresada de nuevo, según las autoridades sirias, que acusaron a los kurdos de haber liberado a los yihadistas.
Los miles de excombatientes que estaban custodiados por los kurdos representan una amenaza para la seguridad de Siria y de toda la región. El Ejército de EEUU, que ha apoyado a las FSD en su lucha contra el Estado Islámico, anunció el miércoles que ha empezado a trasladar a los yihadistas a prisiones en Irak “para garantizar que los terroristas permanezcan en centros de detención seguros”.
Según un comunicado del Comando Central de EEUU, hasta 7.000 presos pueden ser llevados de Siria a Irak. “Facilitar el traslado ordenado y seguro de los detenidos del Estado Islámico es fundamental para prevenir una fuga que representaría una amenaza directa para la seguridad de Estados Unidos y de la región”, afirma el Ejército.
“Durante el último año, la Administración Trump ha dejado claro su deseo de ver una Siria unificada que haga frente al problema de los detenidos [del Estado Islámico], liderado por Damasco”, escribe Devorah Margolin, experta en terrorismo del Washington Institute for Near East Policy. Pero agrega que, “incluso antes de los acontecimientos de esta semana, había dudas sobre si el Gobierno de Al Sharaa tenía la voluntad o la capacidad para llevar a cabo esta misión”.
Según un análisis de Margolin, Washington está buscando alternativas para la gestión de los presos del Estado Islámico, tal y como indica el anuncio del Comando Central de su Ejército, porque “Damasco tendrá que aprender mucho al asumir esta enorme y compleja misión”.
El Gobierno de Al Sharaa empezó a colaborar oficialmente con EEUU en la lucha contra los yihadistas hace pocos meses y, desde su llegada al poder a finales de 2024, ha llevado a cabo decenas de operaciones de seguridad contra el Estado Islámico en todo el país, pero solo en los territorios bajo su control. En los primeros meses de 2025, el grupo terrorista aumentó su actividad en Siria aprovechando el vacío de poder y la debilidad de las nuevas fuerzas de seguridad.
El enviado especial de EEUU para Siria, Tom Barrack, admitió esta semana en un comunicado que el papel de las SDF “como la principal fuerza anti Estado Islámico sobre el terreno ha expirado en gran medida, ya que Damasco ahora está dispuesto y posicionado para asumir responsabilidades de seguridad, incluido el control de las instalaciones y campos de detención”.
Más allá de la lucha antiterrorista, Barrack dejó claro que los kurdos ya no cuentan con el respaldo político de Washington como entidad autónoma y les instó a aprovechar la “oportunidad única” que les brinda el acuerdo del 18 de enero, abogando por su integración en el nuevo Estado sirio. El propio presidente Donald Trump ha apoyado a Al Sharaa como nuevo líder fuerte de Siria y parece que Damasco es el nuevo aliado preferente de EEUU en este país.
Según el analista de International Crisis Group, “la postura estadounidense reduce significativamente las alternativas” que tienen los kurdos a la hora de aceptar y cumplir el acuerdo. “Sin la expectativa de [contar con la] protección estadounidense, la resistencia se vuelve más costosa. Esto no garantiza el cumplimiento: las comunidades kurdas tienen un largo recuerdo del abandono y algunas podrían preferir la resistencia a confiar en un acuerdo que no pudieron diseñar”.
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