Biden se perfila como ganador con el escrutinio aún incompleto mientras Trump inicia una batalla legal

Joe Biden junto a su esposa, Jill Biden, en el Chase Center de Wilmington, Delaware, este 3 de noviembre de 2020. EFE/Jim Lo Scalzo

El primer mandato de Donald Trump ha desembocado en un largo y tenso recuento por culpa de la pandemia en un país movilizado, dividido y presa fácil de la desinformación. El escrutinio está siendo inusualmente largo por la altísima participación y por la avalancha del voto por correo, pero después de una noche de incertidumbre Joe Biden se perfila como ganador. 

Nunca habían votado tantos millones de estadounidenses. A falta del dato final, se estima que la participación fue del 67%. Este porcentaje es el récord absoluto desde que existe el sufragio universal en Estados Unidos. La anterior marca fue en 1960, en las elecciones en las que John F. Kennedy derrotó a Richard Nixon con una participación del 63%. 

Tanto demócratas como republicanos estaban muy movilizados por todo el país. Sin embargo, muchos más votaron por Biden, que ya ha recibido más de 70 millones de votos, más que ningún otro candidato en la historia (el anterior récord lo fijó Barack Obama en 2008). También ganará por un margen mayor de votos que Hillary Clinton, que ya consiguió casi tres millones de votos más que su rival pero que no fue elegida presidenta porque no sacó los suficientes en los estados clave para llegar a la Casa Blanca según el sistema electoral de Estados Unidos. 



Los votos decisivos

En el caso de Biden, el ex vicepresidente sí tiene más votos en algunos de los estados en disputa y por lo tanto decisivos para ganar las elecciones. En particular, hay dos diferencias respecto a 2016: Arizona, un estado tradicionalmente republicano, y el Medio Oeste, tres de cuyos estados dieron el triunfo a Trump en 2016. 

Biden ha ganado en Wisconsin y en Michigan y ahora espera el resultado en Pensilvania, pendiente aún del voto por correo y de parte del voto de las grandes ciudades, que tiende a favorecer a candidatos demócratas. Clinton perdió en estos tres estados por unos pocos miles de votos en 2016, y eso le costó la presidencia. 

¿Por qué la tardanza?

Aquella noche de 2016, en un recuento más breve, supimos el resultado pasada la medianoche, pero no había ni tantos votos que escrutar ni tanto voto anticipado que procesar, en particular voto por correo, que supone un proceso de verificación añadido. 

El miedo al contagio de coronavirus empujó a millones de personas a pedir el voto a distancia o antes para evitar las largas colas y esperas que se forman a menudo en Estados Unidos el día de las elecciones. Así votaron más de 100 millones de personas en todo el país, que no está acostumbrado a un reto de esta dimensión. 

El problema añadido de Wisconsin y Pensilvania, por ejemplo, es que por ley no pueden empezar a contar los votos que llegan por correo hasta el mismo día de las elecciones. Pensilvania calcula que terminará de contar este viernes. En Michigan empezaron a contar el voto por correo el día anterior a las elecciones, según sus normas. 

Otros estados, como Florida, cuentan los votos según van llegando así que no tienen tanto trabajo el día de las elecciones y pueden terminar el escrutinio antes. Por eso, A.P., la agencia de noticias que da las estimaciones de voto en Estados Unidos, pudo dar como vencedor a Trump en este estado la misma noche de las elecciones. 

El escenario más temido

La victoria de Trump en Florida mezclada con la incertidumbre por la tardanza en el recuento en el Medio Oeste era el escenario más temido por la posibilidad de que el presidente se saltara las reglas democráticas y se apresurara a declararse vencedor sin tener los votos necesarios, como forma de alentar a sus seguidores y de preparar el terreno para las denuncias en los tribunales. Unas horas antes de las elecciones, la Casa Blanca negó que Trump fuera a hacerlo, pero es justo lo que hizo. 

El presidente salió a hablar rodeado de una muchedumbre sin mascarillas en uno de los salones de la Casa Blanca, en un uso inédito de la institución en una noche electoral. Allí proclamó que había ganado en estados donde todavía estaban pendientes millones de votos clave y que "sinceramente" había ganado las elecciones sin que hubiera ningún hecho que sustentara sus palabras. Trump había mejorado las expectativas pero quedaban muchos votos por contar. 

Durante el día, se notaba algún matiz en sus palabras con cierto reconocimiento de derrota. Afirmó falsamente que sus votos estaban "desapareciendo mágicamente", aunque esa magia era simplemente el recuento y el hecho de que el voto por correo, que es el que más tarda en contarse, está inclinado desproporcionadamente hacia los demócratas. Entre otras cosas, porque el mismo Trump le dijo a sus votantes que no votaran por correo. 

Las batallas judiciales

Más allá de las soflamas con información falsa de Trump, que hasta su propio vicepresidente evitó emular el martes por la noche, lo que sí puede paralizar la elección de un ganador o el traspaso de poderes son las peticiones de recuento en varios estados si el resultado está muy ajustado y la batalla por invalidar papeletas o cuestionar reglas locales especiales por la pandemia. 

La campaña de Trump ya ha anunciado este miércoles que pedirá el recuento en Wisconsin, algo que puede hacer en este estado cualquier candidato si la diferencia de voto entre el ganador y el segundo es menor al 1%. También anunció querellas para detener el escrutinio o declarar nulas papeletas en Michigan, Pensilvania y Georgia. Jueces de distrito ya han rechazado las querellas de Michigan y Georgia y una de Pensilvania porque la campaña de Trump no ha presentado evidencias o porque no hay base legal para lo que pide.

Los republicanos llevan semanas presentando denuncias e impugnando reglas, en algunos casos causando los retrasos en el escrutinio. La tardanza en contar en estados como Michigan, por ejemplo, se ha debido a que los republicanos impidieron que el estado pudiera empezar a contar días antes los votos por correo que iban llegando.

A primera hora de la mañana, Trump tuiteó en mayúsculas: "¡Parad el escrutinio!". En realidad, la mayoría de las querellas que su campaña dice que va a presentar no piden parar el conteo de votos.

Algunas de estas disputas podrían llegar al Tribunal Supremo, donde los conservadores tienen mayoría (si bien los jueces no están obligados a respetar los deseos del partido cuyo presidente les nombró). 

¿Una carrera más ajustada?

Mientras sigue el recuento, las carreras han estado más ajustadas de lo que preveían las encuestas, en particular de nuevo en el Medio Oeste. Puede que al final hayan acertado el ganador en los tres estados de esa región, pero con menos margen del que auguraban. 

Quedan pendientes los resultados definitivos también en Arizona y Nevada, donde el recuento indica que ganará Biden, y Carolina del Norte y Georgia, donde es más probable la victoria de Trump. 

Biden ha movilizado a más votantes que Clinton en casi todos los estados. Pero en algunos ha sufrido un cierto desinterés por parte de la comunidad latina. 

En algunos de los condados de Texas que ganó Hillary Clinton en 2016 y donde había una representación significativa de votantes hispanos, Biden ha sacado menos votos. También es relevante su victoria en el condado de Miami por mucho menos margen que el que logró Clinton. En 2016, la demócrata lo ganó por 30 puntos y ahora Biden sólo lo ha hecho por siete. La comunidad cubano-americana se ha movilizado en particular a favor de Trump este año, pero eso difícilmente explica una caída tan pronunciada con respecto a 2016. 

Un país difícil 

En cualquier caso, quienquiera que sea el ganador en estas circunstancias se encontrará un país muy difícil de gestionar. 

La pandemia que ha matado a más de 230.000 personas sigue sin control por casi todo el país. El periodo en el que debe efectuarse el traspaso de poderes coincide con los meses más difíciles de la epidemia, los peores para hacer cambios o para tener a un presidente enfadado porque se tiene que ir. 

Estas elecciones también han subrayado la idea de un país que sigue partido en dos mitades, que comparten muy pocos valores, que no son capaces de dialogar entre ellas y entre las que se antoja difícil una reconciliación. 

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